Cruces, flashes de TV y el apoyo (tácito) de CFK: Berni, el soldado indomable

El ministro de Seguridad bonaerense volvió a robarse todas las miradas, cuando suspendió un control policial en el primer día de la extensión de cuarentena. Sus inicios en Santa Cruz, el rol de Alicia Kirchner y los cruces con Frederic.
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Quince minutos. En solo ese lapso, Sergio Berni arribó al Puente La Noria, con barbijo y una campera negra del Ministerio de Seguridad, discutió -a los gritos- con el encargado del control policial y decidió, de forma unánime, levantar el retén en el día 1 de la nueva extensión de la cuarentena. Toda la secuencia era grabada por las cámaras de televisión que, lejos de amedrentarlo, lo envalentonaron: “El jefe del operativo tiene menos autoridad que el Cabo Cadorna”, redobló la apuesta, minutos después, por radio.

Extrañamente, el episodio de esa mañana no sorprende a nadie. Es que, con tan solo escribir “Berni” en el buscador, el predicativo de Google completa un campo semántico de conceptos que intentan describirlo de cuerpo entero: “Berni enojado”, “Berni en moto”, “Berni pistola”, “Berni rifle” y “Berni con Fantino”, son las primeras opciones que fija la búsqueda. El ministro, en cambio, parece no inmutarse.

Berni necesitar varios renglones para completar su currículum. Recibido de médico cirujano, el hombre de 52 años también tiene el título de abogado de la Universidad de Buenos Aires, fue senador provincial, secretario de Seguridad, vocal de Interpol e instructor de karate. Sin embargo, si debe completar una planilla con su profesión, es probable que elija su actividad militar (teniente coronel, hasta 2016). “Soy un soldado, estoy para lo que me necesiten“, declaraba, meses atrás, cuando era confirmado como ministro de Seguridad por ¿pedido? de Axel Kicillof.

Pero, pese a su actividad castrense, al interior del Frente de Todos, hay una certeza: el soldado es indomable. Sus cruces con Sabina Frederic, ministra de Seguridad de la Nación, son sólo una pequeña muestra de ello.

Santa Cruz

Si se rastrean los orígenes políticos del nacido en Capilla del Señor -tercer cordón del conurbano bonaerense- hay que ubicarse a 2.507 kilómetros del AMBA. Más precisamente, en Santa Cruz. Hasta allí había llegado para completar su carrera médica (y castrense) que empezó en el Hospital Militar de la provincia y terminó como director del Hospital de Río Turbio. Incluso, dicen que todavía conserva su casa en 28 de noviembre, a unos pocos metros de esa localidad patagónica.

Por ese entonces, a fines de los ’80, Néstor Kirchner era intendente de Santa Cruz y Cristina Fernández de Kirchner, senadora por la misma provincia. El flechazo político no fue con aquel matrimonio sino con Alicia Kirchner, quien al poco tiempo de conocerlo, lo incluyó en las primeras filas del Ministerio de Acción Social de la segunda provincia más austral del país, cuando su hermano era electo (y re-electo) como gobernador.

La mudanza a la Nación por parte del clan Kirchner incluyó también pasajes para un desconocido Berni, que sólo había levantado el perfil en una huelga de mineros, en 1994. Siguió a Alicia Kirchner en Desarrollo Social: la cuñada de Cristina lo ubicaba al frente de Asistencia Crítica y Abordaje Territorial.

Berni y Alicia Kirchner, años atrás, de recorrida por el Conurbano.
Berni y Alicia Kirchner, años atrás, de recorrida por el Conurbano.

Su primera misión importante fue la renegociación con los ocupantes del Parque Indoamericano, en diciembre de 2010. El especialista en táctica y estrategia militar -según el diploma del Ejército Argentino- ayudó a fijar el plan de acción de Gendermería e intentó aislar a los vecinos de la zona. Mientras tanto, la represión era moneda corriente por parte de la fuerza de seguridad contra los ocupantes de esos terrenos.

Durante los cinco días que duró el desalojo, Berni no se movió de Villa Soldati, ni siquiera para dormir. El saldo, por caso, es conocido: cuatro muertos, treinta heridos y un conflicto en puerta para la administración nacional. “Trabajador incansable y eficaz en la negociación de conflictos“, definía, por ese entonces, el diario La Nación al funcionario público.

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Para Berni, hay “una sola jefa”

Quienes lo frecuentan -Berni no suele mediar vía voceros- comentan que el ministro aún conserva dos costumbres del Ejército: la diana militar (se levanta al alba y ya a las 7:00 tiene planificado su día) y responder órdenes sólo de su superior. Acerca del segundo punto, no caben dudas de que el funcionario sigue a una sola persona: Cristina Kirchner.

Lo expresa él mismo. “En nuestro espacio político quien conduce es Cristina”. La declaración no fue 2012, ni 2015 o antes de las últimas elecciones presidenciales. Lo dijo semanas después de la asunción de Alberto Fernández como presidente de la Nación.

Por eso mismo no extrañó que, un par de meses después de ser electo como senador provincial en 2011 -candidatura a la que llegó de la mano de Gabriel Mariotto-  el especialista en artes marciales dejara su banca por expreso pedido de la entonces presidenta. En esos tiempos, CFK miraba con desconfianza a su ministra de Seguridad, Nilda Garré, por dos temas puntuales: el retiro de efectivos de la Federal en subtes y el famoso Proyecto X de Gendarmería, una piedra en el zapato para la construcción discursiva del kirchnerismo.

Berni fue secretario de Seguridad, viceministro y, sobre todo, los ojos de su “jefa” en la cartera emplazada en Gelly y Obes 2289, en pleno corazón de Recoleta. Sus cargos también convivieron -sin demasiados tapujos- con un alto perfil mediático. Al encargado del trinomio Gendarmería-Federal-Prefectura se lo retrataba, por la mañana, en helicópteros e interviniendo los cortes de la Panamericana. Horas después, circulaba por los pasillos de los canales de televisión, quien hacían mella en la “sensación” de inseguridad, dixit Aníbal Fernández.

La madrugada del lunes 19 de enero de 2015 también lo tuvo como protagonista. El secretario de Seguridad manejó una hora y veinte minutos desde su casa en Zárate hasta el edificio Le Parc en Puerto Madero. En el departamento 2 del piso 13 de esas torres yacía muerto Alberto Nisman, fiscal de la causa AMIA y quien, días atrás, había denunciado a la Presidenta y al canciller Héctor Timerman.

Y, al igual que la muerte del fiscal, la presencia de Berni aún no queda clara. Desde el arco opositor acusan al ahora ministro de Seguridad de “ensuciar” la escena, mientras que en Clarín enumeran 36 llamados con Cristina Kirchner, minutos después de confirmarse el fallecimiento. Sin embargo, el cirujano nunca fue imputado en la causa y siempre argumentó que tenía “una obligación como médico” para tratar de asistir a la víctima.

Meses atrás, Jorge Fontevecchia le preguntó si se arrepentía de haber estado en el centro de la escena. “Antes de entrar, un colaborador me alertó de que podría meterme en un problema. Mi respuesta fue: ‘Cuando uno sabe lo que hace, siempre puede explicar lo que hizo. Lo que nunca se puede explicar es lo que no se hace'”, contestó.

Del ocaso a ministro bonaerense

El cambio político de 2015 lo golpeó fuerte. Reasumió en su banca de la cámara Alta bonaerense, con la aspiración de tener una silla en el Consejo de la Magistratura. Un acuerdo del Pro con lo que se denominaba el PJ bonaerense sepultó su ilusión, al colocar a Gustavo Soos, hombre de Gustavo Menendez, como representante de la oposición. Menendez y Berni, ahora, deben compartir llamados para coordinar los operativos contra el Covid-19 en Merlo.

Pero no termina allí. En febrero de 2016, el Ejército pasaba a retiro al teniente coronel médico. El agujero legal que encontraron era que las licencias pedidas por Berni para ser funcionario público -y no depender de la cúpula militar- se renovaban cada dos años: el médico había permanecido nueve años en esa “situación irregular”. Julio Martínez, ministro de Defensa, selló su retiro en el Boletín Oficial. Al lado estaba la firma de Mauricio Macri.

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Con la debacle económica y las elecciones como horizonte, a fines de 2018 Berni lanzó su campaña (mediática) para ser gobernador de Buenos Aires. Todavía no había arrancado el Clio de Axel Kicillof y la danza de nombre era enorme. El entusiasmo duró poco, aunque desde el Instituto Patria siempre destacaron su predisposición, al punto de mantenerlo como vocal por las Américas del Comité Ejecutivo de Interpol.

Las PASO llegaron, Kicillof tenía un pie y medio en Provincia y la dupla Fernández-Fernández preparaba su arribo a la Rosada. Eso sí, tal como cuenta Diego Genoud, fue uno de los pocos dirigentes que no fue visto en el búnker de la calle México, cuando Alberto Fernández era la figurita más solicitada.

Redoblar la apuesta

Días antes de asumir como Gobernador, Kicillof anunció a su gabinete: la mayoría eran de su riñón más cercano (Augusto Costa, Pablo López y Carlos Bianco, por solo nombrar algunos) y se entregan unas pocas licencias para las otras ramas del Frente de Todos.

Entre los ministros figuraba Berni, en Seguridad, aunque nunca quedó claro si fue por decisión de Kicillof -más ligado al polo “garantista”, según sus propias palabras– que a la lógica espectacularizada de Berni. Todas las miradas, por ende, apuntan a Cristina Kirchner.

Sergio Berni y Sabina Frederic. Foto NA.

El resto, historia conocida. En menos de un mes, el ministro se cruzó -varias veces- con su colega de Nación, al punto de acusarla de nunca haber usado un arma. El tirón de orejas de Alberto Fernández tampoco tardó en llegar.

Pero Berni no pudo con su genio y redobló la apuesta. “Mi jefa es Cristina”, respondió.