Uruguay: libertad negociada y más de 60.000 solicitudes de subsidios por desempleo

Mientras en Argentina el Gobierno intenta calmar la ansiedad porteña comenzando a flexibilizar la cuarentena, en la otra orilla del Río de la Plata los montevideanos retornaron desde esta semana a una normalidad negociada, y necesaria.
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Para entender la necesidad uruguaya, hay que conocer a un importante protagonista: el seguro de paro. Un mecanismo del sistema laboral uruguayo al que se acogieron la mayoría de los empleadores, desde industrias y empresas de servicio, hasta clubes de fútbol y canales de televisión. El mismo permite despedir, pero no tanto, haciendo al Estado responsable del salario del trabajador.

Es el propio Estado, entonces, el que necesita más que nadie el retorno de la actividad.

Fue el presidente Luis Lacalle Pou, quien invitó a la reactivación en una conferencia de prensa virtual a principios de semana, en la que pidió más paciencia a los uruguayos y un “buen uso de la libertad que nos permite seguir avanzando hacia la nueva normalidad”.

El miércoles, agregó que no va a sancionar a ninguna persona por no usar tapabocas en la calle.

“Yo, como presidente, no estoy dispuesto a sancionar a alguien por el no uso de tapabocas; la mayoría no ha necesitado que se lo imponga, entendió la situación, el uruguayo es responsable y solidario”, remarcó Lacalle Pou en una conferencia de prensa.

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Reactivación

Según cifras oficiales, entre el 1 y el 23 de abril, el Banco de Previsión Social (BPS, el Anses uruguayo) recibió 61.636 solicitudes para el Subsidio por Desempleo, también llamado seguro de paro. Las actividades que más cesaron personal son el comercio mayorista y minorista, la industria manufacturera y, por último, los servicios de alojamiento y comida.

Sin embargo, la última semana se levantaron muchas persianas. En consecuencia, se espera que muchos de esos trabajadores regresen pronto a las tareas y sean reconsiderados.

Las tiendas de ropa de la avenida 18 de Julio son la única opción disponible para comprar. Los cinco shoppings de la capital permanecen cerrados y, de momento, no tienen fecha de reapertura.

Avenida 18 de Julio en Montevideo. AFP PHOTO/Miguel ROJO

El personal en los comercios está reducido al mínimo. Se suspendieron los probadores y, para ingresar, es obligatorio el uso de tapabocas y que algún vendedor que sonríe a desgano en su nueva función, aplique alcohol en gel en las manos de toda persona que entra.

Las tiendas no están abarrotadas de público. Sin embargo, son muchos los que, con cuidado y respetando distancias, aprovechan las ofertas que buscan liberar un poco del stock que la pandemia retuvo en los depósitos.

En los bares la situación con los empleados es similar y, a pesar del frío que se avecina, florecieron las mesas en la calle.

“Nosotros hasta ahora y desde que empezó la cuarentena no cerramos y, cómo viene la mano ya no lo vamos a hacer, porque venimos tranquilos aunque nos afectó mucho porque bajaron un 80% las ventas”, cuenta a El Canciller Damián Ibáñez, encargado del mítico bar Siglo XXI, ubicado cerca del Palacio Legislativo.

Local comercial en la avenida 18 de Julio.

La demanda disminuyó aún más durante semana de turismo (como se llama a la Semana Santa en el país laico). Es que pese a la advertencia, mucha gente salió a la ruta, aprovechando que la cuarentena nunca fue obligatoria.

Ibañez mandó a tres personas al seguro de paro, está con el personal mínimo y hasta él mismo salió a hacer entregas con su auto. Para que el bar permanezca abierto debió eliminar la barra y seis mesas. Así logró garantizar una distancia de al menos dos metros entre los comensales.

“Uruguay la llevó tranqui y pudo concentrar el virus en pocos lugares”, opinó Ibáñez. “Noto un gran cambio en la calle y mucho movimiento pero la única gente que está saliendo es la laburadora, la otra prefiere no salir y cuidarse”, remarcó.

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Entretenimiento

“Queremos luchar contra el miedo de la gente a salir”: el que habla es Héctor Guido, Secretario General de la Institución Teatral El Galpón, donde preparan la vuelta de las obras a Montevideo tras la paralización de casi dos meses.

El Galpón, ubicado en la avenida 18 de Julio, tiene una sala excepcional, con dimensiones que salen de la media existente en Montevideo. Cuenta con 800 localidades en 850 metros cuadrados. El hall mide 400 metros cuadrados y grandes camarines.

Sala teatral El Galpón. Foto: Institución Teatral El Galpón.

La posibilidad de retornar a lo que éramos es inviable y también nos hizo meditar como sería para nosotros ese ingreso paulatino”, señala Guido. Junto a su equipo ya recibió cientos de solicitudes de productores y directores de teatro, músicos y artistas en general que buscan un escenario.

“Nunca se nos ocurriría plantearnos una salida exclusivamente para nosotros, entonces aspiramos a lograr una pequeña apertura para que sea una pequeña rendija de aliento para todos los compañeros de la cultura”, precisó el hombre.

La idea es reducir el aforo a unos 120 espectadores para así “contemplar las bases de seguridad que plantean la gente de la ciencia y las autoridades políticas”.

La innovadora iniciativa también contempla la instalación de maniquíes o telas de colores para las butacas vacías y la entrega de mascarillas especiales, diseñadas con acrílico, para respirar mejor y poder presenciar el espectáculo sin inoportunas neblinas personales.

Ademas, cada espectador encontrará en su asiento una tarjeta para anotar su teléfono o alguna vía de contacto. Esto permitirá que, en caso de que alguien se infecte, inmediatamente se pueda hacer un mapeo sanitario. De este modo se podrá saber con quienes pudo haber estado en contacto.

Cada espectador deberá dejar sus datos para ser contactado.

Bancos y financieras, cortes judiciales, peluquerías, perfumerías, talleres mecánicos, negocios de tecnología y computación, gimnasios, locales de comida rápida y hasta los famosos carritos urbanos permanecen abiertos en Montevideo. Construcciones civiles y clases en algunas escuelas rurales de departamentos del interior son actividades que ya funcionan casi a pleno. Esto ha incrementado el movimiento en las calles y en el transporte público, al cuál sólo se puede acceder con tapaboca.

Todas las iniciativas de reapertura fueron en base a un protocolo elaborado por sindicatos y gobierno, y con la participación de científicos, médicos e infectólogos, para no ocasionar un rebrote en el país. Pese a ser poco poblado, Uruguay realiza más de 1.000 test por día. Al cierre de esta nota, tiene apenas 170 pacientes cursando la enfermedad y 18 fallecidos.

“Nos va a desafiar ese combate contra el pánico”, analizó Guido. “Hay razones para preocuparse, pero tenemos que tener límites para que la sociedad pueda retomar una nueva etapa, porque a la realidad no sólo se la observa sino que también se la puede modificar”. En otras palabras, los uruguayos se disciplinan para cambiar, para que nada cambie demasiado.