La contraindicación de la receta de la reforma laboral que promueve el oficialismo es aún más grande que el módico proyecto: unir a todos los sectores de la oposición en la resistencia. El massismo, ahora la Confederación General del Trabajo -CGT- y hasta la oposición oficialista del jefe del bloque de Senadores del PJ, Miguel Ángel Pichetto, se sumaron a la lista de detractores del broche de oro del reformismo permanente, encabezada por el kirchnerismo y la izquierda.

"El Gobierno habló todo el verano de la reforma laboral mientras estaba de vacaciones en Punta del Este”, remarcó Pichetto, que en los últimos días se sacó una foto con Sergio Massa, con quien se reunió para esbozar la reconstrucción del peronismo. Tanto el rionegrino como la socia política del tigrense, Margarita Stolbizer, establecieron la frontera del nuevo PJ: Cristina Kirchner, afuera.

La CGT pegó un volantazo en cuanto al proyecto laboral del Ejecutivo. Carlos Acuña, secretario general de la central sindical, sostuvo que las modificaciones propuestas "no tienen ninguna ventaja” para los asalariados y que la reforma "no tiene futuro”. Quien previó este movimiento fue Jorge Triaca, que dijo puertas adentro que no se podía mover una letra de lo que habían acordado con el sindicalismo.

El proyecto que al día de hoy parece inviable pero que el oficialismo considera fundamental como pieza de un todo, une tanto a la oposición moderada como a la que no dialoga. Andrés Cuervo Larroque afirmó que con Hugo Moyano "las contradicciones secundarias” quedaron a un lado para poder mirar "las cosas que le importan a la gente”.

El kirchnerismo y el sindicalismo conocen bien cuál es el denominador común que combaten: ambos se sienten perseguidos por la Justicia, a la que creen que opera con el aval ¿y el pedido? del oficialismo, en quien vuelcan las culpas. Se sienten perseguidos y desprotegidos.

Mientras Macri abandona su home office desde los lujos de Villa La Angostura, los ojos del oficialismo parecen pasar de largo la unión de los sectores opositores y miran hacia Europa. El mandatario viaja la semana que viene a visitar a su par ruso, Vladimir Putin para luego pisar el campo que siempre le sube el ego y le elogia el camino tomado, el Foro Económico de Davos. Por último, se reunirá con el máximo mandatario francés, Emmanuel Macron.