Cuando se estrene Avengers: Endgame en nuestro país, miles y miles de personas correrán a las salas a ver el capítulo final de este camino cinematográfico que empezó allá por el 2008 con el estreno de Iron Man.

En ese entonces, Marvel Studios se lanzaba de manera independiente a producir películas sin contar con un tercero encargado de la distribución. Esto implicaba también auto financiarse lo cual, para el momento en que tenían sólo algunos derechos fílmicos de ciertos personajes, resultaba una medida extremadamente arriesgada.

Luego de muchos focus groups, reestructuración de personal y guiones, la primera película del estudio como lo conocemos hoy, hizo su desembarco en las salas. Para sorpresa de la mayoría, dicho film fue un éxito y abrió el camino inesperado: los superhéroes pueden llegar a una audiencia mucho más amplia que el fanático de las historietas.

Por donde se la mire, sin Iron Man no tendríamos el panorama que tenemos hoy con el ya robusto Universo Cinematográfico de Marvel.

Desde el lado del ávido lector de este universo, la emoción era incontrolable. Esos personajes que vivieron por años en el papel, saltaban a la pantalla en carne y hueso. Poderes, luces, luchas cósmicas, todo eso y más, se hacía real en el cine.

Y si bien es cierto que han existido otras películas de superhéroes en el pasado como el Superman de Christopher Reeve o el Batman de Michael Keaton, nunca se había visto este despliegue de efectos y especiales. Aunque el ingrediente más interesante del comienzo de Marvel Studios era lo que lo hace único, que personajes de diferentes grupos y personalidades interactúen entre sí.

Cuando Nick Fury se presentó ante Tony Stark, los fanáticos y fanáticas del comic se transportaron directamente a lo que sucede en las páginas. Todos los personajes conviven en el mismo planeta, se cruzan, batallan juntos, se comunican entre ellos, la interacción es inevitable.

La imaginación dentro de una revista es obvia pero ver que esa misma magia se podía transportar a la pantalla grande, desacomodó a más de uno. Marvel Studios siempre fue claro, su objetivo era transportar el comic al cine. Ni más ni menos.

La gente que se acercó a estas películas sin haber leído el material de origen, está viviendo la misma experiencia que la persona que se acerca a la comiquería a buscar a sus personajes favoritos en las bateas. El cruce de dos tipos de audiencias es uno de los grandes éxitos de Marvel Studios.

En el estreno de Avengers, los personajes que fueron anteriormente presentados en sus respectivas películas, se conocían todos juntos y sus caracteres se daban en grupo, igual que cualquier reunión en los eventos House of M del 2005, Secret Wars de 1985 o Infinity Gauntlet de 1991 por mencionar algunos.

Un villano los amenaza y los héroes unen sus diferentes fuerzas para poder derrotarlo. Y con esa primera “Avengers”, se replica lo que se conoce en los comics como evento de crossover: personajes de diferentes partes del mundo comiquero, se alían para un antagonista en común. Spider-Man llega a la Torre Avenger, Daredevil se alinea con los X-Men o Hulk conoce a Dr. Strange y Silver Surfer.

En Avengers: Age of Ultron se suman Vision, Scarlet Witch y Quicksilver al grupo heroico, tres nombres que han sido históricos en las historietas. Presentó a Ultron, otro malote que siempre complicó a los Avengers en las páginas y que era impensado imaginar ver en la pantalla grande.

Cada entrega de estas películas era un evento de crossover, con la adición de más actores y actrices encarnando a personajes de las historietas para sobreponerse al desafío de sus adversarios. Sin embargo, el peligro mayor se estaba orquestrando por detrás, para finalmente ser revelado en la última página de la revista. En este caso, esa última página fue Avengers: Infinity War.

La guerra cósmica con el inalcanzable Thanos fue un capítulo más en el comic live action de Marvel Studios. Los personajes debían alejarse de la Tierra, viajar a confines del universo, subirse a naves, descubrir planetas y seres galácticos con poderes incomprensibles.

Los comiqueros y comiqueras ya conocían todo esto, pero ver cómo cobra vida delante de sus ojos es una experiencia sin precedentes.

Avengers: Endgame representa el punto máximo de un evento de crossover de los comics. Los héroes, luego de haber pasado por situaciones totalmente desequilibrantes y con la balanza a favor del villano, deben juntarse una vez más para la batalla final.

A pesar de que hay muchos años de historieta, cada crossover plantea nuevas maneras de testear a los buenos, de llevarlos más allá y fortalecerlos. Hasta la última página no se sabe cómo puede resolverse el conflicto, lo que genera más expectativa para comprar el próximo número.

Pero todo llega a su fin y luego del camino recorrido en el evento, los personajes crecen y aprenden de lo vivido. Se preguntan cuando será la próxima vez que una amenaza los tenga en las cuerdas, misma pregunta que se hacen sus lectores.

Ahora, la audiencia del cine puede entender la emoción del comic cuando entre a la sala con Avengers: Endgame y llenarse de expectativas. Y los héroes van a dar todo, cueste lo que cueste.