Un nuevo capítulo bélico sacudió a Europa y Asia 77 años después de aquella Segunda Guerra Mundial entre Occidente y Oriente. Cuestiones políticas, económicas y territoriales encabezan las demandas y disputas. Rusia de un lado, Estados Unidos y la Unión Europea del otro. El mapa se repite. Lo cierto es que, tras la decisión de Putin de bombardear Ucrania, el mundo se puso en vilo otra vez. El doctor en Relaciones Internacionales y especialista en política exterior rusa, Marcelo Montes, dialogó con El Canciller y aseguró que Moscú “no está en condiciones” de expandirse. “Me niego terminantemente a ver a Rusia como imperialista”, subrayó tajante el politólogo y miembro del Grupo de Estudios Euroasiáticos del CARI. 

- ¿Cuál es el objetivo de Rusia sobre Ucrania?

El objetivo de Rusia tiene que ver con el sudeste ucraniano; proteger a la población ucraniana prorusa y a los pocos rusos que hay allí -por razones humanitarias- frente a la posibilidad de ataque por parte del ejército ucraniano, sobre todo si era auxiliado por la OTAN. A medida que Putin va descubriendo que no hay represalias por parte de la OTAN, apunta a un cambio de régimen en Kiev y a provocar la salida del gobierno de Zelensky para quedarse con el control de Ucrania.

- ¿Cómo toma Rusia las sanciones económicas que impusieron la Unión Europea y Estados Unidos?

Rusia convivió ocho años con sanciones económicas y ha intentado zafar diversificando sus relaciones económicas con el resto del mundo, incluso con América Latina. Ha sido exitoso con la sustitución de importaciones. Hay sanciones y sanciones; si sacan a Rusia del sistema Swift –sistema de transacciones electrónicas, financieras y comerciales- sería un golpe importante para su economía, pero no más que eso. Está probado políticamente que cuanto más acorralas a un país en materia de sanciones, la elite de ese país se mantiene firme y encolumna a su pueblo a aguantar o resistir. Rusia tiene una larga historia en eso; cuanto más la acorralas, peor te va. Tiene todas las de ganar, mientras no haya un conflicto nuclear.

- ¿Creés que Rusia le ganó terreno a nivel mundial a un Estados Unidos debilitado?

Estados Unidos está con un poder declinante desde hace mucho tiempo. Su paridad con China lo demuestra. El poder mundial está mucho más compartido. Es el mundo que imaginó Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. En 1945 tenía el 45% del PBI mundial y hoy tiene el 20%. Eso tiene su correlato en el plano político y comercial-económico. En el plano militar, Estados Unidos sigue siendo la primera potencia, pero le sirve poco ese poderío militar, y Rusia es la segunda superpotencia. Rusia protege su esfera de influencia y Estados Unidos no tiene por qué entrar.

- Algunos leen que Biden está actuando con tibieza...

Los demócratas son fanáticos de los derechos humanos y cuando ven un régimen político como el de Rusia, que no es muy democrático, insisten en la necesidad de cambiar, cueste lo que cueste y sin medir las consecuencias. En ese aspecto se han equivocado. Más que debilidad, el enfoque es erróneo respecto a Rusia. No tienen por qué ver a Rusia como un enemigo, tendrían que haberlo visto –como dijo Putin- como un socio y hasta un aliado, porque pueden coincidir en cuanto a la guerra contra el terrorismo, por ejemplo. Los demócratas y algunos republicanos tienen una mirada rusofóbica. Biden quedó preso de su propio discurso y no tiene cartas para jugar. Los rusos tenían gran expectativa respecto a Trump para mejorar la relación con Estados Unidos, pero dejó mucho que desear porque las sanciones no se levantaron, Trump no sacó a la OTAN del medio y no removió ninguno de los obstáculos estructurales que llevaron a esta situación con Ucrania.

- ¿Cuál creés que será el papel de la OTAN? ¿Podría intervenir militarmente?

Eventualmente podría intervenir. Es muy peligroso que la OTAN intervenga porque iríamos a un conflicto de extrema gravedad. Llevar la situación a ese punto sería tremendo para todos los actores involucrados. Ucrania tiene todas las de perder porque no tiene posibilidad ante la asimetría militar y tecnológica de Rusia. Cada hora que pase juega en contra de Rusia, no con la OTAN, sino con la resistencia del pueblo ucraniano porque pasa a ser una guerra de características urbana que penetra en zonas pobladas. Mientras la guerra sea quirúrgica, selectiva, en núcleos específicos o estratégicos de la economía ucraniana, Rusia tiene todas las de ganar y hacerse del poder de Kiev a muy bajo costo. Rusia no puede ir a una guerra soldado contra soldado porque habría costos de vidas humanas y eso sería lamentable para su imagen.

- ¿Qué impacto puede tener a nivel económico en Argentina?

Un doble efecto porque el precio de los cereales se va para arriba, pero al mismo tiempo sube el petróleo y el gas. Estas son malas noticias para una Argentina que importa gas y que todavía no exporta petróleo. Lo que ganas por un lado, lo perdés por el otro. Podes tener mayores fundamentos para llegar a un acuerdo con el FMI, pero no mucho más.

- ¿Estamos lejos de una víspera de imperialismo ruso, al estilo Unión Soviética?

Sí. Rusia es mucho más pequeña que la Unión Soviética. No está en condiciones. Rusia quiere cuidar su patio trasero. Si acá hubo algún imperialismo fue la OTAN. La que creció a expensas de los partidos que antes pertenecían a la Unión Soviética es la OTAN. La que tiene que justificar su existencia no habiendo Pacto de Varsovia es la OTAN. Me niego terminantemente a ver a Rusia como imperialista. La prensa occidental va a crear ese monstruo, a comparar a Putin con Hitler, va a usar esos mecanismos mediáticos. Pero ni Putin es Hitler, ni Rusia es la Unión Soviética. No está en condiciones de afrontar económicamente una expansión imperial.

- ¿Cómo creés que puede terminar este conflicto?

El fin de semana deberíamos ver resultados casi definitivos. Si esto es así, Rusia va a ganar en muchos términos. Para Estados Unidos y la OTAN será un revés importante geopolítico. En términos domésticos la idea de Putin va a escalar notablemente. Si esto no es así, vamos a un conflicto de mayor escala con un final impredecible porque empezamos a jugar con el efecto de las sanciones y la economía rusa, la opinión pública rusa y el peligro de una guerra nuclear, la desesperación por lograr acuerdos y las migraciones gigantescas. Entraríamos en una vorágine que, ojalá, no se dé.