La inflación y la crisis económica que atraviesa la Argentina generaron cambios de hábitos y costumbres en la mayoría de la población, que perdió poder adquisitivo frente a la galopante suba de precios. En ese contexto, la clase media ya no puede darse los “lujos” de otros tiempos: vacacionar en Punta de Este parece un tesoro reservado para cada vez menos personas, mientras que Mar del Plata -que esperaba una temporada de “buena para arriba”- está recalculando sus objetivos de cara a la realidad.

Los argentinos experimentaron una aceleración fenomenal en la pérdida de capacidad de compra desde mediados de 2022, que recibió el golpe de gracia el 12 de diciembre último, cuando el gobierno aplicó una devaluación del 55% y el dólar oficial se apreció 180%.

Es por estas razones que los comerciantes de la Costa atlántica, cuya economía depende principalmente de lo que facturan en estas semanas veraniegas, han comenzado a revisar sus estrategias de captación de clientes, mientras que el viaje al otro lado del charco se convirtió en algo prohibitivo para gran parte de la cada día más reducida "clase media argentina".  

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Según reportes desde La Feliz, un desayuno tradicional de un café con leche con tres medialunas puede encontrarse desde los $2.300, dependiendo de la calidad de los insumos y la ubicación de la confitería que se elija. Si la opción es tomar la primera comida del día en casa, una docena de facturas arranca desde los $3.500.

Para el mediodía, la oferta también es variada, pero -en promedio- el tradicional plato de rabas se paga en torno a los $10.000 y el de “cornalitos”, cerca de los $8.000. La oferta de “menú ejecutivo”, que incluye un plato principal y bebida, parte de un valor de $7.500.

La opción de pizzas también pone en juego una brecha de precios amplia, con algunas muy simples desde los $3.000 hasta los $5.000 para una “grande de muzzarella”. Ahora, sentarse en una pizzería y añadirle una cerveza suma $2.000, mientras que una gaseosa añade $1.000 por persona, como mínimo.

En la tarde, los tradicionales churros tienen un precio de $450 cada uno y $5.000 por docena. Si se los busca directamente en la playa, el gasto trepa a $500 y $6.000, respectivamente.

Uno de los clásicos carritos que recorren las playas de Mar del Plata vendiendo comida (Foto: NA).

Un simple pacho se vende a $2.000, al igual que el ya famoso choclo manteca, mientras que la bebida cuesta alrededor de $1.500

Para la hora de la cena, se mantienen las variantes que se pueden encontrar durante el día, aunque si se quieren sumar alternativas de mayor calidad cuesta conseguirlas a menos de $10.000, dado que se suman los costos adicionales como, por ejemplo, el cobro del “cubierto”.

La “lejana” Punta del Este

Por otra parte, en una realidad que parece inalcanzable para la mayoría de los argentinos, en la ciudad balnearia estrella de Uruguay, un café cuesta $4.000, un pancho o un choclo playero $5.000 y una botellita de cerveza, $9.000. En tanto,  una cena de Fin de Año osciló entre los 300 y 400 dólares.

Esos son algunos de los precios de la atractiva ciudad balnearia uruguaya, donde la clase media argentina -que otrora gozaba en sus playas- parece ya no tener cabida. Así, Punta del Este se abre cada vez más a extranjeros provenientes de Brasil, Estados Unidos y Europa.

Es que veranear en Uruguay cuesta entre cuatro y cinco veces más que la Argentina. Y “Punta” siempre se ubica, al menos, 25% arriba del resto del país vecino.

No obstante, más allá de la llegada de turistas de otras latitudes, el argentino de altos ingresos sigue siendo el que mueve el amperímetro de la ciudad famosa por sus playas

La playa Mansa, una de las más concurridas de Punta del Este (Foto: NA).

Los adinerados tienen presencia en casi un 80 por ciento de los 160 departamentos de la Trump Tower, el flamante edificio de 25 pisos, que mira a “la Brava” y en el que un piso oscila en 1,5 millón de dólares.

"La temporada va andar a tope, pero lamentablemente la clase media argentina no nos acompañará, al menos por un tiempo", declaró al diario Clarín Rolando Rozenblum, presidente de la Cámara Empresarial de Maldonado, el departamento donde se encuentra Punta del Este.

En cambio, se están haciendo fuertes otros huéspedes muy consumidores, como el gaúiho de Porto Alegre, y está empezando a ganar terreno el oriundo de San Pablo.

Rozenblum explica que el argentino de alto poder adquisitivo sigue yendo a Punta del Este "sin que estos vaivenes económicos le hagan cosquillas. Ese, que aquí es masivo, piensa en dólares, está desconectado del peso argentino, que en Uruguay ya no se acepta".

El cambio de USD100 corresponde a unos $4.000 pesos uruguayos, mientras que en Argentina equivalen a casi $100.000. En la joya balnearia de Uruguay, el litro de nafta vale USD 1,97, tres veces más que de este lado del Río de la Plata.

El presidente de la Cámara Inmobiliaria de Punta del Este, Javier Sena, confió que espera que la presencia argentina en la temporada sea relevante: “Tenemos esperanza en que llegaremos a un 95% de ocupación”. Sin embargo, admitió que los grandes ausentes serán “los integrantes de la clase media".