Poder pensar. La estabilidad lograda post controles cambiarios de la semana pasada le quita velocidad a la dimensión del minuto a minuto de nuestra economía. Hoy podemos pensar qué sigue, sin la psicosis que le imprime el “F5” a la cotización del dólar en la página de su banco o sociedad de bolsa de cabecera.

Tras haber disminuido USD 5.800 millones desde las PASO, en los últimos días se moderó la caída de depósitos en dólares (aunque aún no pueda decirse con certeza que logrará frenarse). Los bancos han disminuido su demanda de billetes verdes, pero mantienen sus sentidos en alerta. La estabilidad cambiaria que permitieron los controles cambiarios y las señales que se dieron de capacidad de respuesta ante la ansiedad de ahorristas pequeños, la solvencia de los bancos y el refuerzo de intervenciones del BCRA contribuyeron a este efecto. 

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La virtud de esta paz cambiaria es que permite poner en foco lo vicios de una economía real gastada. El IPC de agosto interrumpirá la tendencia a la desaceleración que se observaba desde abril. Desaceleración que nunca fue suficiente para abandonar un nivel sensiblemente alto de inflación, la cual cerrará el 2019 con un piso de 50%.

Este recalentamiento de los precios impacta sobre los ingresos reales, el ya deteriorado consumo, los costos de comercios e industrias. Y requerirá de una coordinación bastante fina por parte del gobierno que asuma el 10 de diciembre en sus primeros meses de mandato.

Los primeros 180 días de gobierno. Un primer semestre que no podrá augurar un segundo mejor, sino que en si mismo será un desafío de postas y obstáculos. Seis meses que serán intensos, llenos de señales e interpretaciones y con la pesada herencia a flor de piel. Además de vencimientos por USD 23.400 millones en ese período, el próximo gobierno deberá coordinar una salida a esta tensionada situación inflacionaria. El nuevo gobierno estará apretado por las pinzas del mercado y de la calle.

Según se conoció esta semana, Alberto Fernández mencionó al titular de la UIA, Miguel Acevedo, la necesidad de un acuerdo de variables nominales en los primeros seis meses de gobierno; dólar, precios, salarios. No un “pacto de caballeros”, sino un acuerdo político a la altura de lo que la crisis y la Argentina demandan. Estos acuerdos necesitan espalda política, esa que dan los votos, e incentivos para que los agentes no incumplan lo acordado. Compromiso.

La propia información conocida resaltó los buenos ojos con que Acevedo vio esta propuesta, en un marco donde la industria acumula 15 meses de caídas. Pero, a la vez, es destacable la actitud de los sindicatos en el marco de este escenario.

Como destaca el economista de Ecolatina Federico Moll en una nota del diario “El Economista” de este miércoles: “es llamativo que los sindicatos se muestren poco confrontativos en una situación en la que el salario real está perdiendo cerca de 7% interanual y acumula una caída de más de 18% desde mediados de 2017. Creo que esta actitud por parte del sindicalismo busca no ponerlos en un lugar de conflicto con un Gobierno debilitado y podría ser una señal de cooperación con el Gobierno entrante

La política es la rectora de señales y caminos para atravesar el delicado momento de nuestra economía. Que no se agrave esta ya aguda crisis dependerá de la continuidad de señales constructivas hacia ambas pinzas; la del mercado sensible y la de la calle urgida.