Unidad hasta que duela

El Canciller - Comentarios

Pocos días atrás la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner se presentó en el Foro Mundial del Pensamiento Crítico organizado por Clacso, también conocido como “la contra cumbre” del G20. En ese marco, Cristina lanzó una frase que abrió el juego de las interpretaciones electorales: unir fuerzas para derrotar a Macri en 2019.

Entre fuertes críticas a la actual gestión macrista, la senadora nacional expresó que “no debe haber una división entre los que rezan y los que no rezan”, y que dentro de su espacio “hay muchos pañuelos verdes, pero también hay pañuelos celestes“. Como era de esperarse, las críticas y las sobre interpretaciones no tardaron en llegar.

Acaso algunos pueden criticar que lo desafortunado de la frase está en la apelación al pañuelo celeste con el cual se identifican los sectores que no solo están en contra de la legalización del aborto, sino que también lo utilizan aquellos que se están en contra de la ley educación sexual integral y de la lucha por la ampliación de derechos e igualdad que pregona el feminismo.

No obstante, el mensaje no estaba destinado a “los celestes” como Mariano Obarrio, la señora del bebito o Alfredo Olmedo. La frase apuntaba al seno mismo de la alianza en construcción de cara a 2019.

De hecho, importantes dirigentes del pankirchnerismo como el referente social Juan Grabois, el líder sindical Hugo Moyano o el propio presidente del Partido Justicialista, José Luis Gioja, están en contra de la legalización del aborto. Las tres figuras son claves dentro del incipiente “frente patriótico” al que apela CFK desde 2017.

Meses atrás, la ex presidenta realizó una autocrítica en la que reconoció que únicamente se arrepentía de no haber sido lo suficientemente inteligente o amplia para persuadir y convencer. Tal vez la líder de Unidad Ciudadana comenzó a dar cuenta de lo que considera un error y aplica un atenuante discursivo para aunar voluntades contra el oficialismo.

La nueva estrategia busca contener a todos los sectores. No dividir lo dividido, mucho menos la fuerza en la que deposita su construcción política desde que terminó su mandato en Balcarce 50. El principal objetivo de Cristina y de quienes la acompañan es ensanchar sus alianzas electorales y así otorgarle mayor margen de maniobra en una eventual negociación con el peronismo no kirchnerista. Por otro lado, un discurso más cuidado, menos definido y orientado al centro tiene por intención aumentar la base electoral.

No hay que perder de vista que Cambiemos en el último tiempo ha decidido refugiarse en su núcleo duro. ¿Cómo? Radicalizando su discurso hacia la derecha con una agenda anti inmigrante, de mano dura y una tentativa privatista. Cristina leyó bien el escenario. Macri abandonó el centro y dejó una gran base en disponibilidad capaz de ser captada por un discurso crítico de la gestión económica actual, pero ya no tan radical como la primera etapa del kirchnerismo en la oposición.

Por último, hay que tener en cuenta que 2019 no se trata solo de ganar una elección: de allí debe surgir un gobierno fuerte que pueda agarrar el fierro caliente, la temible y pesada herencia macrista. El próximo oficialismo nacerá con la necesidad de contar con una espalda lo suficientemente ancha para hacer frente a una incipiente e inevitable crisis económica. Cristina ya tomó nota de esto y “la yegua” ya está cabalgando en ese sentido.