Un médico en la distopía bonaerense

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Vacunó a Cristina. Es decir, Cristina Fernández de Kirchner le confió su hombro derecho para ser inoculada de un pinchazo con la primera dosis de la Sputnik V en el Hospital Presidente Perón de Avellaneda el pasado enero. Ese, el que en enero inoculó la primera dosis de la Sputnik V con un pinchazo en el hombro derecho a la mujer que más poder condensa en Argentina, el que la vacunó, es Nicolás Kreplak. El Doctor Nicolás Kreplak.

De indiscutida cercanía con la jefa —léase párrafo 1—, y en comunicación directa y permanente con Máximo, el Viceministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires repite la dupla de trabajo que conformó con Daniel Gollán frente al Ministerio de la Nación durante los últimos meses del kirchnerismo, tras la salida del tucumano Juan Manzur. Dicen que entre ellos existe la admiración mutua y que en el vínculo, a fuerza de las interminables e imprevistas horas de gestión, y de una visión compartida, circula una energía “medio padre e hijo”. Si Gollán es la eminencia, entonces Nicolás es su más veloz aprendiz.

Kreplak nació en 1981 y es de la generación de oro que cambió la piel cínica del que se vayan todos por el reencuentro con la política gracias al abrazo cálido de Néstor. Militó en la Universidad de Buenos Aires, en la Facultad de Medicina, mientras cursaba sus estudios para graduarse de médico clínico y sanitarista, y estudiaba en encierros que duraban días en un departamento en la zona de Tribunales. De aquellos años felices de militancia intrafacultades data la relación con el gobernador Axel Kicillof, compañero de gobierno y de la mesa chica en la que se hace lo imposible por mitigar los estragos de la pandemia en suelo bonaerense.

Ya no sabe cómo pedir a la gente que se cuide. Ni él ni nadie. Sin embargo, ahí está el Dr. Kreplak, referente de salud de La Cámpora, en el frente de batalla de una tarea de dimensiones distópicas. Vocero de las malas noticias, de las alarmas y alertas, contesta mensajes, atiende llamados, sale por radio y por tevé. Vaya usted a saber cuántas horas de aire acumuló, de cuántos titulares se hizo acreedor en el año y pico que ya llevamos a puro Covid19.

No conoce el Estado solo desde los lugares que ocupó en las cúpulas de los ministerios. Kreplak es también docente en la UBA y en la UNPAZ, y médico en el Hospital Ramos Mejía de la Ciudad. Caminó y camina los pasillos de los hospitales de guardapolvo y con dos certezas: la preocupación de una estructura que nunca da abasto y la obsesión por la salud pública como derecho irrevocable. Sabe el valor de una cama y más lo sabe hoy con la capacidad de las unidades de terapia intensiva que trabajan al límite, con insumos que no alcanzan, escasez de vacunas y un personal de salud mucho más que extenuado.

Es fundador de Soberanía Sanitaria, un espacio de formación e investigación “para un sistema de salud más justo e inclusivo”, creado tras la derrota en 2015 del Frente para la Victoria. Además de ser el director editorial de la revista de la fundación, el multifacético Nicolás Kreplak se dio el gusto de dirigir “La insubordinación de los privilegiados”, cincuenta y cinco minutos de material audiovisual dedicados a la puesta en valor de los sistemas de salud en Argentina y Latinoamérica. “Si acá hay una catástrofe, una epidemia, el soporte es el sistema estatal”, asegura la profesora y especialista en salud mental Alicia Stolniker en una de las entrevistas de Kreplak que son parte del documental. Un vaticinio tremendo que padece el joven trabajador de la salud que está donde siempre quiso estar, en ese lugar a la vez frágil y poderoso llamado Estado.