Sobrestock y efecto “La Salada”: pierde la industria rentabilidad por el derrumbe del consumo

El Canciller - Comentarios

La constante caída del consumo y el desplome de la actividad industrial, que según el INDEC en noviembre pasado representó el 13,3 por ciento respecto del mismo período de 2018, generaron un sobrestock de mercadería que afecta a varios sectores de la cadena productiva y que podría derivar en una nueva ola de despidos, suspensiones y cierre de pymes en 2019.

Según un relevamiento que realizó BAE Negocios, los segmentos más afectados por el exceso de productos en stock son el textil, el de electrodomésticos,  el de juguetes, el de muebles, el vinícola y, sobre todo, el automotríz. Este último perjudicó incluso a la empresa Mirgor, del amigo de Mauricio Macri, Nicolás Caputo, que no pudo entregar dividendos debido a la caída en la demanda de sus productos. Pero son las pequeñas y medianas empresas las que corren el mayor peligro.

“Muchas empresas están vendiendo el stock a precios más bajos que el de su lista para cubrir agujeros financieros y lo hacen a precios más bajos que los que le permite tener un nivel de rentabilidad mínima”, explicó Leandro Mora Alfonsín, economista y director ejecutivo de la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afine (FAIMA).

Esa pérdida de la rentabilidad genera un aumento en la capacidad ociosa que alcanza el 45% en la industria, según Mora Alfonsín. Y se traduce en suspensiones y despidos para los trabajadores.

Al excedente del stock se suma la imposibilidad de las empresas a endeudarse debido a la alta tasa de interés que también repercute en la venta de cheques, que las Pymes muchas veces realizan en financieras donde el interés es aún mayor. Ocurre que las empresas reciben pagos diferidos y para poder tapar ese bache recurrían a créditos que les permitían cubrir el capital de trabajo como el pago de sueldos y la cancelación de cuenta a proveedores.

Ante la imposibilidad de poder pagar las indemnizaciones, los empresario utilizan maquinaria como forma de pago. Y luego acuerdan con sus ex empleados para que se transformen en nuevos proveedores.

El problema radica en las indemnizaciones, ya que los empresarios no tienen la capacidad de costearlas, muchas veces utilizan maquinaria como forma de pago. Y para poder continuar en ejercicio, esas mismas empresas hacen acuerdos con sus ex empleados para que se transformen en nuevos proveedores. Este fenómeno de precarización fue definido como “La Salada” industrial por el líder de la Cámara Industrial de la Manufactura del Cuero y Afines (CIMA) y empresario pyme, Ariel Aguilar, en diálogo con BAE Negocios.

A esta situación se suma la morosidad en los pagos de impuestos de AFIP y ARBA que, ante el cese de pago actúan a través del embargo de la cuenta bancaria.

Para Mora Alfonsín, los programas de financiamiento que el oficialismo lanzó en este sentido, no alcanzan. Los 29 mil millones de pesos que se dieron para el descuento de cheques, por ejemplo, representan solo el 7 por ciento del financiamiento PYME. “Eso muestra que desde lo macro, no alcanza y desde lo micro las empresas que cambian los cheques son las que mejor gimnasia tienen con los bancos por la cantidad de requisitos que les piden.”, finalizó.