Cómo se va a reconvertir la industria del entretenimiento pospandemia

El concepto de "salir a bailar" dejará de existir en Buenos Aires por un largo tiempo. Los bares regresarían en octubre. Empresarios estiman que el sector podría perder 1.500 establecimientos en todo el país.
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Cambio de paradigma. Erradicación del mote boliche, discotecas reconfiguradas en bares y mucha vigilancia para evitar a toda costa los eventos clandestinos. Las tradicionales previas y los viajes fervorosos hacia las fiestas en plena madrugada serán, por un tiempo, parte del recuerdo.

Mientras el Área Metropolitana de Buenos Aires transita un revival de la cuarentena estricta y el Ministerio de Salud de la Nación reporta récords de contagios diarios por el nuevo coronavirus, los encargados de la industria del entretenimiento poseen una certeza: en el distrito más populoso del país, el concepto de “salir a bailar” quedará abortado hasta 2021.

Hace exactamente cuatro meses, en el fin de semana del 8 y 9 de marzo, los locales bailables del AMBA vivían -sin imaginarlo- su última función del año. La llegada del Covid-19 a la Argentina dinamitó los eventos masivos y el rubro de la noche aún no puede visibilizar la profundidad del sismo: desde la Industria del Entretenimiento Argentino (IDEAr) sostienen ante la consulta de El Canciller que los shows sólo volverán cuando se garantice la salud de todos los concurrentes.

Ariel Gambini, dueño de MUTE Argentina y socio fundador de IDEAr, reconoce que “es inviable volver a pensar en los boliches con un funcionamiento como el anterior antes de 2021”. Gustavo Palmer, vocero de la Cámara de Entretenimientos de la provincia de Buenos Aires y encargado de los salones Club Aráoz (CABA) y Pink (Pinamar), avizora un regreso de las fiestas nocturnas para “febrero o marzo” del año próximo.

A nadie le entra en la cabeza un boliche con distanciamiento social. Supongamos que tenés un local para 1000 personas y te lo habilitan con capacidad para el 50%, ¿cómo hacés para que los asistentes cumplan rigurosamente el protocolo? Hasta que no haya una vacuna, no podrá volver el fenómeno como se lo conocía”, lamenta el titular de la Cámara de Entrenimientos de la Ciudad de Buenos Aires (CEDIBBA), Jorge Becco. El análisis encierra lógica. Los asistentes a las discotecas van a interactuar de manera personal, bailar y, en muchas ocasiones, establecen contacto físico estrecho.

En las últimas horas, la Organización Mundial de la Salud brindó más argumentos para respaldar la teoria. Luego de la advertencia de más de 200 científicos, la agencia de las Naciones Unidas admitió que el nuevo coronavirus puede propagarse por el aire “particularmente en ciertos sitios bajo techo, como espacios abarrotados y con una ventilación inadecuada durante un tiempo prolongado con personas infectadas“.

Bares, en octubre y boliches (como pubs) en noviembre

Este miércoles, la provincia de Buenos Aires aprobó un protocolo sanitario para el retorno de la actividad nocturna, tras una reunión de CEDIBBA con autoridades del Ministerio de Seguridad bonaerense. Palmer confirmó a este medio que si la curva de nuevos infectados se estabiliza en los próximos dos meses, los bares reabrirán a mediados de octubre.

¿Cómo lo harán? Los lugares que dispongan de sitios al aire libre, podrán habilitarlos a un 50% de su capacidad. En ambientes cerrados, se permitirá la utilización en un 30% de la disponibilidad habitual. Todas las personas deberán cumplir con una separación de 2 metros de distancia -como mínimo- y el Ministerio instrumentará estrictos controles para que no devengan en espacios de baile. Desde la Ciudad de Buenos Aires son algo más optimistas: proyectan ese cuadro de situación para mediados de septiembre.

Gustavo Palmer y Carlos López, de CEDIBBA, firmaron el protocolo sanitario con Marcelo Montero, director provincial para la Gestión de la Seguridad Privada y Registro de Control del Ministerio de Seguridad.

Si el curso del Covid-19 en la Argentina lo permite, las discotecas levantarán sus persianas en noviembre, reconstituidas en pubs. También trabajarán a un 50% de la capacidad habitual del salón, con mesas distribuidas en la pista y los espacios VIP. Todos los asistentes deberán portar tapabocas y en la entrada recibirán una dosis de alcohol en gel. En los baños, habrá un empleado del lugar encargado de verter desinfectante previo a cada ingreso. Los bartenders y cajeros portarán guantes, barbijo y acrílico protector.

Pero, además, habrá un riguroso registro de los datos de cada cliente. Para entrar al boliche, se deberá contar con una reserva de mesa previa, al estilo restaurante. En la puerta, se digitará el horario de ingreso y egreso de todos los individuos y cada persona deberá firmar una declaración jurada: en caso de que en los días posteriores alguien dé positivo del virus, estará obligado a avisar al local que concurrió, para que el establecimiento pueda notificar a quienes estaban dentro en ese mismo período.

Temor por las fiestas clandestinas

Con los boliches cerrados hasta nuevo aviso, florecerán las fiestas en casas, galpones y espacios públicos, como plazas. Está claro: la algarabía luego de tanto tiempo de encierro se canalizará de forma oculta, y a la vez se puede convertir en una bomba de tiempo. Si esta modalidad -que incluye alcohol, parlantes y bullicio- ya proliferaba desde hace años y suponía múltiples denuncias de los vecinos a la policía por los ruidos molestos que ocasionaban, ¿cómo harán para controlarlas sin el funcionamiento de los boliches?

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El primer objetivo de las autoridades será el Día del Amigo -20 de julio-. En el cónclave Seguridad-CEDIBBA de este miércoles, funcionarios oficiales les adelantaron a los empresarios que desplegarán operativos de control intensos, implementarán un fuerte monitoreo de redes sociales y harán cumplir el Decreto 132/2020 del Estado de Emergencia Sanitaria para evitar festejos clandestinos. “Pueden detener a cualquier persona si encuentran más de cinco individuos en una reunión y no están radicados en el mismo domicilio”, advirtieron.

“Van a emerger infinidad de lugares para bailar de forma ilegal en el último trimestre del año. El mecanismo es el de siempre, lo divulgan por Internet y entregan la dirección una hora antes. Muchos locales se alquilarán para esa finalidad, esto va a ser muy amplio. Tengo serias dudas sobre si el Gobierno de la Ciudad y la Agencia Gubernamental de Control están preparados para esa vigilancia”, añade Becco.

Cierres masivos y escasa ayuda del Estado

Los ejecutivos del rubro aseguran que atraviesan la crisis más cruenta de su historia y piden declarar al sector en emergencia. En números, la pandemia ya arrasó con 18 salones bailables del conurbano bonaerense. Para los últimos meses del año, la región metropolitana podría tener 70 locales menos. En CABA, de los 120 boliches “clase C” que existían previo a la llegada del brote, planean perder 25. Ariel Gambini, fundador de IDEAr -engloba a más de 3.000 establecimientos a nivel nacional- pronostica un escenario más drástico: calcula que el 55% podría cerrar sus puertas.

El gran problema para los empresarios es que deben seguir pagando, todos los meses, el oneroso alquiler de los salones -en su mayoría, contienen muchos metros cuadrados-, las tarifas de servicios públicos, un aluvión de impuestos y los sueldos del personal. Si bien pudieron acceder al programa ATP de forma parcial para abonar salarios, sostienen que no es suficiente. Y la industria emplea a más de 500.000 personas. Los dueños acumulan deudas y los créditos blandos no aparecen porque “los bancos piden muchos papeles”.

En este escenario, IDEAr y CEDIBBA trabajan, de forma semanal, con el Ministerio de Cultura de la Nación. Conformaron mesas de trabajo multi-sectoriales y tienen en agenda reuniones con el Ministerio de Turismo y la cartera de Desarrollo Productivo, a quienes les presentarán un listado de pedidos esenciales para la supervivencia del sector.

“Necesitamos un marco normativo que suspenda cánones y alquileres hasta tanto se reactive la industria, estipular tarifas de emergencia para servicios de luz y agua, suspender el cobro de impuestos y cancelar o prorrogar las moratorias fiscales”, enumera Gambini. Y agrega que requerirán la extensión del programa ATP y los subsidios a sus prestadores hasta seis meses después de reanudada la actividad.

Es que el reinicio no significará los mismos ingresos que antes. Y el boliche, como se lo conocía, dejará de existir en Buenos Aires por un largo tiempo.