Se pone al hombro Macri la campaña y llama a los candidatos del PJ blando para que firmen el acuerdo

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Mauricio Macri parece haber comprendido el mensaje de sus socios radicales y los funcionarios más dialoguistas de su gabinete, como Rogelio Frigerio y Emilio Monzó. Luego de que el Gobierno filtrara a los medios un bosquejo de un documento con 10 lineamientos destinados a generar consensos con la oposición dialoguista para calmar la volatilidad de los mercados, fue el propio presidente quien se encargó de llamar a los referentes del peronismo para convencerlos de firmar el acuerdo.

En el transcurso de las últimas horas, el primer mandatario se comunicó de manera personal con Sergio MassaJuan Manuel Urtubey, Roberto Lavagna y Miguel Ángel Pichetto, mientras que a lo largo de la semana lo hará con mandatarios provinciales. Las reacciones de los bastiones de Alternativa Federal fueron dispares.

La respuesta del tigrense ya había sido negativa en una conferencia de prensa armada para la ocasión. “No es un documento que llame a un acuerdo sincero, sino un decálogo que llama a suscribir buenas intenciones. El diálogo y los acuerdos no se construyen por WhatsApp ni filtraciones de prensa. Le pido al Gobierno que no juegue con la esperanza de los argentinos”, sentenció.

Pese a mostrarse abierto al diálogo, Urtubey se alineó con su correligionario, consideró que no puede haber exclusión en la convocatoria y pidió incluir en el pacto a Cristina Fernández de Kirchner. Por su parte, Lavagna rechazó el borrador y armó sus propios 10 puntos de consenso. Según indicó La Naciónla charla con el jefe de Estado no terminó de manera cordial.

Más allá de las conversaciones puntuales, Macri ha tomado nota del contexto y efectivizó un cambio en su actitud. El enojo que mostró en sus últimas apariciones públicas y el hermetismo que pregonan Marcos Peña y Jaime Durán Barba mutó en interés por obtener acuerdos con la oposición, algo impensado hasta hace algunas semanas.

El convenio que busca el Gobierno tendría tres objetivos: crear una suerte de “seguro antidefault” que tranquilice a Christine Lagarde y a los bonistas, aislar a Cristina en la idea de que si gana no pagará la deuda con el Fondo (aunque en su entorno lo hayan negado de manera sistemática) y sumarle legitimidad a las medidas económicas que Nicolás Dujovne y Guido Sandleris tomen de ahora en más.