Rosas, los blue collar y el olor a cuerpo del Alto Palermo

El Canciller - Comentarios

Genial pasar por el Bellas Artes a ver dos cuadros. La patria está junta en una sala. Hace veinte años me contaron que Prilidiano Pueyrredón firmaba PPP, por pobre pintor Prilidiano. Para mí el cuadro más lindo de la serie de este otro señor que le decían el manco de Curupayti es ese que tiene a las vacas casi transparentes por el amanecer anaranjado con niebla. En la sala de la patria Gettysburg está el retrato de Rosas que vengo a ver. El país está en la sala de al lado: ahí está el cuadro del malón de Dalla Vía y otros de pobres que se cagan de angustia.

Lo que me parece más impresionante de La Vuelta del Malón es que ningún indio va más adelante que el jefe. Primero parece un cuadro que cuenta el mieditis a la versión morocha del poder, pero lo que más está ahí es el orden caótico del galope jerárquico. El jefe va en un caballo bayo, que es cómo un blanco más realista y amarillento. Va olvidado de que es el jefe, subido a lo liviano de ir arriba de un caballo que galopa con las riendas sueltas en el campo bajo mojado y frío.

El lugartaniente del jefe lleva mullidita a la mujer raptada, va tranca pero al mismo tiempo se ocupa de ir frenando a su caballo. Eso se ve por cómo tiene el cuello un poco comprimido por la boca tensa, se ve que el caballo está adrenalínico y quiere correr más y el indio chafador de blancas lo para un poco con esa sensación doble tracción en la mano.

Fede Pinedo me dijo que la clase alta argentina desciende de los contratistas de Rosas, de los que vendían la logística para la primera campaña del desierto, la logística para la línea de fortines que ahora son pueblos como General Juan Madariaga. Gonzalo Peltzer me dijo una vez que dentro de ochenta años los apellidos paquetes van a ser De Vido, Baratta, etcétera.

En el cuadro están en el medio de la urgencia de su vida. Da la sensación de que el inglés que pintó el cuadro se cagó en lo que Rosas tuviera para decir del tema. Me dijo mi amigo Emerson Fittipaldi que fue al museo después de haber desayunado un juguito con LSD  y le veía a Rosas un tercer ojo que vigila desde la sien a los que miran el cuadro.

Rosas mira con los ojos standard para el lado del peligro. El tercer ojo no solo es uno más sino que ve distinto. Hoy me fijé qué podría haber flashado Fittipaldi y vi unas pinceladas distintas que bajo un estímulo podría ser visto como algo que brilla y entiende entre la sien y las patillas rubias, la parte occidental de Rosas junto a los ojos azules sólidos.

También miré el Sorolla de los pescadores que vuelven con el sol traslúcido de cuando todavía es temprano. El mar se siente como el mar de verdad, el Sorolla de al lado parece una lámina de esas que hay en las oficinas de abogados que no llegaron pero lo están dejando todo para el lado que está bien.

A la mañana pasé por Alto Palermo. IRSA opera muy fino sobre la atmósfera del lugar. El aire es un poco caliente y denso de una manera que no es molesta, más bien es un poco hipnótica, con olor rico, un intento sintético de que sea como oler a tu mujer a la mañana, o el olor de Libertador estos días, valor por metro cuadrado multidimensional, la comprobación de que la riqueza conviene. El Alto Palermo se tira a tener un cuerpo que huele.

En el Francés de Scalabrini Ortiz y Santa Fe, una mujer en un cajero prefirió no sacar plata porque no entregaba comprobante. Le dije que me interesaba cómo la gente usa los cajeros automáticos y si no le importaba decirme por qué había preferido ir a otro cajero para hacerse del comprobante. Me dijo que porque quería tener constancia de cuánto le depositaron porque le habían avisado que le iban a pagar el sueldo en partes y necesitaba la prueba. Además la señora controla sus gastos guardando los pelpas, no usa homebanking.

La señora era de la clase trabajadora a la que los americanos, que son ingleses ásperos, le dicen blue collar. La puta que es un tema el teléfono descompuesto entre los consumos culturales, creencias, héroes, etcétera, de los blue collars y los de los white collar, so snow white, so cocaine white, para los que la relación con el comprobante es puramente de cuidado medioambiental. Obvio no da imprimir el ticket salvo que estés en una urgencia y necesites mirar el papel de camino a la calle, al auto, a lo que viene.

Caminar por Libertador con solcito un día de semana al mediodía es puro management sueco de la vida. En el Claridge, Robled me regaló unos jabones que le pintó traerme. Se regala muy poco la gente por la malaria, debiéramos ir a un intercambio de regalos mínimos y festivos. Yo le regalé dos pañuelos calesita, uno de lunares rojos y otro de azules, de la Tabaquería Inglesa. Los pañuelos calesita tienen los lados distintos y tenés muchos pañuelos en uno. Con uno a lunares rojos y otro a azules ya resolviste el tema pañuelos.

En este país hubo un juez que arreglaba sus sentencias avisando a través de su secuaz con qué corbata iba a ir a la audicencia, así el interesado tenía alguna seguridad a la hora de poner. Es esa picaresca del choreo que el establishment extendido festeja como si fuera una de Scorsese y la parte Flanders barrial de la Sociedad mira con morbo en la tele y así se entera de cuánto pesa la guita.