Resultados dispares y anécdotas imborrables: la carrera de Maradona como entrenador

El Canciller - Comentarios

Habían pasado 24 años desde la última vez que dirigió en el país. Fue en mayo de 1995, cuando pegó el portazo en Racing tras solo 11 partidos. Tiempo después, regresó a Boca Juniors como jugador y se retiró en un clásico ante River Plate, en el Monumental. Con 58 años, en septiembre de 2019 anunció que haría The Last Dance en la Superliga con Gimnasia de La Plata.

El Lobo platense fue el séptimo equipo que condujo en una carrera que estuvo signada por desafíos de baja trascendencia, a excepción del período en el que comandó a la Selección Argentina.

Se inició en la profesión muy joven, a los 33 años. Fue en octubre de 1994, cuando tomó las riendas de Deportivo Mandiyú de Corrientes. Maradona había sido suspendido por la FIFA en el Mundial de Estados Unidos a raíz del dóping por efedrina y arrastraba una sanción que no le permitía jugar durante 15 meses. Por eso, aceptó el desafío que le propuso el diputado justicialista Roberto Cruz, presidente de la institución, pero no le fue nada bien: en 12 partidos, ganó solo uno y se fue enemistado con quien lo contrató. Duró dos meses.

Al poco tiempo llegó a Racing. En marzo del 1995, el presidente Juan De Stéfano, en colaboración financiera con el empresario Eduardo Eurnekian, lo convenció para dirigir a La Academia y ponerse los cortos cuando finalizara la suspensión, en septiembre. Dejó una anécdota imborrable: durante un Independiente-Racing que finalizó 0-0 en la vieja Doble Visera, fue expulsado por tirarle agua al juez de línea. Luego declaró que el juez tenía que dejar su puesto en el arbitraje.

Al igual que en Mandiyú, lo acompañó como ayudante Carlos Fren, que dirigió varios partidos oficiales por las ausencias permitidas que tenía el Diego. También estuvo solo dos meses y el rendimiento no varió demasiado: dos triunfos en 11 partidos. Su salida fue intempestiva y estuvo vinculada a la victoria de Osvaldo Otero en las elecciones presidenciales del club.

Desde ese entonces, pasaron 13 años hasta que volvió a dirigir. El retorno fue a toda orquesta. Maradona se calzó el buzo del seleccionado nacional en 2008, tras la salida de Alfio Basile, para afrontar las Eliminatorias de cara al Mundial 2010.

Aquella fase previa fue una de las más tortuosas que se recuerden. Argentina caminó varias veces por la cornisa, pero aquel gol de Martín Palermo a Perú bajo una tormenta torrencial en el Monumental, con piletazo del Pelusa en cancha incluído, encaminó la memorable clasificación. El Mundial de Sudáfrica fue bueno hasta los cuartos de final, donde se cruzó con el primer rival serio del torneo. Alemania lo barrió por 4-0 sin objeciones.

A mediados de 2011 arribó a Dubai para comandar al Al Wasl. Estuvo poco más de un año, cosechó buenas estadísticas pero el vínculo no terminó bien: perdió la final de la Copa de Campeones del Golfo y lo despidieron.

Volvió al ruedo en mayo de 2017, cuando asumió en Al Fujairah, un equipo de la segunda división de los Emiratos Árabes Unidos. Fue tal la locura por su llegada que el presidente de la institución le ofreció una casa con un zoológico en el patio. Maradona le dijo que le daban miedo los animales y no aceptó.

Le fue de maravillas en cuanto a resultados: ganó 11 partidos y empató 11, terminó invicto, un hecho inédito en la historia del club, y quedó al borde del ascenso a la Primera División. Tras ser derrotado en la final, renunció en abril de 2018.

Cinco meses después, en septiembre del año pasado, revolucionó Sinaloa: desembarcó en Dorados, de la segunda división mexicana, y armó un equipo con muchos argentinos -y Luis Islas en el cuerpo técnico-. Fue tal el bullicio por su llegada que ESPN decidió transmitir todos los partidos en directo y poner una cámara especial que lo enfocaba en el banco de suplentes.

La inyección del entrenador argentino fue fundamental: previo a su llegada, el equipo se encontraba último, sin triunfos en seis partidos diputados y corría riesgo de perder la categoría. “Los chicos están haciendo que me sienta jugador de fútbol todavía, quiero meter piques y enganches”, manifestó en ese entonces. Luchó por el ascenso y cayó en las dos finales ante el Atlético de San Luis, que finalizó campeón invicto.

Apenas semanas después de desembarcar en Culiacán, inusuales tormentas azotaron al territorio y 11 de los 18 municipios que conforman la región fueron declarados zonas de emergencia. El Diez firmó 100 pelotas para repartir entre los hinchas y pidió a los beneficiados que, a cambio, colaboraran con recursos para los damnificados por las inundaciones.

En la primera semana de septiembre de 2019, el presidente de Gimnasia, Gabriel Pellegrino, logró el objetivo de convencer a Diego para que se hiciera cargo del primer equipo del Lobo. El Pelusa dio el sí y el resto fue historia: camisetas, banderas, murales, tatuajes, todo estuvo a la orden de una revolución con epicentro en el Bosque platense y magnetismo en toda la ciudad de las diagonales.

Maradona llegó a un equipo hundido en los promedios, que había cosechado apenas 1 punto en cinco fechas y con sólo dos goles a favor. Su arribo contagió a todos los futbolistas, que dejaron al equipo con chances matemáticas de permanecer en Primera División cuando la pandemia del nuevo coronavirus irrumpió en la Argentina. La AFA decidió, meses después, que no habría descensos.

Pero, además, el entrenador promovió juveniles que brindaron soluciones en medio de un presente por demás adverso: Leandro Contín, José Paradela y Matías Miranda fueron los mejores exponentes.