Va circulando la política porque el juego necesita hacerse más ágil. Lo saben todos los motherfuckers: el momento es particularmente urgente.

Liviana como el agua sube la política en la Ciudad y todo se pone más ondero. República versus Republiquita se preparan para la definitoria de esta época. Las elecciones del 19 son la batalla de Pavón y Gettysburg, que bastante nos cosquillean en las bolitas a nosotros que tenemos una Constitución escrita en otro idioma.

Los tiburones, animal al que hay que darle pelota, entre otras cosas porque de movida vienen con nombre apto lenguaje inclusivo, por esta hora empiezan a ponerse de acuerdo en cada uno de los bandos, en todas las tribus, en todas las alianzas y traiciones secretas, que, por supuesto, están bien porque están hechas para sobrevivir, permanecer y llegar.

Los profesionales y los avispados ven a la ciudad como un lugar de roscas, de enchufes que tienen corriente de manera intermitente; por rachas. Corriente continua o de corte con final abrupto. Los profesionales y los avispados saben que lo que pase en este año y medio va a haber que cargarlo mucho tiempo, como una marca indeleble o ganar e ir fresco como arriba de un caballo. El flash patriótico es muy florido, pero para bien, te endereza la espalda.

El terrario de la ciudad se pone eficiente entre las personas, porque con los números no da.

Los valientes mandos medios del Gobierno se reúnen en bares con barra a las cuatro de la tarde, pero se piden un jugo entre tres porque no beben cuando conducen. Les pibes de La Cámpora (respect) abusan del cuban dirty look en algún lado y habiéndose pasado las facturas amargas de sus temas ahora se organizan, que es otra forma de decir que se ponen de acuerdo.

En un séptimo piso va a haber una fiesta de amigos del laburo que ahora se hacen amigos posta bailando. Hacer política también es juntarse tirando facha, sabiéndose las letras de las de Bruno Mars.

Lo que me recuerda que por Santa Fe a las siete de la tarde iba Melero, rebotaba suave y estaba también en la estratósfera. Le dije que una vez había hablado con él por Yul Acri y Cyn Rosenfeld. Fue muy amoroso, pero no tenía ni puta idea de haber hablado conmigo antes. Tenía la mano mullida y calentita. Me dijo que había que pensar en la comunicación que tienen los líquenes entre sí. En la próxima vuelta hay que estar en temas más amables.

Ahora me despierto y diluvia, mientras el agua limpia alcantarillas en Palermo. El señor no era Melero, era uno parecido que vendía anillos por los bares.

El agua de la política vino a calmar la angustia de este pueblo con bares. La gente se está consiguiendo una misión para tener la cabeza ocupada. Los bares están bien y el del Colón Ajoba, también. Te cargan el teléfono y te prestan papel y birome. Ideal si venís caminando desde hace un buen rato.