Reseña: El Camino, un digno regreso al universo de Breaking Bad

El Camino muestra a Jesse Pinkman convertirse en un adulto que debe replantearse las acciones que lo llevaron a su estado actual. ¿Y Walter White? La película de la popular serie ya puede verse por Netflix.
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Seis años después del final de Breaking Bad, Vince Gilligan regresa con muy buenos resultados en la continuación y cierre de la historia de Jesse Pinkman y las siguientes 48 horas desde “Felina”, el último episodio. Aunque Bryan Cranston (Walter White en la ficción) haya declarado que “a veces las cosas que mueren hay que dejarlas en ese estado”, en el festejo del 10° aniversario de la serie el año pasado se anunció el desarrollo de El Camino: una película de Breaking Bad, el film por parte de Sony Pictures, AMC y con distribución global de Netflix que a partir de este viernes ya se encuentra en la plataforma.

Vince Gilligan, Aaron Paul y Bryan Cranston. Foto: Charley Gallay/Getty Images for Netflix.

El Camino comienza donde finalizó Breaking Bad: Jesse escapando de tío Jack, Todd y su banda; y dejándolo a Walter desangrarse, gesto que se siente cercano a la justicia. La intención del largometraje intenta explicar los últimos días de Pinkman encerrado con los nazis, pero también un repaso por los hechos de la ficción como una especie de redención, y para encontrar las llaves que lo lleven afuera de la ciudad. Dinero, despedidas, enfrentamientos no buscados y traiciones, son los condimentos fundamentales de Breaking Bad en toda su historia

Y aunque parezca un capítulo largo, lo cierto es que el personaje tiene un objetivo claro y va en busca de ello. Cine de autor en su máxima expresión. El film no decepciona, y ofrece un espectáculo visual y rítmico de buen nivel. Con la dirección y libros de Gilligan, la película prometía un interesante cierre a la historia del personaje de Aaron Paul y cumple; funciona en términos estéticos y narrativos, y aunque no deslumbra, la unión de los puntos altos entregan una pieza interesante. 

Entre las buenas elecciones, el film no intenta abarrotar de momentos de acción o reencuentros forzados, sino que se toma el tiempo para construir con paciencia y elegancia visual, cada una de las escenas en las últimas horas en pantalla de Pinkman encarnado por un excelente Paul. Como mínimo, el actor que será protagonista de la 3ra. temporada de Westworld, merece nominación a los Emmy, galardón que ya consiguió por este mismo papel.

Respecto al elenco, entre los actores que acompañan al ex socio de Walter White, se destaca la participación de Jesse Plemons de nuevo como el perverso Todd, personaje odiado y villano número uno de la última temporada. Plemons despegó su carrera gracias a este personaje, pero en su vuelta, pese a su cambio físico y que no se acomoda a la cronología de la película, ejecuta un desempeño actoral también destacable en la próxima temporada de premios. Ya fue nominado por su desempeño en la cuarta temporada de Black Mirror y en la segunda de Fargo

Respecto al eje de la película, la estructura revela que, para conseguir su objetivo, Pinkman deberá resolver conflictos que se le van poniendo en el camino, y que funcionará como una especie de jaula como en la que estuvo encerrado en los últimos capítulos de la serie. Mediante flashbacks que evidencian su estado mental, algunas piezas del pasado entregan momentos claves no solo de su labor delictiva, sino de un joven Pinkman todavía con sueños académicos. Lejos quedó el “héroe” rebelde de las primeras temporadas comparado con esta casi sombra que debe replantearse todo para un nuevo comienzo. 

Quizá lo más interesante es la utilización de toda la mitología de Breaking Bad para darle rienda suelta a una historia de escape y, sobre todo, redención al personaje, pero sin negociar los tiempos construcción cinematográfica. Gilligan no privó al espectador de esos planos grandilocuentes a la hora de retratar Alburquerque y otros escenarios como Alaska. Tampoco en la composición de planos, digna de las mejores escenas de la serie. Los momentos nostálgicos también dicen presente.

Con ritmo tenso, la conclusión satisfactoria y la gran escala visual que empuja a esta distinción, el gran nombre detrás de esto es Gilligan, quien accedió a este nueva producción de Breaking Bad para alegría de los fans en “pantalla grande” (se estrenó en algunos cines de Estados Unidos). Aunque el mayor porcentaje lo vaya a ver en formato hogareño, la calidad sonora y visual le hace justicia al formato. Claro que también hay momentos para géneros como la escena western, una de las mejores del metraje de dos horas. 

En resumen, El Camino muestra a Pinkman convertirse en un adulto, alguien que debe replantearse sus acciones ya que ellas lo llevaron a su estado actual. Ya no vestido con camperas de colores y encapuchado la mayoría del tiempo, logra esta metamorfosis gradual y bien acompañada de recuerdos y reencuentros, gracias a la pericia actoral de Paul. ¿Si aparece Walter White? Es anecdótico. El Camino se sostiene por sí sola, una extensión que le hace justicia a una de las mejores series de la historia de la tv.