Quiebra Gilligan la defensa corporativa del Gobierno y crece la incertidumbre por otros casos

El portazo del funcionario desnudó la estrategia del oficialismo. El póquer de ministros sospechados de corrupción sobrevivió a la prensa nacional, pero continúan malheridos
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El Gobierno cortó por el hilo más delgado y eyectó al -ahora- ex subsecretario General de la Presidencia, Valentín Díaz Gilligan. Más allá de la búsqueda de oxigenar la gestión y de blindar la figura del presidente Mauricio Macri, el desenlace configura un serio traspié que hiere el “relato” amarillo. La investigación del diario El País de España desarticuló la defensa férrea que se venía sosteniendo sobre funcionarios con supuestos casos de corrupción y/o manejos opacos de su labor en la función privada.

El portazo ¿o fue una renuncia inducida? de Gilligan se produjo luego de la revelación de que tenía 1,2 millón de dólares en una cuenta offshore que no había declarado en el paraíso fiscal de Andorra. Un ejemplo de la rapidez con la que el funcionario salió eyectado lo dejó expuesto el diaro El País (quien publicó la información): “Tardó tres días pero finalmente dimitió”. Si bien Gilligan era un funcionario de segunda línea -en los papeles era el N°2 del secretario General de la Presidencia de la Nación, Fernando De Andreis- todavía no está determinado ni su reemplazo ni el impacto que causó en Balcarce 50. Para echarle nafta al fuego, Peña intentó justificar al funcionario: “No estamos hablando de fondos públicos” ¿Acaso eso es un aliciente? El periodista de La Nación, Hugo Alconada Mon, graficó el contraste de la defensa sobre primeras líneas del Gobierno y funcionarios como Díaz Gilligan: “Díaz Gilligan ocultó que fue titular de una CUENTA offshore que manejo $$ de tercero (sería Paco Casal). Omisión maliciosa. Renunció. Luis Caputo ocultó que fue accionista de un ENTRAMADO offshore que manejó $$$ de terceros (no se sabe quiénes son). Omisión maliciosa. No renunció”, tuiteó.

Los casos de los ministros Luis Caputo (Finanzas), Jorge Triaca (Trabajo) y Luis Miguel Etchevehere (Agroindustria) fueron un claro ejemplo de la estrategia defensiva del Gobierno: primero minimizar la información periodística y luego ratificarlos rápidamente en el cargo. El escándalo que pesó sobre el titular de la cartera laboral fue el caso que más le costó al oficialismo de blindar. Luego de que se conociera un audio en donde insulta a Sandra Heredia, una ex empleada doméstica que trabajaba en la quinta familiar del ministro y que fue designada en el SOMU, sindicato que intervino Triaca, Peña, tuvo que salir en reiteradas oportunidades para hacer de bombero e intentar apagar el incendio: “Es un error, no algo que tenga que costarle el cargo”, dijo en su momento.

Ayer Etchevehere defendió el bono de $500 mil que le entregó la Sociedad Rural Argentina luego de pegar el salto al Estado para ser ministro de Agroindustria. “Si venimos de una época donde todo es sospechoso y todo está mal, entiendo que hay que exagerar las acciones para contrarrestar y demostrar que no pasa por ahí la cuestión”, explicó y dejó en claro que “el punto principal del gobierno es levantar la vara de lo que sea la transparencia, todos los preceptos republicanos, y generar confianza con la sociedad”, dijo. Finalmente devolvió la plata ¿En concepto de qué lo recibió?

La caída de Gilligan asoma en una semana compleja para el Gobierno mientras se ultiman detalles del 21-F, la marcha de Hugo Moyano. La defensa del Gobierno hizo agua y fueron insuficientes: el funcionario mintió lisa y llanamente.