Protege Pagni a Ramos Padilla y señala nexos del Gobierno con servicios paraestatales de inteligencia

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Cuando las relaciones de poder se tensan, afirma Carlos Pagni, los conflictos se agudizan y asoma el nerviosismo. En su columna en Odisea (LN+), el editorialista aseguró que el juicio político iniciado por el presidente Mauricio Macri al juez federal Alejo Ramos Padilla no obedece a un intento del oficialismo de salvar al fiscal Carlos Stornelli, sino a la búsqueda de resguardar un mecanismo que el macrismo prometió terminar pero terminó profundizando: el uso de los servicios paraestatales de inteligencia.

Pagni parte de los vínculos de los dos protagonistas de la denuncia que cayó en manos de Ramos Padilla, el empresario Pedro Etchebest Rodríguez y el presunto abogado Marcelo D’Alessio. Denunciante y denunciado formarían parte de un entramado más complejo que se extiende hasta Gustavo Arribas, titular de la AFI y confidente del presidente Macri. Etchebest negó trabajar para los servicios de inteligencia pero admitió haber compartido oficina con dos excomisarios vinculados: Aníbal Degastaldi y Ricardo Bogoliuk, que también están detenidos.


D'Alessio y Etchebest en Pinamar.

Esos vínculos le sirvieron a Etchebest para idear el plan de contrainteligencia contra D’Alessio, que intentó extorsionarlo diciéndole que su nombre (el de Etchebest) aparecía en la causa de los cuadernos, pero que podría salvarlo con una contraprestación económica. Etchebest, señala Pagni, no improvisó en nada: lo filmó, lo grabó. guardó los chats y consiguió que las reuniones sean fotografiadas. El empresario incluso logró que todas las reuniones tengan lugar en Pinamar, un dato no menor ya que aseguraba que la causa vaya a las manos de Ramos Padilla. Cuando su casa fue allanada, mientras se extraían 47 bolsas de residuos con documentación de inteligencia, D’Alessio dijo que trabajaba para la AFI y sus superiores eran Bogoliuk y Degastaldi, los dos excomisarios que compartían oficina con Etchebest. “Da la impresión de que se trata de una banda que se rompió”, conjetura Pagni.

Como en la parte superior del entramado aparece Arribas y, al fin y al cabo, el propio Macri, el gobierno busca detener a Ramos Padilla, un magistrado impoluto que obtuvo la puntuación más alta para ser nombrado en el juzgado federal de La Plata, poderoso porque tiene competencia electoral en la provincia de Buenos Aires. “Hay una contaminación vergonzosa que ofende a la democracia argentina, entre servicios de inteligencia oficiales o clandestinos y la Justicia federal. Ahí está husmeando Ramos Padilla y da la impresión de que por eso se lo quiere destituir”, explica Pagni.


Juez federal Alejo Ramos Padilla

El avance de Ramos Padilla genera nerviosismo en el oficialismo. En su exposición en el Congreso, el magistrado mostró algunas evidencias del caso que investiga, entre las que se aparecían audios de WhatsApp que aparentemente D’Alessio le enviaba a la diputada de la Coalición Cívica Paula Oliveto. Aunque el juez no mostró ninguna prueba que no fuese conocida con anterioridad, el caso tomó mayor relevancia gracias a la tribuna de diputados kirchneristas que se encolumnaron detrás de la presentación.


Elisa Carrió y Paula Oliveto

Para Pagni, la urgencia llevó al oficialismo a cometer errores: en vez de denunciar a Ramos Padilla a través de un militante, puso la firma el propio presidente. Debido a que Macri tomó cartas en el asunto, al editorialista no le sorprendería que el caso de D’Alessio, una olla que el gobierno quería mantener tapada y que debió “ocultar con picardía”, ocupe la prensa internacional.

El asesor ecuatoriano Jaime Durán Barba le ofreció a Macri, en la campaña de 2015, eliminar la AFI. La iniciativa aparecía en una diapositiva oficial. Hernán Iglesias Illa, hombre clave en la comunicación del gobierno, autor del libro “Cambiamos”, contó que el ítem fue borrado de un día para el otro. Una vez electo pero antes de asumir, Macri afirmó que pondría a un hombre de extrema confianza al mando de la AFI pero que el organismo se dedicaría a la seguridad nacional y abandonaría su vieja usanza de “hostigar a los ciudadanos”, algo que Ramos Padilla presume que sigue sucediendo.


Iglesias Illa presentando el libro “Cambiamos”

Si la economía no responde y la inflación se mantiene alta, la única apuesta que le queda al Gobierno de cara a las elecciones es la institucional. Pero si las presunciones de Ramos Padilla son ciertas, el oficialismo habría mostrado una continuación de lo que prometió dejar atrás.