Propaga miedo un Estado Islámico debilitado por la pérdida de Raqqa

ISIS es el actor terrorista más peligroso de los últimos tiempos. Ocho personas murieron tras un ataque en Manhattan, cuando parecía que la organización estaba perdiendo poder.
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Sayfullo Habibullaevic Saipov es el hombre de 29 años que atropelló a decenas de personas en la ciudad de Nueva York y terminó con la vida de ocho personas, entre las que figuraban cinco argentinos. Hace dos semanas, el Estado Islámico sufría un golpe sin igual: las milicas kurdas y árabes, con ayuda del potente ejército estadounidense, le quitaban Raqqa, su bastión principal en Siria. Sin embargo, cuando parece que ISIS pierde poder, ataca con un arma única y letal: la vida.

Luego del ataque de hoy, fuentes de seguridad informaron que Sayfullo Saipov dejó una nota en el camión que utilizó para embestir a decenas de personas en una ciclovía, afirmando que llevó a cabo el ataque en nombre del Estado Islámico -o ISIS-.

Dispuestos a morir

Mahatma Gandhi, tal vez el máximo pacifista que tuvo la humanidad, dijo una vez: “Existen muchas causas por las cuales estoy dispuesto a morir, pero ninguna por la cual esté dispuesto a matar”.  Nelson Mandela pronunció palabras similares en su lucha por la igualdad étnica: “Es un ideal por el que espero vivir y que espero ver realizado. Pero, si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”.

La mentalidad e ideología de Estado Islámica es igual y, al mismo tiempo, contraria: un idea por el que se está dispuesto morir y a matar. En este punto radica la imposibilidad o, al menos, la dificultad contra cualquier tipo de ataque terrorista. ¿Qué se puede hacer para detener a una persona que está dispuesta a morir con tal de asesinar a algunos civiles?

Medidas de seguridad

Durante uno de los últimos atentados, Martín Lousteau -cuando todavía era el embajador de Argentina en Estados Unidos-, habló de la complicación de los ataques terroristas que se ejecutaban en el país donde recidía. “No hay accionar de seguridad posible, o al menos éste queda muy reducido, contra una persona que decide ponerse un chaleco bomba y salir a la calle”, dijo al ser consultado por radio.

Ataques en Siria

El 17 de octubre, trascendió en los medios que los ejércitos kurdos y árabes, con ayuda de Estados Unidos, tomaron la capital del Estado Islámico. Apenas cinco días más tarde, Rusia denunció que las fuerzas de Trump “borró a Raqqa de la faz de la tierra” a base de bombardeos, un accionar catalogado como “típico” de Estados Unidos. De todos modos, los intereses económicos de todas las potencias en aquellos países hace imposible creer cualquier discurso.

Luego de tal acto de violencia, Estado Islámico contrataca a su manera: atentados cuyos victimarios firman a nombre de esta “franquicia de la violencia”. Las medidas restrictivas tampoco son la solución. Sin mencionar que potencian la discriminación hacia un montón de inocentes por usar sus rasgos faciles, ropas o creencias.

En un mundo plagado de armas, con la máxima potencia económica que propaga la militarización hasta en los supermercados, ya no se requiere tomar un avión y estrellarlo contra dos torres para cometer un acto de terrorismo. Basta un auto, un arma, una bomba y un mártir.