Pierde Lula la batalla contra la Justicia, acuerda su entrega y negocia condiciones

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Tras 18 horas de vencido el plazo impuesto por el juez federal Sergio Moro, Lula Da Silva continúa en libertad aunque a pocas horas de ser detenido finalmente. Moro había puesto límite hasta el viernes a las 17hs para que se presentara ante la policía en Curitiba, a unos 417 kilómetros al suroeste de São Bernardo do Campo, un suburbio de San Pablo donde se encuentra ahora.

Sin embargo, Lula no se entregó y la policía no se animó a entrar al edificio, rodeado por miles de seguidores, para no provocar disturbios violentos.

Después de pedirle al Tribunal Superior aplazar la detención hasta el lunes y que este lo negara, la defensa del ex mandatario solicitó que pueda presenciar la misa por el primer aniversario de la muerte de su esposa. María Letizia, mejor conocida como Marisa, hubiese cumplido 68 años hoy.

Sobre una plataforma armada al exterior de su refugio, la celebración religiosa comenzó cerca de las 11 de la mañana; aunque estaba pautada para las 9.30, se retrasó por problemas técnicos.

Luiz Inázio Lula Da Silva está en la mira de todos. Policías, ciudadanos brasileros, personalidades del mundo, atentos a su mirada triste y las lágrimas en los ojos emocionados que transmiten la televisión y las redes sociales a todo el planeta.

Dilma Rousseff estuvo firme a su derecha, mientras que el sacerdote hablaba a su izquierda. En un silencio plagado de tristeza, las miles de personas escucharon atentamente al cura que recordaba la historia de María Letizia, la vida de la mujer de Lula atravesada por la realidad política brasileña y que todos los ciudadanos vieron como televidentes.

Al borde de las lágrimas, la expresión de Da Silva se transformó en el clima del día y de sus seguidores, todos atentos a la inminente detención.

Marisa fue más que “la mujer de Lula”, la ex primera dama, fanática de los “spaghettis a la carbonara”, creó la primera bandera del partido de los trabajadores y se incluyó en la historia del país vecino y en la lucha de los trabajadores.

En el medio de la celebración, a Lula le acercaron una carta que leyó atentamente, saludó a alguien del público y continuó pensativo. En la misa, hubo canto también al ritmo del clásico “Maria, Maria” de Milton Nascimento y el infaltable cántico popular “María presente”, cada 10 minutos.

La misa continuó con unas palabras de Dilma Rousseff. La ex presidente dio un discurso pacifista, incitando la paz y no la violencia. Sin perder las esperanzas en un futuro mejor, se notó en la cansada ex mandataria una resignación por la libertad de su compañero.

Contó un detalle no menor, como que el mismo Papa Francisco designó al sacerdote que realizó la celebración religiosa. El apoyo de la Iglesia católica a Lula Da Silva es innegable.

Ante los aplausos multitudinarios, comenzó un cántico popular entre los seguidores: “Resistencia, no se entrega”. Un símbolo de las últimas horas.

Los medios brasileños advirtieron que después de la rendición de Lula, el PT entregará a todos los medios del mundo un video en el que él cuenta su historia.