Vecinos en guerra

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El Libro Blanco para la Defensa es la hoja de ruta que expresa los intereses, objetivos, prioridades y desafíos de las Fuerzas Armadas de Brasil. Se actualiza cada cuatro años y en esta última versión agrega un elemento novedoso vinculado a la caracterización de la región como una posible zona de conflicto. Para el texto oficial esta hipótesis de conflictividad en Sudamérica está relacionada con el crecimiento de la injerencia extranjera en el que se considera el entorno estratégico nacional (América del Sur, Atlántico Sur, Costa de Oeste de África y a la Antártida) que es la zona de preferencia de Brasil como el Amazonas.

Si bien no hay una mención nominal de países con quienes podría abrirse un conflicto, el trazo fino del documento confirma que los militares están alineados, con matices, con Estados Unidos ante el avance de potencias extrarregionales como China y miran con desconfianza los vínculos del gigante asiático con Venezuela, Ecuador y Argentina, sobre todo en el plano de la defensa. A su vez, preocupa el rol de Rusia en la frontera venezolana que podría permitirle el acceso a los recursos del Amazonas y los movimientos de grupos irregulares en el límite con Colombia que vinculan, aparentemente, a sectores relacionados con el crimen organizado como el Comando Rojo de Río de Janeiro con el Ejército de Liberación Nacional de Colombia.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y el vicepresidente, Hamilton Mourao.

Cabe recordar que a diferencia de los militares que ocupan cargos en el gobierno, las Fuerzas Armadas comandadas por Edson Leal Pujol han tomado distancia de los postulados más radicalizados del gobierno de Jair Bolsonaro, por ejemplo, respecto de una posible inclusión militar en Venezuela como parte de la estrategia de Washington para sacar a Nicolás Maduro del poder. Los militares en ejercicio no son aventureros, piensan en términos de defensa y se oponen a ser responsables de la inestabilidad en un continente que tienen que conducir. En ese punto, hubo un nexo entre retirados y activos, ya que el vicepresidente Hamilton Mourao tiene vínculos históricos con las Fuerzas Armadas Bolivarianas de la etapa en la que fue agregado militar en ese país en tiempos de Dilma Rousseff, y es una carta para la moderación y el diálogo en caso de que la crisis crezca.

De todas formas, el estado de alerta de los militares brasileños con Venezuela no tiene que ver con la intención de un cambio de régimen político sino con lo que consideran un avance de la presencia china y, sobre todo, rusa en la cooperación militar. Esto, según la lógica de defensa de Brasil, aumentará la presión de Estados Unidos provocando el riesgo de una guerra “proxy” o guerra subsidiaria, un tipo de guerra que se produce cuando dos o más potencias utilizan a terceros como sustitutos, en vez de enfrentarse directamente. Venezuela tiene todos los números para ser anfitrión de esa situación.

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En el caso de Argentina, China instaló una base espacial en Neuquén durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner que es monitoreada por el Consejo Superior que nuclea agencias que reportan directamente al Ejército Popular Chino. En los papeles, las tareas de esta base de 200 hectáreas es de observación radioastronómica y controles de telemetría, telecomando y control de misiones interplanetarias al espacio profundo.

La concesión por 50 años con exención impositiva la otorgó el gobierno de Cristina pero se mantuvo durante el gobierno de Mauricio Macri al punto que Argentina colaboró desde abril del 2018 en el proyecto Chang-E 4 que investigó el lado oculto de la Luna. Cuentan que hace poco tiempo hubo un reproche de un funcionario brasileño a un ex integrante del gobierno de Macri: ¿Y qué pasa con la base China? ¿Por qué Macri no la sacó? ¿Alguien en Argentina estaría dispuesto a sacarla? ¿Qué tipo de actividad militar realizan los chinos ahí?, manifestaron enojados.

Este espacio ubicado en la Patagonia es de interés estratégico para el gobierno chino, ya que desde allí acaba de mandar una misión a Marte y está en condiciones de disputar la carrera especial mano a mano con la Casa Blanca. Más allá de las especulaciones, lo importante es preguntarse si esta situación puede tensar más la relación con Brasil.

La base espacial china en Neuquén.

Una de las redactoras de estos nuevos documentos es Mariana Kalil, profesora de la Escuela Superior de Guerra del Ministerio de Defensa de Brasil, quien habló en exclusivo con El Canciller y dijo que “es cierto que hay una preocupación en Brasil sobre la política argentina, en particular con el acercamiento de China en materia de defensa, porque en la región hay un problema con la presencia militar de Rusia en Venezuela”. “Lo que no les gusta a los militares y al Ministerio es la injerencia extranjera, o más precisamente la intervención extrarregional en la crisis. El problema no es Argentina o Venezuela, sino los actores externos”, detalló.

Para la profesora de la Escuela de Guerra del Ministerio de Defensa de Brasil la presencia sino-rusa es un problema porque “sabemos que EE.UU. tiene muchos intereses en la región y eso puede crear confusión y forzar a Brasil a tomar una posición”. “No trabajamos la cuestión de la guerra contra Venezuela o un problema con Argentina, pero sí abordamos lo que vemos que es una injerencia extranjera. Con Argentina hay solo una preocupación sobre para dónde irá la correlación nuclear y comercial si está China en el medio”.

De todas formas, Kalil aclaró que “lo que preocupa a Brasil de la presencia china en Sudamérica no es la presencia per sé, sino que aquellos países que tiene gran cooperación histórica con Brasil pongan el vínculo en cuestionamiento”. El riesgo que observa Brasil entonces tiene que ver con evitar una guerra que lo obligue a tomar partido y que el gigante asiático perjudique sus intereses en territorios con relaciones históricas como Argentina. ¿Qué pasaría con los acuerdos vigentes si China ofrece mejores condiciones? Y en ese caso, ¿qué está dispuesto a hacer el gobierno de Bolsonaro para evitarlo?

Lo que aparece en el horizonte suramericano es un tironeo violento entre Estados Unidos y China. Mientras la Casa Blanca se repliega sobre su zona de influencia de manera mucho más agresiva, China ofrece condiciones de intercambio comercial y lo más importante en medio de una crisis global: plata. En ese marco, una región desarticulada y sin liderazgos tiene el profundo dilema de elegir bando o sufrir las consecuencias. Las Fuerzas Armadas brasileñas ponen el ojo en China y Rusia, pero habría que analizar qué pasa con Estados Unidos, ya que Brasil forma parte del Comando Sur que hace unas semanas se reunió con el mismísimo Donald Trump. Según Kalil, “la presencia de Brasil en el Comando Sur tiene un costado de aproximación política pero por sobre todas las cosas se explica en términos tácticos y operacionales”.

El presidente de China, Xi Jinping, y de los Estados Unidos, Donald Trump.

La funcionaria sostuvo de manera contundente que “no vamos a hacer lo que Estados Unidos quiera, no vamos a tener una alianza sin pensar en las consecuencias. Los intereses de Estados Unidos son de Estados Unidos, no de Brasil, y las fuerzas y el Ministerio lo saben. Tenemos una burocracia que fue educada sobre el poder norteamericano, ellos saben lo que Washington quiere y no van a hacer lo que ellos digan. No habrá una alianza sin cuestionamientos”.

Hay que diferenciar las prioridades de la institución militar con las del gobierno. En algunos escenarios juegan juntos por el “interés nacional” (el rechazo al planteo del gobierno de Francia sobre el Amazonas es un ejemplo) mientras que en otros se busca evitar males mayores como conflictos militares evitables o preservar vínculos estratégicos con socios históricos. Las Fuerzas Armadas tienen la certeza de que cumplen el rol de moderador, no solo de la política interior sino también en la región en la cual, como explicó Kalil, dicen tener “el mandato constitucional de defender la autonomía de su país, la integración regional y el principio de no intervención”. Además, sostiene que “de ninguna manera” habrá más injerencia estadounidense a través de las Fuerzas Armadas de Brasil. “Los militares estadounidenses van a Estados Unidos a aprender lo que tienen que aprender y vuelven, más allá de las señales del gobierno para una alianza con Estados Unidos, las fuerzas son tres burocracias diferentes”, dicen.

De esta manera, los nuevos documentos en el que los militares plantean el estado de situación del entorno estratégico nacional debe servir como un análisis de una coyuntura que se presenta complicada, y en la cual la región parece estar signada a ser el epicentro de los conflictos entre las principales potencias. Como si faltara agregar algún elemento a este momento de pandemia y crisis planetaria. La moneda está tan en el aire como el futuro inmediato de los latinoamericanos.