Una foto que no disimula las internas

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El jueves 20 de febrero, finalmente, fue el día elegido por Mauricio Macri para hacer su reingreso a la política argentina. El ex presidente armó una reunión en sus oficinas y se ubicó en la cabecera de la mesa que algunos llaman chica pero que lejos está de eso. Una mesa chica, en general, tiene un líder y algunas personas de confianza de ese líder, que son escuchados pero donde queda claro que quien decide es uno sólo, y es precisamente quien lidera esa “mesa chica”.

Lo que hubo el jueves en Olivos fue una reunión de los máximos dirigentes del Pro, entre los cuales estaba, por supuesto, el ex presidente Mauricio Macri. Pero también estaban la ex gobernadora María Eugenia Vidal y el actual jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta. Tal cual lo señalábamos en nuestro anterior artículo, Macri es un tiempista que sabe medir en qué momento aparecer, y muy aplicado a la hora de ejecutar una estrategia.

Ya no están Jaime Durán Barba ni Marcos Peña (a propósito, el gran ausente de la reunión del jueves), pero el ex presidente estimó que ya era hora de dar el  salto a la política local. Había que marcar la cancha, y Macri lo hizo. No obstante, no fue el único. Uno de los participantes, Cristian Ritondo, lo dejó clarito antes de entrar a la reunión: “No hay un solo referente del Pro. Mauricio Macri ha sido el fundador de este espacio político, pero María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires y Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad son los tres que vienen liderando el espacio político del Pro”.

Si de marcar la cancha se trata, dos futboleros como Macri y Ritondo saben de sobra. Los que conocen el mundo de Juntos por el Cambio hablan de cuestiones que en la superficie no aparecen pero están. Una es que el radicalismo ya no jugará un rol pasivo, y que hacia adentro el Pro tiene dos posturas bien diferenciadas: una más “negociadora” con el presidente, Alberto Fernández, más ligada a la gestión, cuyo referente sería Horacio Rodríguez Larreta, y otra más dura, más radicalizada, que hoy es encabezada por Patricia Bullrich, que a la vez es la mano ejecutora de Mauricio Macri.

Entre esas dos vertientes se dividieron los cargos partidarios en la conducción del Pro. La ex ministra de Seguridad también hizo jueguito y en sus declaraciones deslizó un “somos la principal oposición”. No quedó claro si hablaba del Pro o de Juntos por el Cambio. Los radicales, por las dudas, están avisados. Párrafo aparte para Miguel Angel Pichetto, que decidió salir finalmente del placard y asumir su ideología derechista y neoliberal, abandonar definitivamente el PJ y sumarse al equipo dirigencial del Pro (aunque, se aclaró, en calidad de “invitado”). Un peronista más para sumar a la “pata peronista” que siempre existió en el partido que lidera Mauricio Macri, que dicho sea de paso también estuvo afiliado al peronismo.

En definitiva, el Pro dio los pasos que era necesario dar. Reorganizó el partido, eligió su conducción y empezó a delinear su estrategia opositora. En este último punto, habrá que negociar. Rodríguez Larreta no está desesperado por enfrentarse al gobierno nacional y seguramente Ritondo, en el Congreso, no será tan intransigente como puede serlo una Patricia Bullrich. ¿Será por eso que la ex ministra está analizando una candidatura en el 2021?

Esta semana será el turno de los aliados. Macri se verá con sus socios radicales y de la Coalición Cívica, quienes ya no guardan por el ex presidente el mismo respeto que cuando era el líder indiscutido del espacio. No obstante, nadie en Juntos por el Cambio duda acerca de la necesidad de mantener la coalición unida. Salvo los radicales díscolos, como Ricardo Alfonsín, Juan Manuel Casella y Federico Storani –apellidos de peso pero con escasa incidencia en el poderoso aparato radical–, todos creen que esta alianza de centroderecha se tiene que fortalecer para volver a ser gobierno.

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Para definir quién será el conductor político del espacio tendrá que pasar mucha agua bajo el puente. Por lo pronto, su líder más saliente –que, guste o no, tiene tras de sí el 40% de los votos argentinos– deberá trabajar mucho si quiere volver a ser quien dispute la presidencia en 2023.

Tiene fuertes contrincantes. Y algunos hasta se sentaron en su mesa (chica).