Un año después

El Canciller - Comentarios
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Como un viejo bolero que cantaban en Cha Cha Cha que decía “se me olvidó que te olvidé”, las redes sociales parece que no nos traen el futuro, nos traen el pasado. Dónde estábamos hace un año, la agenda de ese momento, de esa política y esa vida pre pandemia. Y un año atrás, en este año perro, es un siglo atrás. 11 de agosto de 2019 nos trae el recuerdo: el “resultado sorpresa”, la victoria del Frente de Todos en las PASO. Alberto fue el “candidato contra-intuitivo”, porque la primera reacción de aquel oficialismo fue de “alivio”, creyendo -según su propia filosofía- que ese candidato salido del círculo rojo de la política no podía encantar a un país agobiado por la crisis y encorsetado electoralmente por la grieta. ¿Quién iba a pescar mejor en ese “río revuelto” los votos que le faltan?

Esa unidad del peronismo empezó siendo verosímil por razones internas: empezaba de adentro para afuera. Levantando la alfombra y poniendo sobre la mesa lo que había sido barrido bajo ella. Cristina, Alberto, Massa, Moyano, los nombres de quienes volvían a construir un destino común. Certera en su audacia: CFK puso en riesgo algo de sí misma. Y el Frente de Todos maduró rápido porque fue el resultado de un proceso que culminó en la última derrota en cadena del peronismo, la de 2017. De algún modo el Frente fue hijo del “perdimos todos”. Alberto había sido el primer disidente del kirchnerismo: el que se fue después de haber sido, diríamos, su George Martin, el que mejoraba el “sonido” para los oídos de las capas medias aún golpeadas por la crisis de 2001. Y se fue cuando aquella identidad se encarnaba. 2008. Años perros.

Cristina Kirchner y Alberto Fernández en el bunker del Frente de Todos. Foto: Alejandro Pagni/AFP.

Macri perdió en aquel agosto de 2019, lo cual era previsible por la magnitud de la crisis y por algo más que la crisis: la certeza de que no la gobernaba. Sin embargo, la sorpresa estuvo en la diferencia. Casi toda la pedagogía del macrismo desde 2015 se basó en tercerizar el poder político en el otro poder (bajar retenciones para el campo, suprimir la ley de medios para Clarín, reincorporar los gastos reservados de la ex SIDE, y un largo etcétera). Llegar al poder para devolverlo. Y todo jugado a la carta de un plan económico que pretendía, entre otras cosas, abrirse a los mercados de capitales. ¿Cuál era la verdadera tercerización? Eso que Macri llamaba mundo. Finalmente cayó rendido en la fragilidad de su propio “frente externo” cuando se cortó el chorro de deuda. “El peronismo no nos deja”, fue la conclusión “histórica” de su mandato, y se fue yendo del poder en sucesivas caravanas. Lo recordamos. Un degradé propio de su proyecto: de la apertura del debate sobre la interrupción voluntaria del embarazo en 2018 a besar los pies a una señora de pañuelo celeste al grito de “aguante las dos vidas” en 2019.

Pero el 12 de agosto posterior a la noche de su caída electoral, estas fueron algunas de sus palabras en la conferencia de prensa que dio junto a Miguel Ángel Pichetto. “Lamentablemente hoy hemos tenido un día muy malo, estamos más pobres que antes de las PASO, nos ha pegado un impacto muy fuerte en el dólar: de vuelta volvió a subir, con todas las consecuencias que eso tiene. Todos lo sabemos, pero también lo he instruido al equipo económico para que estudie y prepare las medidas necesarias para realmente cuidar a los argentinos, haciéndonos cargo de nuestra tarea que es claramente gobernar, especialmente hacernos cargo de que este proceso electoral no castigue aún más a los argentinos. Si había muchos que estaban con bronca, a partir de lo que pasó hoy en los mercados, las cosas no van a mejorar lamentablemente. Entonces, tenemos que hacernos cargo y lo vamos a hacer, pero también todos tenemos que entender el problema mayor que tenemos hoy los argentinos, que es la alternativa del gobierno. La alternativa kirchnerista no tiene credibilidad en el mundo. Se los vengo contando hace tres años y medio, no tiene la confianza necesaria para que la gente quiera venir e invertir en el país y eso es algo que sobre lo que debería hacer una autocrítica al kirchnerismo y tratar de resolverlo, de construir esa credibilidad que hoy no tiene”.

La conferencia de Mauricio Macri y Miguel Angel Pichetto el día después de las PASO. Foto NA: DAMIAN DOPACIO.

Más, menos, en este argumento se encuentran las ruinas circulares del macrismo. El mundo versus la Argentina. Repetirlo es regodearse en la comodidad del argumento propio. Aquellos días comenzó lo que siguió hasta hoy: culpar a una parte de la sociedad. El hashtag del 12 de agosto decía #SuicidioColectivo. Pero aquel día de agosto, cuando Alberto se impuso por esa diferencia, también informalmente empezó a “gobernar”. Tan así que la campaña entre agosto y octubre mostró a un Macri más suelto y libre (recuperando votos) y a un Alberto que debía medir gestos. La de Macri ya parecía la campaña de un opositor. Como el vacío no existe: para todo el mundo el boletín oficial desde agosto de 2019 se digitaba más desde la cuenta de twitter del candidato opositor que del presidente formal.

Tres puntos

El país ya es otro. Los desafíos del peronismo se presentan también sobre esta suerte de reseteo que habilita la pandemia. A la crisis heredada del macrismo la inundó la crisis de la Pandemia. En el balance “a mitad del río”, sugiero tres puntos a tener en cuenta. Un punto hacia afuera, uno hacia adentro y uno tercero con la Historia.

Lo primero, ¿de qué está hecha la relación con la economía? ¿Quiénes son ese “todos” ahí? ¿Siempre la misma relación contra el campo (y agregado ahora: contra la economía del conocimiento)? Los deberes: defender derechos. Y los mandatos: construir futuro. Diálogo también es rearmar los vínculos con otros sectores. Anota Federico Zapata en Panamá Revista:

“La comunicación es un fenómeno bidireccional, y el campo también es parte de este juego de desencuentros. Pero el gobierno es el dispositivo central de la comunicación política, y por lo tanto es la llave que puede transformar la foto del 2008 en una película con futuro”

“Si el peronismo nacional decidiera avanzar en un proceso de suturación de la grieta que lo separa con el sector, debería reformular las respuestas que desde 2008 se viene dando en relación con dos preguntas centrales. La primera, sobre el territorio de la comunicación: ¿qué es el campo? La segunda, sobre la estrategia de comunicación: ¿cómo hablarle -y cómo no hablarle- al campo?”

“En el desencuentro pierden los moderados y ganan los radicalizados”

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Lo segundo. Julio Burdman acaba de publicar en Le Monde Diplomatique un artículo llamado “El Frente de Todos y los pies de barro” en el que con proximidad ideológica y capacidad crítica advierte sobre un riesgo en la posible “disconformidad socioeconómica de los propios”. Esa barrosa base ideológica. Leemos: “En las circunstancias extremadamente adversas en que le toca gobernar, el oficialismo tiene una gestualidad dirigida hacia una minoría intensa progresista, y un asistencialismo ampliado para los más pobres y los desocupados, pero hoy no se comunica con una franja intermedia entre ambos segmentos, los trabajadores formales de clase media-baja que siempre fueron el núcleo identitario del peronismo”. Esto es, diríamos, aquello que el FdT fue a buscar cuando vio la cifra de su unidad: la incorporación de Sergio Massa al frente. Tarea que llevó meses al mismo candidato, y tarea que creía coronar la veracidad de esa unidad no en los “nombres” sino en lo que significa “sociológicamente” la figura de Massa. Entre “aristocracias obreras”, empleados de economías de servicios, pequeños comerciantes, se cuece esa franja.

Y tercero, la cita con la Historia. Sobre la base de la promesa del FdT también orbitó un mandato institucionalista. Aquella sensibilidad tan constitutiva por la desaparición de Santiago Maldonado en 2017 (un magma en redes sociales) cómo se reproduce frente a la desaparición de Facundo Astudillo (¿quiénes verdaderamente preguntan “dónde está”, y a quién se le pregunta?). La responsabilidad política lógicamente empieza en el ministro de Seguridad Sergio Berni y sigue en el gobernador Axel Kicillof. ¿O a quién se le puede pedir? Lo que se supo anoche fue el hallazgo de un cuerpo en la zona del “Viejo Villarino”, mientras se espera la llegada del Equipo de Antropología Forense al lugar para peritar el cuerpo. No hay conclusiones aún. La respuesta del gobierno ante esta desaparición no sembró dudas de las circunstancias. No aparecieron manijeadas cien versiones, no apareció una pareja de “jubilados” diciendo que subieron a Facundo al auto haciendo dedo, ni pueblos donde todos se parecen a Facundo, ni versiones de que estaría en Chile, sin embargo quedó demasiado acotado a los “gestos” testimoniales (comunicarse con la madre de Facundo), mientras la investigación (con sus hipótesis, versiones) tomó dos caminos: el de la madre y sus abogados y el de la fiscalía (con un fiscal, Ulpiano Martínez, con una trayectoria de cuestionamientos) que aleja a la policía de la responsabilidad. Pero más allá incluso del apoyo institucional a la familia (de parte de la Subsecretaría de DDHH o de la Procuvin) casos así crecen, se amplifican. Es tan sensato pedir que no se adelanten las conclusiones como atender los efectos que una desaparición produce. Toda desaparición es incertidumbre, angustia, remueve. Los casos de violencia institucional se multiplicaron en la cuarentena y en todo el país.

Ayer se hallaron restos óseos semienterrados en un canal de agua entre General Daniel Cerri y Villarino. Intentan determinar si se trata de Facundo Astudillo Castro. Foto: Gentileza FM De La Calle/Télam/AMB

Un gobierno debe mirar de frente esos agujeros negros. ¿Quién era Facundo? Cuando se cumplieron cien días de su desaparición Florencia Halfon Laksman reconstruyó en Cenital los detalles del caso y también de la vida de Facundo. Contrario a los pronósticos agoreros en materia económica y social, frente a una desaparición la sociedad tiene derecho a sospechar lo peor, así como deberá aceptar la verdad cuando se confirme. Se diría que la sociedad sabe por vieja. Y en el caso Facundo se juega también la diferencia de un gobierno.

En definitiva, sobre estos puntos y en este contexto el Frente de Todos “celebra” el aniversario de su triunfo.