Sabina y compañía

El Canciller - Comentarios
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Dicen que la ministra de Seguridad es “progre”. Aunque a cualquiera le calza ese mote después de una gestión de bala y fusta. Sabina Frederic es Doctora en Antropología Social por la Universidad de Ultrech e investigadora del CONICET. Hoy ocupa el cargo que dejó quien fuera su alumna en la UNSAM, allá por el 2008. “Una persona bien formada”, supo decir la mismísima Bullrich de Sabina, antes de convertirla en adversaria.

A pesar de ser mirada con buenos ojos por otros integrantes de la oposición, como el carismático Diego Santilli, apenas llegada Frederic derogó varios de los protocolos más estridentes que heredó, pertinentes al uso de armas de fuego —que permitía disparar sin dar la voz de alto— y las Taser. También revocó el Servicio Cívico Voluntario en Valores y el Programa Ofensores en Trenes. La antropóloga propuso también revisar la metodología del peritaje de Gendarmería del caso Nisman, entonces Lilita le prometió juicio político.

Super equipado con tecnología suministrada por Mario Montoto, el Ministerio de Frederic sí se permite, en el marco de la cuarentena, el sondeo del humor social a través de la inteligencia de fuentes abiertas. Este aval del “ciberpatrullaje” le valió el repudio de varios, sobre todo de los republicanos de Juntos por el Cambio que la tildaron de —¡atenti!— hacer espionaje. Don Verbitsky también quiso hacer un poco de humor. A raíz de las detenciones ordenadas por el juez Villena, dio a entender que a la integrante de Agenda Argentina la habían secuestrado y que al mando del ministerio seguía su predecesora.

De familia peronista, profesora de la Universidad Nacional de Quilmes, Frederic no respalda la falsa oposición entre garantistas y punitivistas, del mismo modo que sabe que la seguridad no puede tomar el lugar de la justicia. Pelo llovido y a cara lavada, sin camuflaje y sin fierro, la ex subsecretaria de Formación del Ministerio de Defensa intenta borrar la grieta que se extiende también en su área y se propone cambiar el estilo de conducción.

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A través de ese makeover, se intenta anular la fórmula que tan buenos resultados le da a los que ofrecen el show de la mano dura como programa de gobierno. Frederic pretende lo contrario: poner la seguridad al servicio de la política. Este objetivo le jode a Sergei, cabrío herido en su narcisismo por una mujer —o quizás dos. Él, que parece respetar la verticalidad sólo si está en la cúspide, no quiere resignar su principal motor de construcción política. Los berrinches pour la galerie enmascaran la disputa de poder de un proyecto personal prometido y postergado.

Recomendada por Nilda Garré a CFK, Frederic reequipó, renovó cúpulas e ideó el Primer Consejo Federal de Seguridad Interior. Poco después de comenzada su gestión, dispuso de todas las fuerzas para contener eventuales desbordes de una población recluida, trabajando codo a codo con el ministro Rossi. Aunque ocurridos en territorio provincial, dominio de “una fuerza casi tribalizada”, el caso de Jorge Ríos y la desaparición de Facundo Astudillo Castro se revelan también ante Frederic como otro gran desafío. El de gestar una narrativa en políticas de seguridad democrática eficiente, que no deponga las armas ante los grandes medios y la derecha, la dupla que mejor sabe hacer lo que hace. Papa caliente la de la seguridad, atrapada más que nunca entre la bondad de las teorías y la demanda ciudadana de la práctica.