Pobreza interior

Radiografía de una semana marcada por la crisis: quiebra, despidos y freno de producción en tres importantes empresas y el aumento de la pobreza.
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En su newsletter diaria para El Canciller, Diego Genoud remarcó que esta semana se conocieron la quiebra de Lucaioli, un retail de electrodomésticos con presencia en el interior; 400 despidos en el principal fabricante de Nike en Argentina; y el freno en la producción de Zanella (Caseros, Buenos Aires), en el marco de un conflicto con sus trabajadores que no cobran hace dos meses.

Estos tres casos son fotos de la crisis. Y sirven como ejemplos para discutir dos dimensiones sobre el dato que acaparó la atención esta semana: el aumento de pobreza en Argentina. Por un lado, una lectura coyuntural sobre la discusión en torno a la performance de la economía hasta julio. Y una segunda, estructural, sobre la mayor incidencia de la pobreza en el interior.

lucaioli

De no tener techo, a no encontrar piso

En el marco de la campaña para dar vuelta el resultado de las PASO, parte del discurso del oficialismo se para en la evaluación de mediciones mensuales desestacionalizadas de un puñado de variables en julio, bajo la premisa de “veníamos bien”. Este es el caso, por ejemplo, del índice industrial, aun cuando su medición interanual y con baja base de comparación dan negativas (este jueves se conocerán los datos de agosto).

Cuando se observa además de los agregados como pobreza, consumo o empleo, algunos datos particulares como los de las noticias que introducen esta columna, salta a la vista que no se venía bien. Son cosas distintas “empezar a tal vez encontrar el piso de la crisis” y recuperarse. ¿Cómo se puede venir bien si hay 8 puntos de crecimiento de la pobreza en un año (del 27,3% en el primer semestre del 2018, al 35,4% para los primeros 6 meses de este año)?

Nadie quiebra o despide 400 trabajadores de un día para el otro. Y es interesante que se tenga en cuenta esta película de los problemas que tiene Argentina para crecer. Las condiciones sostenidas de pérdida del consumo, suba de costos y problemas de financiamiento hacen mella en empresas con espaldas financieras que pueden bancarse un par de años malos, pero no un proceso de tobogán.

Por eso es engañosa la lectura de lo que pasaba “hasta julio”. La fragilidad de la economía nunca mermó. Y eso es causa del resultado de las PASO, no consecuencia.

Está en todas partes, pero no atiende en el Norte

Según los datos conocidos el lunes, la pobreza en el NEA es la más alta del país, afectando al 42,4% de las personas (7 p.p. arriba del registro nacional de 35,4%), seguida por el NOA que alcanza al 39,9% (4,5 p.p. más, pero a igual nivel que en los partidos del Gran Buenos Aires).

Estos datos también son una foto, pero responden a una película en la que la economía argentina puede leerse desde lo coyuntural de la actual crisis, pero también desde los problemas de base de nuestra estructura económica: la pobreza en el NEA y el NOA es más alta porque son las regiones que han quedado históricamente desintegradas del circuito económico nacional de una Argentina macrocefálica.

La pobreza en el NEA es la más alta del país, afectando al 42,4% de las personas.

Según los datos del censo 2010, un tercio de la población vive en la 1,4 milésima parte del territorio. Y esto es solo la consecuencia de una estructura económica nacional donde tres provincias explican más del 60% del producto y el 62% del empleo industrial (Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe), y cinco provincias casi el 80% de las exportaciones. Donde el crédito está tan concentrado que por cada $100 que se prestan en la Provincia de Buenos Aires, en el NEA solo se prestan $2.

Por ello, además de las urgencias de corto plazo, quien encabece un próximo gobierno debe poner en el centro un plan de efectivo fortalecimiento de las economías regionales.

Entendidas no como espacios donde las producciones pueden responder mejor o peor a un nuevo tipo de cambio que les permita exportar, sino llevando adelante políticas que federalicen el crédito productivo, que normalicen las leyes de tránsito para fomentar la circulación de alternativas de transporte que impliquen menos costos, que impulsen un plan ferroviario nacional y que, en definitiva, estimulen la creación de empleo y valor en las economías regionales en pos de su mayor integración.

La crisis afecta a todos los argentinos, pero las condiciones de base de las regiones menos conectadas exponen a su población a sufrir los mayores costos de estos ciclos. Pensar la Argentina es pensar en toda su dimensión geográfica, demográfica y productiva. Algún día hay que empezar.