Las claves de la política exterior que viene

El ritmo del juego internacional estará marcado por dos grandes jugadores como China y Estados Unidos. Las oportunidades de negocios de Asia y África.
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El acuerdo del Gobierno con los bonistas es el primer escollo superado para empezar a perfilar el modelo económico del tiempo que viene. Esto incluye la economía doméstica y su necesaria reactivación pero también el marco de alianzas en el escenario internacional. De esta manera, en el camino de “poner a Argentina de pie”, Economía y Relaciones Exteriores caminan sobre un mismo sendero: la necesidad de aumentar las exportaciones.

En ese sentido, desde Cancillería tienen proyectado que en los próximos 10 años el mundo crecería a una tasa anual del 2,9% anual y los países en desarrollo concentrarán la mitad del consumo mundial. Su comercio exterior crecerá más rápido que el mercado interno, representando hasta el 50% del comercio total, frente al 40% actual. Así, el motor del crecimiento será Asia y eso, entienden en el Gobierno, generará una demanda sobre los alimentos argentinos.

En una charla exclusiva con El Canciller, el Subsecretario de Promoción de Comercio e Inversiones de Cancillería, Pablo Sívori, dijo que “en el marco de la merma experimentada y esperada para el comercio global, se estima que el intercambio de alimentos sea el menos perjudicado”. “La expectativa es poder alcanzar los U$S 100 mil millones de exportación anuales para final del período de gestión, siempre asumiendo que las condiciones climáticas e inversión acompañen”, agregó el funcionario. Respecto del rol de Asia, Sivori detalló que “los pronósticos indican que la región crecerá 5,2% promedio hasta 2022 y sus importaciones serán las de mayor dinamismo a nivel global con 7,8% hasta 2024”. “La región experimentará un importante aumento de fuerza laboral con 59 millones de personas hacia 2030 (luego de India, el 2° mayor crecimiento global). Crecerá la clase media lo cual conferirá un mayor poder de compra: al 2030, la clase media habrá crecido 29%. Camboya, Laos y Myanmar serán los países con mayor crecimiento, mientras que Filipinas y Vietnam liderarán el crecimiento económico. Existirá mayor consumo, en especial de alimentos”, aseguró.

Este panorama implica para el Gobierno una doble oportunidad: proyectar un escenario de inversiones relativamente favorable en un contexto mundial complicado y abrir una puerta de diálogo con el sector agropecuario y el sector privado a la hora de identificar oportunidades de negocios, tanto en cereales como productos de origen animal. Y como sostuvo Sívori “establecer productos a posicionar, definir la oferta exportable de dichos bienes (que cumpla con los principios de cantidad, calidad y continuidad), detectar potenciales socios comerciales, definir e implementar acciones de posicionamiento y de presencia de empresarios argentinos en dichos mercados”.

“Estoy muy satisfecho del trabajo con el sector agroindustrial. Ya pudimos redondear proyectos que entusiasmaron a Alberto Fernández. Vamos a seguir avanzando con Agricultura, Desarrollo Productivo y Economía. Necesitamos exportar 25 mil millones de dólares más por año y crear más empleo”, escribió Solá en su cuenta de Twitter exponiendo su rol de componedor con un sector que mira con desconfianza. “Es por ahí desde 1974 con Gelbard y su plan”, dijo entre risas un cercano colaborador de Felipe.

La diplomacia comercial dinámica (como definió Alberto Fernández en su discurso de asunción del 10 de diciembre) también piensa en África como territorio propicio para el aumento de las exportaciones argentinas. Según datos oficiales, África importa productos agropecuarios por US$ 81.150 millones (el equivalente a 15,4% de sus importaciones totales) y solo 5,6% es importado desde Argentina (US$ 4.500 millones), aún cuando éstos representan el 93% de nuestras exportaciones al continente, en su mayoría productos agropecuarios, ya que las exportaciones industriales de Argentina representan 0,07% de las importaciones.

Sívori detalló que “África es una región en expansión que presentará la mayor tasa de crecimiento poblacional y se prevé una mejora sustancial de poder adquisitivo. En los próximos años se estima que el continente (en especial África Subsahariana) experimentará una aceleración de los cambios en su estructura social y productiva”. Existen datos que están fuera del radar del debate mainstream de las relaciones comerciales como que el 80% de la población de Nigeria, Ghana y Angola vivirán en las principales ciudades, 1 de cada 5 consumidores mundiales vivirá en África y pertenecerá a la clase media. Para 2030, los habitantes de las 18 principales ciudades del continente tendrán un poder de compra de US$ 1.300 billones. El consumo crecerá 45% en los próximos 10 años ; 1.700 millones de africanos demandarán principalmente alimentos, bebidas, medicamentos y servicios de salud. La demanda de Alimentos y bebidas se estima en US$ 740 billones.

De todas formas, el ritmo del juego internacional estará marcado por dos grandes jugadores como China y Estados Unidos, que están agudizando su disputa por la hegemonía en múltiples escenarios: comercial, tecnológico, espacial, militar y político. Esta nueva Guerra Fría tendrá en América Latina un territorio de tensiones en el cual Argentina deberá caminar en un fino equilibrio. En términos políticos, Estados Unidos significó un apoyo en el acuerdo con los bonistas y desde el Gobierno estiman también lo sea en la negociación con el Fondo Monetario Internacional, con lo cual, una retórica antinortemearicana en este contexto sería un suicidio. Por su parte, China es el principal socio comercial y principal destino de nuestros productos, además de un canilla de liquidez en momentos de escasez.

El comercio bilateral con Pekín se ha incrementado de U$S 2 mil millones a cerca de U$S 16mil millones según datos del primer semestre del año. Estas décadas de construcción de confianza tanto entre los ámbitos públicos como privados permiten pensar un vínculo comercial signado por la diversificación que piense más allá de la soja y sus derivados. La exportación de cerdo puede significar un primer paso en ese camino pero no es el único rubro, ya que el desarrollo tecnológico en materia satelital, las agtech (tecnología digital aplicada a la agricultura) y los SBC (Servicio she Telecomunicaciones) son otros de los campos donde Argentina puede tener un rol destacado a nivel global.

Le pregunté a Pablo Sívori si esperan algún tipo de presión en el marco de la guerra comercial entre China y EE.UU.: “Seguramente vayan a existir, no obstante, la Argentina debe buscar su camino en un contexto internacional difícil donde nadie regala nada, a partir del diálogo con todas las partes y la búsqueda de compromisos beneficiosos sobre la base de un equilibrio para con o entre las fuerzas dominantes”, respondió.

En el caso de la relación con los mercados de Estados Unidos y la Unión Europea, constituyen en la actualidad el destino de aproximadamente el 20% de las exportaciones, y en términos de inversión, el principal origen de Inversión Extranjera Directa (IED) de nuestro país. El fortalecimiento comercial con EE.UU. y la Unión Europea será sobre el sector agrícola pero también, al menos dentro de las expectativas argentinas, está en carpeta el avance en el intercambio del conocimiento y las industrias culturales, en tanto que el flujo de inversiones se recueste sobre el sector hidrocarburífero, tecnológico y alimentos.

Pensar la inserción internacional de la próxima década es fundamental pero requerirá de inteligencia y planificación sostenida. Debe quedar atrás la lógica de confrontación ideológica innecesaria o el sesgo occidentalista de los últimos gobiernos para encontrarle la vuelta a un mundo complejo. Latinoamérica sigue siendo prioritaria a pesar del derrumbe del comercio intraregional, por ejemplo, el del Mercosur que cayó un 22,8 por ciento, en gran medida en las Manufacturas de Origen Industrial (MOI), revelando el grado de re-primarización de las relaciones comerciales de la etapa que viene.

El escenario internacional entonces se divide entre las oportunidades de negocios de Asia y África, y la hegemonía de Estados Unidos, China y, en menor medida de la Unión Europea y Rusia. De esta manera, ante una región sin liderazgos ni proyectos, y que cada vez comercia menos entre sí, Argentina camina entre la autonomía y el pragmatismo tratando de encontrar su lugar en el mundo que puede sostenerse en el tiempo.