La conversión posmacrista de Marcos Peña

El ex jefe de gabinete cambió de fase para entrar en una etapa autocrítica. Reuniones con dirigentes y ex ministros, y el armado de Larreta en el interior.
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La crisis en la que entró Marcos Peña hacia fines de 2019 lo llevó a un proceso de desaparición absoluta. Abandonó el chat de ministros antes de irse de viaje a Sudáfrica, donde se mantuvo “offline” incluso para su propio equipo. Recién a principios de abril empezó a cambiar de fase para entrar en una etapa autocrítica. Organizó una ronda de reuniones primero para reencontrarse con los dirigentes que le fueron más leales durante la gestión -Francisco Quintana, Ezequiel Fernández Langan y Enrique Avogadro, entre otros- y luego para convocar, uno por uno, a los ex ministros y figuras de peso del gabinete que todavía le guardaban resentimiento. Rogelio Frigerio y Emilio Monzó tuvieron butacas estelares entre los espectadores del mea culpa. Por ese trayecto llegó a una tercera etapa, que transita hoy: analiza escenarios para volver al poder, aunque eso implique tomar distancia de Mauricio Macri.

“Yo estoy para colaborar en un armado para ganar”, se convirtió en el nuevo mantra del creador del célebre “vendamos cercanía, positividad y futuro”. Una frase que lleva su impronta de esquivar definiciones, aunque deja entrever su visión sobre la interna del PRO. Peña ya no está aferrado al liderazgo de Macri. “¿Hay que empezar un operativo clamor para apoyar a Mauricio?”, le consultaron desde su mesa chica y recibieron una respuesta escueta: “Tenemos que hacer lo mejor para el espacio”. Si bien habla seguido con Macri, su posición contrasta con la bronca que crece en el círculo íntimo del ex Presidente hacia quienes fueron sus principales espadas y hoy se hacen los desentendidos. “Ya sería hora de que algunos pongan la trucha para defender a Mauricio”, graficó en las últimas semanas un hombre cercano a Macri. Peña soltó el rencor y ya trabaja para Horacio Rodríguez Larreta.

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Unos pocos almuerzos compartidos fueron suficientes para que el jefe de gobierno decidiera contar con su experiencia como “asesor ad honorem”, dejando atrás los cortocircuitos de los últimos tiempos. No debería sorprender a nadie: cosecharon una relación de confianza durante 15 años. El ex jefe de Gabinete reactivó su equipo adentro del PRO -dispuesto a recuperar la “botonera” del partido- y le propuso a Larreta colaborar en el armado del interior del país. Lanzó 12 “mesas de trabajo” con representación de los tres espacios internos -Larreta, Macri y María Eugenia Vidal- con un perfil “militante” para la campaña 2021. Por ejemplo, Alejandro Finocchiaro intenta meter alfiles en las universidades del Conurbano, mientras Mora Jozami, Federico Suárez y Manuel Terrades diagraman cómo harán las mediciones desde la mesa de opinión pública. El lema es “ejecutar”. Peña no planea presidir una fundación ni dar clases en Harvard. Quiere reivindicarse y demostrar su capacidad para ganar.

Hacia el final de la gestión de Cambiemos, Peña se convirtió en el blanco de las críticas. “Marcos soy yo”, sostuvo Macri y lo defendió hasta el final del mandato. ¿Por qué a Larreta le aportaría sumarlo ahora? Tal vez porque los máximos cuestionamientos hacia Peña fueron por sus aportes “políticos” pero pocos pusieron en duda su capacidad para liderar la campaña. Quedó desprestigiado como jefe de Gabinete, no como actor clave en la comunicación del PRO. “Horacio no va a inventar la rueda de nuevo”, dicen desde el partido y resaltan que Peña ya tiene el camino recorrido junto a Jaime Durán Barba. El histórico coequiper de Peña también se sumó a la campaña presidencial de Larreta. Los dos apuntados por el “ala política” de Cambiemos que ahora trabajan para el ala política de Cambiemos. Toda una señal del cambio de época. Si bien en el microclima de su equipo intentan convencerlo para que sea candidato a diputado, Peña da señales de intentar volver a su versión previa a 2015. Una época en la que nadie lo llamaba por su nombre de pila ni buscaban instalarlo como el futuro “Kennedy argentino”. Quiere reinventarse volviendo a sus orígenes y dando un salto al posmacrismo.

Además de la experiencia de Peña y Durán Barba, Larreta tiene claro que una ruptura con el macrismo no es opción. Procura imitar la estrategia del peronismo en su largo camino hacia la unidad: “Sin Macri no se puede, con Macri solo no alcanza”, como acuerdo tácito para 2023. Si quiere ser candidato a presidente, necesita al núcleo duro y a la estructura partidaria casi tanto como al armado de “centro” con el que sueñan Frigerio y Monzó. Mientras cultiva su rol moderado, Larreta apuesta a que el ex Presidente repita la visión de Cristina y le libere el camino. Por eso soporta las presiones internas y mira con cara de póker cómo Patricia Bullrich le organiza un banderazo contra la cuarentena en su distrito. Paciencia y prudencia como lemas del larretismo en construcción.

La mayor complicación puede resultar el rol que defina Macri de cara a 2021. Una decisión que será determinante, tanto para el posible crecimiento de Larreta como para el trabajo de Peña en campaña. Mientras un sector desestima versiones y especula con que Macri “no querrá ir al Senado a que lo presida Cristina” o tomar un rol secundario al lanzarse como diputado, también hay quienes están convencidos de que, lejos de jubilarse, el ex Presidente reactivó su perfil y querrá competir para condicionar las listas. En ese escenario, mientras el antiguo Marcos divulga posmacrismo y sueña con conformar un tándem efectivo con Larreta, sabe que su nueva estrategia quedará atada a los deseos y condiciones que imponga su histórico jefe.