Garro, el capeador de controversias

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Si es cierto que en La Plata no es muy querido, entonces cómo se explica ese 48% con el que Julio César Garro renovó su estadía en el sillón de la calle 12 en las pasadas elecciones generales. Derrotada Florencia Saintout del Frente de Todos y caídos los figurones de Cambiemos, Eyes of Heaven Macri y Lioness Vidal, el intendente de la capital de Buenos Aires es uno de los grandes sobrevivientes de la política amarilla en la provincia —junto a Grindetti, Valenzuela y Macri primo, con quienes forma el Grupo Dorrego—.

Hoy, de cara a las legislativas, tiene toda la energía puesta en retener la cantidad de bancas en la Octava sección. La ayudita que le presta el diario El Día, dirigido por Raúl Kraiselburd, y el endorso de su amigo Horacio Rodríguez Larreta creen poder hacer posible la misión.

Larreta y Garro

Nacido en el 72, aficionado a la pesca y al rugby —si usted hace la suma de funcionarios rugbiers, sabrá que Cambiemos ya tiene para armar su propio equipo—, queda claro que su objetivo a largo plazo es ir por la gobernación.

Del deporte a la política

Como todo oriundo, metejoneado con la localía, Garro le habló a Fontevecchia de “la necesidad imperiosa que tiene la provincia de Buenos Aires de tener como gobernador a un bonaerense”. Una confesión y un caramelito ácido para tirarle tierra a Kicillof, con quien guarda una relación de amplio diálogo, aun en las diferencias, y de quien “depende demasiado” para ejecutar obras viales y para gestionar la pandemia en el día a día.

Julio es muy católico y cercano a la iglesia, tiene excelente relación con Tucho Fernández así como la tenía con monseñor Aguer. Garro se recibió de abogado en la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la Universidad Católica de La Plata, en sintonía con su formación inicial y media en el Colegio San Luis, de los hermanos maristas, salvo por los dos últimos años del secundario que los cursó en el Normal 3. Militó en la UCEDE y estuvo alineado con Julio Alak. Con él fue VP de La Plata Fútbol Club.

No es un deporte cualquiera el fútbol en la vida del boquense Julio César. Vinculado a Daniel “Tano” Angelici, llegó al expresidente porque organizaba una peña de Boca Juniors en La Plata. Así no le resultó difícil entrar en política, porque alguien tenía que instalar la Propuesta Republicana en la city de las diagonales.

“El aspiracional”

En el año 2005 fue candidato a concejal, en 2007 a intendente y también en 2011, por el Frente Popular de Eduardo Duhalde, quedó tercero y quinto respectivamente. Llegó a ocupar una banca como diputado provincial hasta el 2013. Desde su escaño, impulsó los reconocimientos como Personalidad Destacada del Deporte a Juan Sebastián Verón, a Guillermo Barros Schelotto —hermano de Carolina, actual diputada provincial por Cambiemos—, a Martín Palermo y al boxeador Sergio “Maravilla” Martínez. Y pare de contar —y de sufrir, de paso, si es que gusta.

Los vecinos dicen que Garro, aspiracional, sigue al pie de la letra el manual de las políticas urbanas larretistas: bicisendas, contenedores de basura, lucecitas, maceteros, radares de velocidad con un splash de agentes de policía local y más de 500 cámaras urbanas.

La inseguridad junto a la memoria tan vívida de la gran inundación sufrida por los platenses en 2013 – Julio la vio desde Miami- fueron sus grandes agites de campaña. Tiene un discurso punitivista, uno que le queda pintado al electorado más gorila pero que volvió para morderle la cola con el caso Píparo.

Garro es el mayor de seis hijos, criado en una casa en 7 y 62. Está casado y tiene cuatro nenas. Vive en el Country Gran Bell, cuya entrada mandó a asfaltar como primera medida de su intendencia inaugural. Aquella gestión comenzó con cantidad de despidos municipales, el desmantelamiento de la estructura bruerista y represión policial, coronado por el robo en su domicilio de un bolso con una suma irrisoria de dinero.