Oscar Parrilli será elegido presidente de la comisión de Justicia y Asuntos Penales del Senado y, como tal, conducirá el debate de la ambiciosa reforma judicial que le propondrá Alberto Fernández al Congreso. Anabel Fernández Sagasti, a su vez, ya es la presidenta de la comisión de Acuerdos de la misma cámara, encargada nada menos que de decidir quiénes serán jueces y fiscales federales. Los dos senadores responden directamente a Cristina Kirchner, que se reservó para los suyos los cargos más relevantes de la Cámara Alta, y viene tomando decisiones de manera tajante y veloz. Es el momento: el Gobierno todavía es nuevo.

El saludo displicente a Mauricio Macri del 10 de diciembre, en el estrado del recinto de Diputados, ante todo el mundo, fue un anticipo de la dureza con que iba a manejar el timón de su barco, el Senado, y más allá.

La expresidenta de la Nación considera que durante los cuatro años de gobierno de Cambiemos fue víctima del lawfare, o guerra jurídica, un complot de poder para hostigarla judicialmente, a ella y a su familia. En particular, a su hija Florencia. Lo afirma abiertamente y su revancha ya asoma en una serie de acciones.

Ravioles y denuncias

"Todo es para La Cámpora, para el núcleo duro. Hay uno de ellos en cada oficina del Senado, desde automotores hasta la biblioteca. Lo que sobra queda para el resto. [El cordobés Carlos] Caserio es presidente de Presupuesto y Hacienda porque jugó con los Fernández de entrada y porque esperaba otro destino. Pero, si no, esa comisión iba para La Cámpora", dijo un muy observador senador de la oposición.

Cristina no solamente se encargó de cubrir con los suyos los ravioles, como se les dice en la jerga política a los cargos jerárquicos, sino también de tomar determinaciones a través de ellos en contra de los adversarios.

Un ejemplo es la denuncia que realizó la semana pasada otra mujer de su confianza, la abogada Graciana Peñafort, quien como directora general de Asuntos Legales de la presidencia del Senado acusó en los tribunales federales a la exvicepresidenta Gabriela Michetti de haber cometido los delitos de defraudación contra la administración pública y negociaciones incompatibles con la función pública.

Varios medios periodísticos ilustraron la información con la foto del amable encuentro de transición que ambas habían mantenido el 4 de diciembre en el despacho de la presidencia del Senado. Si hay denuncia penal tras una imagen sonriente, lo que se espera tras un saludo con gesto de desprecio en el corazón del Palacio del Congreso podría ser mucho peor.

Mayoría

Dos semanas antes de asumir como vicepresidenta, Cristina ya había acordado con el misionero Maurice Closs y el santiagueño Gerardo Zamora la conformación de un solo bloque oficialista en el Senado, y no de un interbloque que visibilice las líneas internas.

El bloque del Frente de Todos, único, tendría la mayoría suficiente para imponerse en todas las leyes a cambio de puestos de conducción: el exgobernador misionero, que quiere volver al poder en su provincia, es vicepresidente primero del cuerpo y la senadora Claudia Ledesma Abdala, esposa del mandatario santiagueño, es la presidenta provisional del Senado.

Con Closs y los tres senadores santiagueños (Ledesma Abdala, Gerardo Montenegro y José Emilio Neder), que responden a Zamora, y Carlos Menem y Adolfo Rodríguez, entre varios otros que conformaban sus bloques propios, Cristina armó una bancada de 41 sobre 72 senadores.

Esa mayoría le permite, por ejemplo, hacerle saber al gobernador jujeño, Gerardo Morales, que la posibilidad de que el Gobierno le intervenga el Poder Judicial de su provincia no es descabellada para el oficialismo.

El proyecto de ley en tal sentido, presentado por el senador justicialista jujeño Guillermo Snopek, será el segundo asunto que se discutirá esta tarde en la comisión de Asuntos Constitucionales, que también preside una ultrakirchnerista, la santafesina María de los Ángeles Sacnun.

La decisión de incluir la iniciativa en el temario de la comisión puso en vilo a Juntos por el Cambio, donde Morales es un dirigente de peso.

En el Senado Cristina juega firme y rápido sobre temas judiciales, ¿lo hará con la ley de aborto?

El mandatario radical está en Buenos Aires y visitará al interbloque de senadores de Juntos por el Cambio horas antes de la reunión de la comisión. Afuera del Palacio del Congreso se realizará una movilización con el lema "Jujuy no se toca", organizada por la presidenta del PRO, Patricia Bullrich, en apoyo al gobernador.

En Juntos por el Cambio sospechan que el Frente de Todos, con Cristina a la cabeza, está abonando el terreno para la liberación de Milagro Sala, a quien los oficialistas más radicalizados —que no son pocos— consideran presa política pese a que sobre ella pesan cuatro condenas judiciales.

En el Frente de Todos, a su vez, le bajaron el tenor a la reunión de la comisión de este martes e hicieron saber que la inclusión de este tema solamente se realizó a los fines de escuchar los argumentos del senador Snopek, pero que no está previsto firmar dictámenes; es decir que no está previsto avanzar en el trámite parlamentario del proyecto.

Pero que si quieren, los firman, y llevan el asunto al recinto. Un aviso.

Votos y ausencias

"Ley de leyes" es como se conoce al Presupuesto anual del Estado, pero este año, a falta de uno, el título parece más adecuado para el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) que mandará en los próximos días el Ejecutivo, con la firma del Presidente. Es que el Gobierno se juega su popularidad.

La firma del Presidente, precisamente, es el rasgo distintivo del debate de este año, el segundo en la historia argentina después de las discusiones de 2018, que terminaron con la media sanción de Diputados y el rechazo del Senado.

Ahí es donde se espera que Cristina Kirchner también juegue fuerte.

Como el proyecto esta vez es del Gobierno, algo inusual en el mundo tratándose de legalización del aborto, la victoria será del Gobierno y la derrota también. El Gobierno no será prescindente esta vez.

En el Senado Cristina juega firme y rápido sobre temas judiciales, ¿lo hará con la ley de aborto?

La ley tiene que salir, dicen oficialistas y opositores e inclusive algunos legisladores que votaron en contra en 2018, suponiendo que el Ejecutivo debería procurar contar con el número suficiente para la sanción en ambas cámaras.

Sin embargo, aunque en Diputados los poroteos preliminares anticipan una victoria más o menos cómoda, en el Senado el margen aún no se ve. Por el contrario, son más los senadores abiertamente celestes que los verdes.

Pero la política no es matemática y en el entorno de algunos senadores celestes ya están haciendo saber que podrían cambiar su voto según cómo les llegue el proyecto del Poder Ejecutivo o bien ofrecer un "gesto" (ausentarse) y no votar en contra, tratándose de un proyecto del Presidente.

Agua marina

En la oposición están convencidos de que Cristina liderará la estrategia oficialista para lograr la victoria en el Senado. Algunos cuentan entre cinco o seis celestes del Frente de Todos que podrían ausentarse o bien no rechazar el proyecto gubernamental.

"Él ya votó en contra pero ahora quiere ver el proyecto. No es celeste, no es José Mayans", cuentan en el despacho de un senador peronista donde le dan crédito a la posibilidad de cambiar el voto. Entre los oficialistas que podrían contribuir al objetivo de la Casa Rosada se cuenta al tucumano José Alperovich, quien está de licencia en la banca para afrontar una denuncia por violación que presentó una sobrina suya.

En el entorno del exgobernador norteño afirman que no retomará su banca por más que pueda hacerlo antes de que venza, en este caso el 27 de mayo. Y que si lo hiciera, esta vez podría votar a favor, porque en 2018 llegó al recinto con dos discursos y terminó votando en contra presionado por el electorado tucumano, porque estaba en campaña para volver a la Gobernación. Salió cuarto, detrás de Juan Manzur, Silvia Elías de Pérez y Ricardo Bussi, todos fervientes antiabortistas, mucho más que él.

Otro senador oficialista que en 2018 votó en contra es Closs, que antes de hacerlo, tras la media sanción de Diputados, publicó una carta en el portal Infobae, titulada "Si va a salir, que salga bien".

Allí señalaba que "hay que lograr una ley que despenalice el aborto y que saque de la clandestinidad y el desprecio social a quienes optan por interrumpir un embarazo" y que "luego del debate dentro y fuera del Congreso, hay un paso que se ha dado y será difícil volver atrás: avanzar en la idea de despenalizar al aborto en la línea planteada por Diputados".

Closs terminó votando en contra del proyecto pero argumentando sus objeciones a la transferencia de los costos para las provincias que supondría la gratuidad de estas prácticas, así como su inclusión en el Plan Médico Obligatorio (PMO), entre otros reparos; pero no planteos bioéticos ni religiosos como los de Mayans y otros celestes furiosos.

La Casa Rosada mandará el proyecto en los próximos días. El debate ya empezó. Y la rosca también.