Elecciones en EEUU: crisis, polarización y declive

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Suspenso y tensión son las dos palabras que mejor sintetizan el largo proceso electoral en Estados Unidos. En una elección con una participación récord de 66 por ciento y una fuerte polarización, Donald Trump y Joe Biden pelean por la presidencia de una de las potencias más importantes del planeta.

El candidato demócrata obtuvo casi 3 millones de votos totales más que su contrincante pero la diferencia estrecha en estados determinantes como Wisconsin, Michigan y Pensilvania en donde Biden pasó al frente o achicó diferencia será lo que defina el resultado de la elección. En ese marco, Trump sacó la carta de judicial luego de proclamar su victoria, denunciar fraude y confirmar que acudiría a la Corte Suprema de Justicia en un escenario similar al que protagonizaron George Bush y Al Gore en el año 2000.

La judicialización del resultado estuvo siempre en los planes de Donald Trump y por eso se ocupó de hacer valer la mayoría republicana en el Senado para reemplazar a la jueza progresista, Ruth Bader Guinsburg por la conservadora Amy Coney Barrett. La mayoría de conservadora entre los supremos de 6 sobre 9 puede garantizar el apoyo en algunos temas puntuales pero no necesariamente implica una mayoría automática y amañada para el presidente norteamericano.

El costo de esta jugada es alto y afecta a la reputación de una nación cuyo liderazgo internacional está en pleno cuestionamiento. De todas formas, aún ante la certeza de una victoria Demócrata, el mandatario norteamericano pretende tensar de una cuerda que pone a Estados Unidos al borde una crisis institucional que puede tener expresión calle-jera y al mismo tiempo condiciona a un presidente que tendrá que asumir en un contexto de división nacional.

Por otra parte, es importante señalar que la elección de los Republicanos fue muy buena y eso es gracias al perfil de liderazgo de Donald Trump. Puede sonar extraño pero el presidente estadounidense logró fidelizar al votante suburbano y sumar una buena porción de latinos e hispanos.

Mas allá del resultado final, la percepción de Trump estuvo más cerca de la realidad expresada por la dirigencia demócrata y los medios de comunicación opositores al gobierno. Ese electorado silencioso que se votó por Trump demostró que por más masivas que puedan ser las protestas, no sirve para ganar elecciones.

Como sucedió como las marchas “Ele não” en la previa de las elecciones de 2018 que buscaron sin éxito evita la llegada de Jair Bolsonaro al gobierno, el “Black live matter” no fue determinante para una victoria abrumadora de Joe Biden.

El cuestionado estilo rupturista e irracional de Trump es un problema para los centros urbanos progresistas globales, no para el campesino de Ohio o el trabajador de Pensilvania. La disputa por la representación de una base otrora demócrata tendrá que enfocarse más en el fondo que en las formas, en Estados Unidos y muchas otras partes del mundo.

Es innegable que estos liderazgos populistas reaccionarios tiene una base popular que no se siente contenida con expresiones de corte progresista. Como tuiteó la diputada electa, Alexandria Ocasio Cortez: “Hemos estado haciendo sonar las alarmas sobre las vulnerabilidades demócratas con los latinos durante mucho tiempo”. Estados Unidos tiene una tercera generación de latinos que se identifica más políticas restrictivas para con sus pares que con miradas inclusivas al estilo “dreamers”. No se trata de opinar si esto está bien o mal sino de entender que el comportamiento electoral está orientado en gran parte por ese sentimiento y potenciado por la retórica anti-izquierdista dirigida por la campaña Republicana.

La cruzada de Trump para evitar la derrota por la vía judicial no prendió lo suficiente dentro del partido del presidente, tal vez, porque el fin de ciclo le abre la posibilidad a varios para posicionarse ante los desafíos futuros. Si ese reclamo no tiene densidad política, quedará en el pataleo y la bronca y embarrará una transición que se presentaba muy difícil desde el principio. De ganar, Joe Biden tendrá algunos problemas para nada sencillos de resolver. Una sociedad partida, la Corte Suprema de Justicia con mayoría conservadora y el Senado controlado por la oposición.

Esto complica la realización de reformas que demanda el sector más radicalizado del Partido Demócrata en un escenario en el que Biden será un mandatario de transición que dará lugar a un liderazgo nuevo en los tiempos que viene cuyo perfil aún desconocemos. Así las cosas, con latinos votando a Trump y blanco eligiendo Demócratas, la traumática elección norteamericana nos obliga dejar de lado miras lineales y prestar atención a una reconversión de la base de apoyo partidaria. Los Republicanos tiene el legado de representar a los abandonados de las elites que le permitió, aún perdiendo, terminar su mandato con base alta de apoyo y los Demócratas tendrán otro round para dirimir orientación y perfil de sus liderazgos entre moderados y radicales.

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