El Puidgemont de Cuyo

El Canciller - Comentarios

“Mendoza puede ser un país independiente”, ensayó el diputado mendocino y presidente la UCR, Alfredo Cornejo y resonó en el mapa pandémico, más determinado por las cuestiones sanitarias que por la línea punteada de las divisiones geográficas. En Mendoza, la jugada no sorprendió. “El Petiso” tomó las armas del adversario y usó el mismo recurso que criticó con sorna durante años, el biri biri y la guitarrita.

Con la velocidad que solo admite el declaracionismo, recalculó y aclaró que no están dadas las condiciones, que tampoco lo permite la Constitución y que la cuestión de fondo es que el Gobierno perjudica a la provincia en el reparto de recursos fiscales y con trabas a la megaobra Portezuelo del Viento.

Cornejo cultivó fama de calentón a lo largo de una carrera ascendente que lo llevó de ministro de Gobierno y de Seguridad de Julio Cobos, a diputado nacional, intendente de Godoy Cruz, gobernador y nuevamente a la bancada y a la presidencia del partido. Se lució como armador y operador cuando articuló con Alberto Fernández la llegada de los radicales K a la Concertación y sorprendió como gestor en Godoy Cruz y en la Gobernación, de donde se retiró con alta aprobación y con un sucesor, Rodolfo Suárez, hijo de Ulpiano, el responsable de su afiliación a la UCR.

Quienes militaron con él en la Franja Morada de la facultad de Ciencias Políticas repasan el camino que hizo para llegar a presidir la Federación Universitaria de Cuyo en los ochenta: como militante, “Cornejito” tejía y destejía con habilidad de artesano y como candidato, predecía con exactitud de matemático los votos que iba a sacar la Franja. ¿Cornejo jugó a Puigdemont y tuvo un exabrupto secesionista? Difícil de creer porque no se le escapa la letra fina de los procesos independentistas. En los noventa, cursó dos maestrías en desarrollo regional en España y un posgrado de Planificación y Política Pública en la Cepal en Chile.

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Desde que asumió la banca en Diputados, se distanció de lo que sus colaboradores llaman el “radicalismo nostálgico” y repite que aspira a construir un posicionamiento nacional. Usará de vuelta biri biri y guitarrita si hace falta e incluso parece dispuesto a recurrir a la vieja caja de herramientas mendocina. El paso por Seguridad, área sensible de la administración de la provincia, imprime una marca indeleble en el rictus del dirigente que ostenta el cargo. Cornejo, que lleva la línea de expresión con orgullo, cuestiona a la gestión de Sabina Frederic por “atarle las manos a las fuerzas de seguridad, beneficiar a la delincuencia y dejar desamparados a los ciudadanos”.

Pasa los días del coronavirus entre las sesiones virtuales y la nueva normalidad mendocina. Le gustó el juego político de Peaky Blinders, pero ahora se entretiene con el planteo distópico del Cuento de la Criada. Como hincha de Independiente pero fanático del Tomba, extraña usar la 5 en los partidos semanales con sus amigos de Godoy Cruz.

El más peronista de los radicales chatea con Mauricio Macri aunque no se desvive por defenderlo en la causa por espionaje ilegal y lleva el día a día con Patricia Bullrich, con quien articuló la línea principal del comunicado de Juntos por el Cambio tras el asesinato de Fabián Gutiérrez. “Es un crimen vinculado al poder kirchnerista”, redobló. Trabaja en proyectos para atender la situación fiscal de las provincias, aun cuando sabe que su voluntad de magro y medido está condicionada por el escenario polarizado que redibujó la pandemia. Y ante eso, asume el desafío de reinventarse para seguir en el juego.