Cinco claves para entender qué dice la serie de Netflix sobre la muerte de Nisman

El documental "Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía" reúne todas las voces, imágenes inéditas del juicio por AMIA, y una entrevista a Antonio Stiuso.
El Canciller - Comentarios
@Guillermo Lucio no te llamaron la...

¿Una columna de temas político judiciales ahora dedicada a Netflix y el mundo del espectáculo? Perdón a los lectores, pero por esta vez puede ser. El nuevo año inició con una esperada serie de esa plataforma de cine y TV sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman, a casi cinco años de ese hecho que sacudió la política argentina.

A este humilde cronista y observador siempre le llamó la atención que apenas a una semana del hallazgo del cadáver del hombre que investigaba el atentado contra el edificio sede de la AMIA y la DAIA, las dos instituciones emblemáticas de la comunidad judeo argentina, el radicalismo, el PRO y la Coalición Cívica anunciaran su alianza para las elecciones de ese año electoral, 2015. Ganó Mauricio Macri, pero su gobierno ya terminó. Y al comienzo del 2020 tenemos a Alberto Fernández en la Casa Rosada y esta serie de Netflix.

El documental dirigido por el periodista británico Justin Webster -catalán por adopción, al parecer- está muy bueno y es muy recomendable. Del medio centenar de entrevistados, los principales diarios se quedaron con la definición de Fernández, hecha antes de siquiera imaginar que iba a ser presidente de la Argentina. Allí dijo que creía más en la teoría del homicidio que en la de suicidio. Ahora opina lo contrario.

Un gran logro del documental, vistos lo que fueron sus seis capítulos de una hora de un tirón, es que hace conmover las ideas preestablecidas sobre el hecho. Al menos es lo que le pasó a este observador. Todas las voces juntas en un mismo paquete y en continuado y bien editado llevan a uno a pararse en otro lugar y repensar el asunto, aunque para terminar en la misma pregunta de siempre. ¿Suicidio u homicidio?

Pero hay otras declaraciones más reveladoras e importantes que las de Fernández, que volvió a hablar del asunto una vez estrenada la serie y poniendo en duda la teoría de homicidio que dijo la Gendarmería en 2017 y en coincidencia con su ministra de Seguridad, Sabina Frederic, quien propuso el imposible de rever la cuestión, según le advirtieron desde Comodoro Py. Una pericia en una causa judicial es ordenada por el tribunal a cargo y no por el Poder Ejecutivo. Fernández pareciera contradecir su propio discurso al asumir el cargo, cuando dijo que no quería más la intromisión de los servicios de inteligencia en el sistema judicial.

La historia es conocida. Nisman, a quien este cronista conoció bastante por las labores profesionales de ambos, apareció muerto de un balazo en la cabeza un domingo de enero en el departamento en el que vivía en Puerto Madero, cuatro días después de haber denunciado a la entonces presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, por traición a la patria a raíz del Memorándum de Entendimiento, firmado por su canciller Héctor Timerman, con el gobierno de la República Islámica de Irán en torno a cinco ciudadanos y ex funcionarios de ese país por él acusados en la causa AMIA.

El viejo, irresoluto e impune caso -lamentable e histórico defecto de la Justicia argentina- cobra notoria actualidad habida cuenta del homicidio este viernes del líder militar iraní Qassem Soleimani en Bagdad a manos de un misil disparado por un dron estadounidense, su implicancia en la futura geopolítica internacional y más si se tiene en cuenta que una de las personas acusadas por Nisman por el atentado contra la AMIA, Ahmad Vahidi, aún con circular roja de búsqueda emitida por la Interpol, ocupaba el mismo cargo que su ahora fallecido sucesor.

Tras las idas y vueltas habituales de Comodoro Py, la denuncia de Nisman será juzgada en fecha por determinar por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal 8 (TOCF8), si es que hay juicio, según advierten abogados defensores de los imputados que aún tienen planteadas impugnaciones varias.

Uno de los principales hallazgos del documental es haber logrado entrevistar al súper agente 86 argentino, el más malo, temido y conocido de los funcionarios de la tristemente mitológica ex Secretaría de Inteligencia (SIDE). De Antonio Horacio Stiuso hablamos, enrolado en ese mundo bajo el nombre de Jaime Stiles hace más de 40 años y desafectado por la entonces presidenta Cristina Fernández un par de meses antes de la muerte de Nisman.

“Lo iba a terminar de hundir si lo atendía”, dijo Stiuso sobre los llamados que no le contestó a Nisman el día antes de su muerte. Ambos habían trabajado codo a codo en la causa AMIA y muchas miradas se posaron sobre él a la hora de buscar un autor intelectual del presumible homicidio del fiscal. Los contactos telefónicos de Stiuso y otros agentes de inteligencia entre la hora en la que se supone murió Nisman y el momento que se conoció públicamente el hecho son uno de los principales enigmas del caso. Los detractores de Nisman dicen que se suicidó por la orfandad de pruebas de su denuncia, supuestamente auspiciada por Stiuso.

“La sensación era que la cloaca había desbordado”, expresó otro de los entrevistados, el fiscal Carlos Stornelli, en obvia alusión a los servicios de inteligencia y su influencia en la Justicia, de la que él ahora es “víctima” por su procesamiento en el caso del falso abogado Marcelo D’Alessio, acusado de asociación ilícita, violación a la ley de espionaje y coacción en el marco de la causa de “los cuadernos de las coimas”. El lideró junto a otros colegas la multitudinaria marcha que se hizo bajo la lluvia a un mes de la muerte de Nisman. Y también es uno de los que aparece en los cruces de llamadas entre funcionarios y hombres pesados del mundo de los espías antes que se conociera públicamente la muerte de Nisman.

“Las desventajas eran más grandes que las ventajas. Nunca medimos las desventajas”, es otra de las frases salientes del documental, esta vez en boca del fallecido canciller Héctor Timerman y en alusión al acuerdo con Irán que Nisman denunció como delito en un momento en el que el entonces presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, impulsaba un “perdón” internacional a Irán por su desarrollo de tecnología nuclear. Timerman fue entrevistado poco antes de su muerte, con los evidentes síntomas del cáncer sobre su cuerpo.

“Si fue un plan para matar a Alberto, Alberto fue parte”, dijo otro de los entrevistados, Diego Lagomarsino, el misterioso asesor informático de Nisman, de cuyos celulares y computadoras poco y nada se pudo rastrear para esclarecer el crimen, como si todo hubiera sido borrado a propósito por alguien mientras Nisman yacía muerto en el baño de su departamento. Lagomarsino es el único imputado que podría llegar a juicio acusado indirectamente por el crimen. Fue quien admitió haberle entregado el arma con la que fue matado o “suicidado” horas después.

El documental de Webster tiene otro gran logro, además de las entrevistas a los principales protagonistas del caso, que respaldan una u otra teoría de homicidio o suicidio. Ese otro logro son las imágenes, muchas de ellas inéditas o al menos no vistas por este cronista que siguió el caso AMIA, incluidas las del primer juicio oral en el que declararon el propio Stiuso y la entonces senadora Cristina Fernández, entre otros. Claro, se trata de Netflix, de un documental, de una serie, de una película, y las imágenes, eso dicen, valen más que mil palabras.