Bonadio, el peronismo y Cristina

El Canciller - Comentarios
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“¿Y? ¿La leíste? ¿Qué te parece?”. Esas tres preguntas le hizo el fallecido juez Claudio Bonadio a este periodista en el pasillo del cuarto piso de Comodoro Py, frente al ascensor, al día siguiente de haberle entregado una resolución por él firmada un rato antes y relacionada con un caso que nadie recordó en estas horas pero que quizás sea uno de los que mejor sintetice y explique su paso de un cuarto de siglo por los tribunales en el rol de juez, sus simpatías políticas y su actuación posterior con Cristina Fernández de Kirchner.

Se trataba del procesamiento de los líderes de la organización guerrillera Montoneros a los que él había ordenado encarcelar, Roberto Perdía y Fernando Vaca Narvaja, por su presunta responsabilidad en los homicidios de trece militantes que habían regresado al país en la segunda contraofensiva contra la dictadura militar en 1980. Bonadio, que simpatizaba con el ala derecha del peronismo, dícese que Guardia de Hierro, estaba orgulloso de ese fallo. Después se lo destrozó la sala II de la Cámara Federal, que hasta lo apartó del caso. La causa contra ellos terminó en la nada. Bonadio no ocultaba su antipatía política con los Kirchner.

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La triple pregunta desacomodó al periodista, porque éste no era ni es abogado sino un simple cronista de las noticias judiciales que apenas sabe leer un fallo para traducirlo e informarlo pero incapaz de emitir opinión jurídica válida alguna sobre el mismo. La escena fue de septiembre de 2003. Néstor Kirchner llevaba apenas cuatro meses como presidente de la Nación. Pero Bonadio seguramente ya le desconfiaba por su simpatía con el ala opuesta del complejo mundo peronista en la complicada y violenta década del 70. Él era uno de los de “la servilleta” y había desembarcado en Comodoro Py desde la Casa Rosada en el gobierno de Carlos Menem, en 1994, cuando la ampliación del fuero federal penal.

Luego se desarrollaría una enrevesada relación de conveniencias mutuas que al final terminaría poniendo a Bonadio en la historia como el juez que ordenó tres veces detener a la ahora vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, pero como ella era senadora tenía los fueros parlamentarios que la protegieron. Luego fue electa vicepresidenta. Vaya paradoja, o no, el defensor de los fueros de la ex presidenta fue quien luego se pasaría del peronismo a la vereda de enfrente para ser candidato a vicepresidente de Mauricio Macri en su frustrado intento de reelección, Miguel Pichetto.

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“Pistolero, mafioso y extorsionador”, había calificado Cristina a Bonadio al dejar el poder y comenzar sus graves problemas judiciales, en gran medida como consecuencia de fallos firmados por ese juez ahora muerto. Lo de “pistolero” es público y notorio. El juez mató a dos ladrones con su pistola marca Glock en un intento de asalto en Vicente López. Lo de “mafioso y extorsionador” sólo lo sabrá la ahora vicepresidenta. El día previo a la muerte del juez, Cristina lo había calificado de “sicario”. Fue en una presentación en el juzgado federal de Río Gallegos en la que lo volvió a cuestionar e involucrarlo en lo que ella llama “lawfare”, un término que no figura en el Código Penal ni las leyes argentinas.

Bonadio fue el juez que primero sobreseyó a los secretarios privados del matrimonio Kirchner por presunto enriquecimiento ilícito y luego procesó por graves cargos de corrupción a la ex presidenta. Fuentes judiciales creen que hubo negociaciones políticas para zafarlo del juicio político cuando el kirchnerismo tenía mayoría en el Consejo de la Magistratura, donde acumulaba varias denuncias, entre ellas su actuación en una causa colateral a la del atentado contra la AMIA. El mismo kirchnerismo que luego lo transformó en su enemigo público número uno. Desde el lado kirchnerista lo acusan de haber respondido a intereses de la Embajada de los Estados Unidos, que solía visitar cada 4 de julio en la fecha patria de ese país.

Hablaron todos por estas horas, detractores y reivindicadores, pero el fallecimiento de Bonadio no fue sorpresa para nadie en Comodoro Py. El año pasado le habían detectado un tumor cerebral y cinco meses atrás ya sabía que su destino era irreversible. Y todos lo sabían en ese mundo. Muchos se preguntan si sus últimas avanzadas contra Cristina no estuvieron influidas por esa situación, sobre todo en la llamada causa de “los cuadernos de las coimas”, el último expediente de envergadura que elevó a juicio.

Pero más allá de cuadernos y montoneros, Bonadio será recordado por muchos como el que mandó a juicio en tiempo récord -para los tiempos habituales de la Justicia federal- la causa por el “accidente” de un tren en la terminal de Once en febrero de 2012 y que mató a 52 personas por la desidia del Estado, según determinó la Justicia. Claro, dejó fuera de responsabilidades al entonces ministro de Planificación Julio de Vido, pero después debió mandarlo a juicio -y terminó condenado, ahora con prisión domiciliaria- por disposición de jueces superiores.