Oller: “Llegó la hora de abrirle la puerta a los capitales privados en el fútbol argentino”

El representante de jugadores analiza la situación que atraviesan los clubes y presenta su modelo para levantar la economía de las entidades deportivas.
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La pandemia agravó la fragilidad financiera de los clubes del fútbol argentino. Cercados por la imposibilidad de pagar los sueldos de sus empleados, Ferro, Argentinos Juniors, Banfield y Lanús fueron los primeros en acudir al Gobierno Nacional para poder ingresar en el Programa de Recuperación Productiva (Repro), el cual comprende un auxilio económico para abonar los salarios, y fue pensado inicialmente para PyMes con más de 100 trabajadores.

El contexto de caos no es una novedad. Hace años que las instituciones deportivas en el país llevan sus números en rojo. Para colmo, en febrero Alberto Fernández ratificó el ajuste pergeñado por Mauricio Macri, al reglamentar los cambios impuestos por Cambiemos en el Decreto 1212, que en su génesis establece un régimen de beneficios en el aporte de los clubes para la seguridad social.

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Juan Cruz Oller.

Juan Cruz Oller, representante de futbolistas y entrenadores que cobró relevancia en los últimos mercados de pases del fútbol doméstico, reintroduce un planteo siempre desdeñado por directivos y socios: abrirle la puerta a las Sociedades Anónimas Deportivas.

En la actualidad, el empresario tiene bajo su órbita a los entrenadores Pablo Lavallén e Israel Damonte. Además, en el exterior administra el destino de jugadores como Pablo De Blasis (Eibar de España), Nehuén Paz (Lecce de Italia) e Iván Morales (Colo Colo y Selección de Chile). En el plano local, asesora a José Pepe Sand, Fernando Monetti y seis futbolistas del seleccionado Sub 20.

Israel Damonte.

Es el único de su camada que realizó el curso de director deportivo en la Real Federación Española, y ante El Canciller desmitifica el reparo tradicional de gran parte de los hinchas ante el eventual desembarco de los accionistas en los clubes: asegura que su proyecto no apunta a cercenar el rol social que cumplen a diario.

¿Cómo ves la situación económica de los clubes en la actualidad? ¿Están en condiciones de solventar los gastos en medio de la pandemia?

– No, no los van a poder solventar porque el sistema con el que funcionan no es sólido. Cuando les viene un viento de frente, no lo resisten y terminan pidiendo una subvención al Estado para poder cumplir con los salarios.

Esa subvención es, en muchos casos, la misma que les está otorgando el Gobierno a empresas perjudicadas por este contexto.

– Esas empresas tienen limitaciones que el fútbol no posee. Dejan de exportar y vender, el fútbol no, es algo de consumo masivo mundial. Puede ejecutar planes de venta que otras industrias no. No es menor que la FIFA sea la empresa que más dinero gana en el mundo.

En los últimos días mencionaste que el coronavirus representa una enorme oportunidad para que el fútbol argentino acepte el ingreso de los capitales privados. ¿Por qué pensás que la crisis económica actual abre esta posibilidad?

– Crisis en latín significa oportunidad. Si vos continuamente estás haciendo lo mismo, no podes esperar una solución diferente. ¿Por qué Always Ready, un equipo limitadísimo de Bolivia que no llega a los 10.000 socios, puede pagar un promedio de U$S 12.000 netos a un futbolista y hoy eso lo gana un jugador acá en la Argentina en bruto? Porque está administrado por empresarios. Yo no estoy pidiendo que le arrebatemos los clubes a los socios, sino que entiendan que es bueno tener un pulmón financiero y alguien que pueda aportar más herramientas. El problema de las entidades es que no encajan sus ingresos con los egresos, se gasta más de lo que se puede. Eso te limita a armar un buen plantel de fútbol. Si no podés agregarle calidad al equipo, tenés que apelar a alguien que te acompañe y compartir las ganancias. Cuanta mayor jerarquía tengas en tus planteles, tendrás más chances de clasificar a una copa y llegar a instancias finales. Colón, por alcanzar la definición de la Copa Sudamericana, embolsó U$S 4.000.000, sin contar todos los bonus que venía arrastrando de fases anteriores.

Pablo Lavallén en Colón de Santa Fe.

El problema es que la mayoría de los socios rechazan a los capitales privados porque cercenan a las actividades que no le entregan rédito económico al club.

– Error. Vos vas a España y te encontrás con Athlétic de Bilbao, que no es una institución grande, juega en pocas ocasiones competiciones europeas y tiene hockey, patín, vóley. El sistema de gerenciamiento español implica un compromiso del club hacia la sociedad.

¿Por qué sería una salvación para los clubes que se instauren las Sociedades Anónimas Deportivas? ¿En dónde radica tu convencimiento?

– Cuando vos tenés un gerenciamiento, eso implica que necesitás empleados de calidad, es decir, deben estar en blanco. El trabajo en negro, que hoy prolifera en la Argentina, no es de calidad. Cuando una SAD toma un club, está obligada a tener balances. Si no los presentás, te pueden abrir una causa penal. Además, debe llevar un control de ingresos y egresos, presentar facturas. En síntesis, tener orden económico, y con el órden económico aportás al sistema financiero local. Yo lo voy a decir enfáticamente: no pretendo que todos los clubes del fútbol argentino se gerencien, pero démosle la oportunidad a quien lo necesita. Es diferente eso a obligar a hacerlo. Por ejemplo, Estudiantes no lo precisa, pero sí su rival. Si yo le doy la chance a Gimnasia de adquirir un pulmón financiero y que un capital privado lo ayude a constituir un mejor equipo donde sea partícipe de las ganancias, tendré una mejor calidad en el campeonato. Entonces me puedo sentar con las compañías que poseen los derechos de televisación y decirles ‘quiero esto’. Si vos le das jerarquía al producto, obligás a la televisión a pagar más, son más los abonados y no dependés de vender entradas en los estadios. Generás competencia que levanta la vara del producto.

En la Argentina creemos que el empresario es un sinvergüenza que esquiva impuestos.

En 1999, Macri intentó imponer las SAD en el Estatuto de la AFA y el resultado fue, según sus propias palabras, la peor derrota de su carrera: sólo un voto a favor y 34 en contra. Para que se pueda implementar una reforma del reglamento, tres cuartas partes de una Asamblea Extraordinaria de AFA deberían aprobar la medida, luego lo tendría que hacer el Congreso de la Nación y, a fin de cuentas, los socios tendrían la última palabra. En la práctica, ¿no parece imposible aplicarla?

– Cuando hay que subir la vara, aparece un obstáculo atrás de otro. Yo lo que digo es que tenemos la posibilidad de incorporarnos al mundo, que el fútbol funcione bien como en el resto del planeta. ¿Por qué la liga griega cobra más derechos de televisación que la nuestra? Porque acá tenés un mal management. Si para incorporar trabajo de calidad, transparencia, balances y contabilidad bancarizada, tengo que pasar por todos estos inconvenientes, el problema es de quien me los pone, no mío que los debo superar.

Pero a fines de 2018, cuando se quiso convocar en AFA a una Asamblea Extraordinaria con la intención de que los clubes pudieran optar por continuar como asociaciones civiles sin fines de lucro o convertirse en Sociedades Anónimas, el proyecto terminó naufragando porque dirigentes de San Lorenzo, Racing, River y Vélez lo rechazaban públicamente. Hoy, incluso Boca, con el cambio de administración reciente, está parado en esa vereda. ¿Cómo los persuadirías para que vean en el modelo el rédito que vos observas?

– Si vos no le permitís al más chico gerenciarse, es porque no querés tener un producto de mayor calidad y tenés miedo de subir la vara. Hay clubes que no quieren el desembarco de las SAD por temor al crecimiento del fútbol argentino.

En una entrevista reciente, apuntaste que el coronavirus deja en evidencia que, ante una situación extrema, el fútbol no puede contar con el Estado. Hay otras prioridades: salud, seguridad y educación. Pero los clubes, en muchos casos, representan contención para familias. Y este gobierno ha hecho hincapié en que muchos subsidios no representan gasto, sino inversión. ¿El desembarco de las SAD no recortaría estos beneficios sociales?

– No, no. Vos no podés, en un país del tercer mundo como la Argentina, quitar el leitmotiv social que tienen los clubes. Yo me pregunto si estamos exprimiéndole todo el jugo a la calidad que posee el fútbol de nuestro país. Por ejemplo, ¿por qué mercados como el mexicano o el holandés, con mucho menos prestigio que nosotros, tienen más solidez? La realidad prueba que no aprovechamos bien el producto. Eso no implica aplicar un capitalismo feroz en un país del tercer mundo como el nuestro. No estoy diciendo que dejemos afuera a los 5.000 chicos que van a la pileta de verano de Lanús, no pretendo eso. Nadie les dijo a los clubes que deben dejar de cumplir su rol social, eso debe ser una obligación. ¿Pero no podemos incorporar a alguien que sepa mejor de números para ampliar la vara?

Bayern-Borussia Dortmund, Alemania.

En Alemania los clubes persiguen ese modelo, son compañías de negocios. Pero así y todo conllevan un reglamento por el que el 51% de sus acciones les corresponden a los socios, y no a los capitales privados. ¿Cuál es tu opinión? ¿Se podría establecer un modelo similar en el país?

– Es posible en la medida en que el socio, cuando aprueba la incorporación de un capital privado, entiende que no es una mala palabra. En la Argentina creemos que el empresario es un sinvergüenza que esquiva impuestos. No comprendemos que viene alguien a exigirte un poco más, a invertir para que el club sea mejor. Ese porcentaje del modelo alemán corresponde a las ganancias. Finalizada la temporada, se cierra el balance y el 51% va para los socios y el 49% para el capital privado.

En el fútbol alemán se dio una situación particular a partir de la pandemia. Los clubes chicos de Primera División van a tener problemas para subsistir porque tienen gran dependencia de ingresos por televisión y entradas, tal como sucede en la Argentina. Pero allí las instituciones más opulentas como Bayern, Borussia Dortmund, RB Leipzig y el Bayer Leverkusen crearon un fondo solidario de € 20 millones para ayudar al resto. ¿Por qué acá no se ha planteado la misma discusión? ¿Es una cuestión cultural?

– Esos clubes chicos de Alemania, lo que seguro no van a hacer, es irle a pedir plata al Estado. Y eso no es menor, porque vos estás “desendeudando” a las arcas nacionales, absolutamente fundidas en el caso de la Argentina. Yo creo que hoy los clubes grandes, en nuestro fútbol, no pueden brindar esa ayuda porque el producto no está bien explotado.

Cuando en 2018 se montó la discusión para que los clubes pudieran elegir por permanecer como asociaciones civiles o adoptar el gerenciamiento, River sacó un comunicado contundente (NdR: “Un balance en cero es un buen balance para una entidad sin fines de lucro: significa que ha administrado bien sus ingresos-egresos y ha distribuido su superávit en beneficios y servicios a los socios. Un balance en cero es un mal balance para una entidad lucrativa, porque significa que no ha ganado dinero, que es el último fin de sus socios accionistas”). ¿Cuál es tu reflexión al respecto?

– Que tiene razón.

¿Desde qué perspectiva?

– Vamos a suponer que un capital privado gerencia una institución en la Primera División del fútbol argentino y su balance termina en cero. El que pierde es el empresario, que invirtió y no ganó. Lo que está diciendo River es correcto, el capital privado está obligado a subir la vara y aportar, sino no va a obtener rédito. ¿Cuál es la conclusión? Siempre los clubes tienen muchas más chances de ganar que de perder.