18/09/2019
Jueves 15 de Agosto de 2019 Economía

Parches para una Roma incendiada

 

El presidente Mauricio Macri anunció el miércoles, en el marco de una autocrítica, un paquete de medidas de emergencia para contener los efectos de un nuevo capítulo de crisis cambiaria en la economía real. Nos proponemos analizarlas en cuanto a su oportunidad, perdurabilidad y penetración en los problemas que buscan solucionar.

Poco timing


Las medidas llegan entre 48 horas y 14 meses tarde. No es lo mismo anunciar este paquete de medidas antes de las PASO que hoy, 15 pesos por dólar después.

En concreto, la industria acumula 15 meses de caída consecutiva, la capacidad ociosa es del 40%, la desocupación está en 10,1%, el único empleo que se genera es el de baja calidad, el consumo acumula 15 meses de retrocesos, el salario real cayó 10 p.p. en 2018 y apenas amagó a rebotar, el 2019 se llevó puesto. Vamos a tener dos años de recesión consecutivos. La economía argentina es la torta de un cumpleaños que ya se terminó y donde solo tres compañeritos llegaron a comer porciones.

Hace un año que es necesaria una política de ingresos que proteja a los sectores vulnerables de la crisis; o hace más de un año que las PyMEs piden que se suspenda el SIPER (el sistema de scoring que las califica y deja afuera de los planes de facilidades de pago pensados para ellas. Soluciones a problemas de la semana pasada que son balas de fogueo para los problemas de hoy.

¿Por qué estas medidas llegan hoy? Por más que es una obviedad decir que tiene fines electorales, hay detalles del diseño de política que resultan alevosos. Los plazos son elocuentes: septiembre/octubre o fin de año. No están pensados como amortiguadores o parches hasta una recuperación, sino hasta las elecciones. Si la vocación fuese contener los daños, sus fechas de vencimiento serían el inicio de la recuperación económica.

Paradoja de la crisis


Dos de las medidas anunciadas hoy perdurarán en el tiempo. Por un lado, el aumento del salario mínimo vital y móvil, el cual aún no está definido ya que por ahora Macri sólo convocó al Consejo multisectorial que decide sobre este tema. Se espera un aumento por encima de lo esperado previo a este rebrote de crisis.

En segundo lugar, el incremento del mínimo no imponible (MNI) en el impuesto a las ganancias. Pero, vaya paradoja de la crisis: los empleados que están por debajo del mínimo para pagar ganancias solo tendrán dos meses de reintegro de sus aportes personales, unos nada despreciables 2000 pesitos; los monotributistas se ahorrarán 1000 pesitos de cuota solo en septiembre y los informales que perciban AUH nadarán en la abundancia de 2000 pesitos en septiembre y octubre; mientras que el 10% de los argentinos de mejor ingreso gozarán de un beneficio perdurable, dado que modifican el MNI. Un orden de prioridades discutible ante la situación actual.


 Si la macro no arranca, la micro no se luce. Las medidas hoy anunciadas son fruto del esfuerzo la contabilidad creativa que hay que destacar. No obstante, es muy difícil que estos parches muevan la aguja de la macroeconomía.

Más allá de la caducidad de los efectos ya mencionada, como si el mundo se acabara en enero de 2020, el resto de las medidas son alicientes micro, centrados en mejoras impositivas para PyMEs. Si bien descomprimen una situación muy exigida en el panorama financiero de muchas empresas, lo anunciado responde a reclamos que inundaron los despachos oficiales por más de 15 meses. Y, en estas circunstancias, lo micro ayuda, pero no soluciona.

Además, quedó afuera el gran problema de las PyMEs hoy (además de la falta de consumo): el elevado nivel de la tasa de interés. Era esperable una línea de financiamiento de emergencia a tasas subsidiadas para que las empresas puedan financiar su capital de trabajo; descuento de cheques para flujo operativo de pago de sueldos y proveedores. Pero no se dio ninguna señal a este efecto, mientras la tasa de referencia toca el 75%.

Las medidas no fueron bien recibidas por el mercado, a pesar del cambio de tono, y el dólar subió de vuelta. En parte, porque el diseño apresurado que marca la emergencia muestra que no hay convicción, sino oficio de urgencia. Urgencias son las que atraviesan a la economía real hace tiempo. Y se solucionan con trabajo, no con unos mangos por dos meses.

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