22/02/2019
Jueves 24 de Enero de 2019 Internacional

Venezuela y el eterno "¿y ahora qué?": cinco claves de la crisis

Los venezolanos nos acostumbramos a convivir con la incertidumbre y a responder a un saludo con un "bueno, aquí andamos, viendo qué va a pasar". Nuestros planes, nuestras intenciones de empezar o continuar una carrera universitaria, comprar algo y hasta planificar unas vacaciones dependen de que pase algo o no.

Este inicio de año no ha sido la excepción, todo lo contrario. Mientras brindábamos en las fiestas decembrinas del 2018, nos decíamos por lo bajito que algo serio e importante iba a ocurrir apenas arrancara el 2019. Y así fue. El 10 de enero, Nicolás Maduro asumía su segunda presidencia y se olía en el ambiente un escenario como el actual.

La mayoría de los que no viven en Venezuela se preguntan qué pasa. ¿Cómo es que ahora hay dos presidentes en Venezuela? ¿Es cierto que no se consigue papel higiénico? ¿Es cierto que la inflación es tan alta como la pintan? ¿Por qué tantos venezolanos están emigrando? ¿Qué va a pasar y qué está pasando en Venezuela?

Estas son las cinco claves que contribuyeron a crear las condiciones para que Venezuela esté pasando por una crisis social, económica y política sin precedentes.

El Gobierno de Maduro

La gestión de Nicolás Maduro ha sido un completo desastre. Luego de seis años en la presidencia, es difícil conseguir algún logro para exhibir. Más allá del discurso oficial que destaca la continuidad de las políticas sociales que emprendió Chávez, a estas alturas la sensación es que de eso queda poco y nada. Una hiperinflación que, semana a semana, pulveriza el poder adquisitivo de cualquier trabajador, un sistema de salud pública que está por el piso y unas calles desiertas después de las 7 de la noche por el temor a la delincuencia, bastarían para socavar la imagen de cualquier presidente, pero la lista no termina ahí.

Las empresas del Estado, incluyendo a las prestadoras de servicios públicos y PDVSA, la empresa petrolera estatal, todas parecen estar en su peor momento producto de la corrupción y de los malos manejos administrativos. Este concepto se redondea con la frase lamentablemente tan venezolana "aquí nada funciona". Sin embargo, para no ser injustos con el bueno de Nicolás, hay que decir que muchos de esos desastres y malos manejos venían de la época de Chávez y que muchos de los dirigentes que dejaron a dichas empresas en la bancarrota, fueron puestos a dedo por el mismísimo Comandante, algo que le redujo considerablemente el margen de maniobra a Maduro. El asunto es que el resultado de todo eso es que la vida del pueblo trabajador es un infierno y que cosas tan sencillas como sacar dinero del cajero automático, comprar un kilo de papas o conseguir un medicamento para la fiebre, en Venezuela puede llegar a implicar un esfuerzo titánico.

La peor oposición posible

Si hablamos de contrapesos democráticos, el que ha tenido el chavismo en estos años de historia ha sido muy débil. La oposición venezolana muchísimas veces se ha esforzado en quedar como el mejor aliado de Chávez y, luego, de Maduro. Hablamos de una clase política sin rumbo, sin programa, integrada por gente que está divorciada de la realidad. No solo se han empeñado en pelearse más entre ellos que con el gobierno, sino que hasta han ventilado sus diferencias en público, han irrespetado sus propios acuerdos, no han conectado con los mismos electores que a veces votan por ellos y a veces simplemente votan en contra del chavismo por puro descarte. La desidia de la clase opositora ha sido de tal dimensión que su agenda pareciera incluir solo dos puntos: el uso de la violencia para desestabilizar al gobierno y; la injerencia y aceptación de otros países, sobre todo de Estados Unidos, obviamente.

El Efecto Trump

Desde que Trump ganó las elecciones presidenciales, un buen grupo de venezolanos lo celebró como un gol a favor y otro buen grupo lo lamentó como si se tratara de un gol en propia meta. Estaba cantado que iba a traspasar los -ya de por sí corridos- límites que había dejado la administración de Obama. Desde que Trump llegó a la Casa Blanca, la presión sobre Venezuela y su gobierno aumentaron en forma de sanciones económicas, de escaladas diplomáticas y con la conformación del Grupo de Lima, que no es otra cosa que la unión de un grupo de países que unieron esfuerzos para desconocer a Maduro y a su gobierno. La Unión Europea también ha subido el tono de sus declaraciones y hasta ha sancionado a algunos funcionarios del gobierno bolivariano, no obstante el ranking de los países cuyos gobernantes parecieran abocados a entrometerse en los asuntos de Venezuela, más que a resolver los de sus propios países queda conformado de la siguiente manera: Colombia, España, Ecuador, Estados Unidos, Costa Rica, Canadá, Panamá, Argentina y un poco más rezagado está Brasil.

Toda esta presión ha impactado muy negativamente en la imagen de Maduro y ha generado una situación impensada en tiempos de Chávez. Los gestos más groseros se produjeron este 23 de enero, cuando en un acto mediocremente planificado y a los empujones, el Diputado y Presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, se auto juramentó como Presidente Interino de la República. A los minutos fue reconocido por el gobierno de Trump y luego lo fueron emulando uno a uno los países de la región, con las excepciones de Bolivia, Nicaragua y México.

El Giro a la derecha

Con las muertes de Néstor Kirchner y Chávez, la caída de Dilma Rousseff, el encarcelamiento de Lula, con el triunfo electoral de Iván Duque en Colombia y, sobre todo, la llegada al poder de Lenin Moreno en Ecuador, el eje político del continente giró a la derecha y no ocultó su deseo de arrasar con el legado y la inspiración que dejaron los antes mencionados. No obstante, la definitiva subida de tono y el destape vino con el triunfo de Jair Bolsonaro.

Con este panorama más allá de las fronteras y con una crisis interna cada vez más aguda, era cuestión de tiempo para que Maduro y las otras figuras del chavismo comenzaran a sentirse acorraladas. Que los aliados se cuenten con los dedos de una mano, que la situación económica deje muy poco margen para negociar y que las sanciones económicas sean cada vez más severas y agresivas, hacen ver a Maduro con el agua al cuello y nada indica que el nivel vaya a bajar pronto.

La Economía

La situación económica de Venezuela merece un párrafo aparte y es determinante a la hora de entender qué está pasando y por qué hemos llegado a esta coyuntura. Más allá de la disputa histórica entre la izquierda y la derecha y de las distintas visiones de país, la mayoría de la gente quiere que el gobierno se dedique a resolver el tema económico. En un país en el que el salario mínimo en algunos casos alcanza para comprar un solo rubro de la cesta básica, el clamor popular es excluyente, no deja lugar a dudas. Ni los problemas sociales ni mucho menos los políticos ocupan el espacio que ocupa el tema del dinero, la pobreza, la escasez, la inexistente capacidad de ahorro y la caída descomunal del poder adquisitivo.

La gente en la calle no habla de béisbol, las conversaciones familiares ni las reuniones con amigos sirven para distraerse porque se habla de una sola cosa: la mala situación económica y de cómo hacemos para sobrevivir a pesar de eso. El Gobierno ha diseñado un plan de bonos en el que una buena parte de la población recibe montos de dinero que algunas veces duplican el del salario mínimo y ni eso ha representado una ayuda significativa a la hora de enfrentar la crisis. El venezolano es cada vez más pobre y no es que está pasando hace poco, la peor cara de la crisis va para cuatro años y no hay cuerpo que lo aguante. Esto ha contribuido a cambiar la correlación de fuerzas y a que las grandes mayorías tengan cada vez menos esperanzas en la capacidad del gobierno para cambiar esta realidad.

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¿Y ahora qué? ¿Los militares van a quebrar su juramento de lealtad y van a forzar una renuncia de Maduro? ¿Será en cambio que las intenciones de la Unión Europea de lograr una salida consensuada y electoral lleguen a buen puerto? ¿La oposición volverá a patear una eventual mesa de negociación tal y como ha hecho en otras oportunidades? ¿Alguien desde el mismo chavismo convencerá a Maduro de dar un paso al costado con tal de negociar una salida a la crisis? ¿Venezuela se convertirá en una nueva Libia? Casi ninguna de las opciones se condice con las que se presentarian ante una crisis en un país normal y "democrático", pero aspirar a eso a estas alturas suena poco realista.

Absolutamente nadie tiene las respuestas a estas interrogantes y lo más probables es que pese a la gravedad del momento a los venezolanos nos toque volver a lidiar con la incertidumbre y tengamos que conformarnos con ver qué va a pasar. Si es que pasa algo.

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