20/01/2019
Miércoles 09 de Enero de 2019 Desde la trinchera

La marca de la gorra - parte 2

La policía tiene buenos presupuestos, en relación a otras reparticiones del Estado, y si tuviera buena imagen podría obtener aun mejores partidas presupuestarias.

Un gran ejemplo: la NASA, una organización creada con un fin cuasi propagandístico que, si bien perdió peso tras el cese de la Guerra Fría, sigue siendo un motivo de orgullo para el imperio. La NASA vende remeras, tazas de café, hoodies, calcomanías para el paragolpe del auto, “luncheras” (esas valijitas metálicas para llevar un tentempié al colegio), gorros, banderas, vinchas. El logotipo de la NASA es una maravilla retro vintage setentera. ¿Alguien conoce el logotipo del Conicet? ¿Alguien alguna vez puso una calcomanía en la laptop o vistió una remera con el distintivo del Conicet o de la Policía Federal Argentina? Cada vez que digo esto la gente con culposidad ideológica me salta a la yugular. Así les va.

Insisto, la yuta tiene recursos de sobra y podría con muy poco esfuerzo mejorar su “imagen de marca” exponencialmente. La paradoja policial: es una institución que más recompensa recibe cuanto peor hace su trabajo. Es decir, cuando aumenta la delincuencia ¡se le aumenta el presupuesto!

Algunas sugerencias estratégicas para mejorar su imagen de marca: más prevención, más inserción comunitaria, más “héroes”. Prender fuego un cargamento de falopa de vez en cuando sirve de poco. Es casi una parodia.

Ahora bien, todas la semanas algún vigilante ayuda en algún parto en algún transporte público en el Conurbano o salva algún perrito. Eso tiene que amplificarse en los medios. Es clickbait de primera magnitud. Nada hay más viral que bebés y mascotas. Pero nada. Los vigilantes deberían llevar bodycams (cámaras en la gorra o en la solapa) para grabar todas y cada una de sus interacciones con civiles. Los medios estarían FELICES.

Chiques: los medios están en la lona, no tienen presupuesto, no tienen gente, tienen que pelar contenidos a pulmón en un escenario digital cada vez más fragmentado. Si las comiserías tuvieran equipos de prensa mínimamente profesionales que proveyeran de contenidos a los medios, bien empaquetados para consumo inmediato, los empresarios del infotainment estarían ETERNAMENTE agradecidos.

Recordemos que los medios vivían de cuatro cosas: publicidad de consumo masivo, avisos clasificados, deportes y policiales. Los dos primeros ítems se esfumaron MAL. La prensa deportiva subsiste hasta ahí. Las noticias policiales, sin embargo, caminan como loco. If it bleeds it leads. El morbo vende. Me van a putear por decir esto, me van a acusar de cínico, pero los funerales de un oficial caído deberían ser mucho más mediáticos y telegénicos.

Hollywood hace magia para la imagen de la policía, por lo menos para la de Estados Unidos. Dick Tracy, Sérpico, Starsky & Hutch, SWAT. Harrison Ford, George Clooney, Brad Pitt, Pacino, de Niro, Denzel Washington, la lista de A-listers que han interpretado vigilantes en pantallas grandes y chicas es interminable. En el imperio, la gorra es cool. No es una opción laboral a la que se llega por descarte. No señor. Es un laburo más que tentador. Especialmente para gente que necesita sobreactuar virilidad y/o retirarse joven con generosas pensiones.

Idea al pasar, puramente táctica, de ocasión, pero que seguramente garparía como loco: los cuerpos de bomberos de Nueva York tienen por tradición vender un almanaque anual con bomberos cachondos ligeros de ropas, para recaudar guita. Una especie de bono contribución con sorpresa. La escena gay MUERE por los uniformados, especialmente si están trabajados en el gimnasio. Tiene que haber 24 uniformados de géneros diversos dispuestos a ir al gimnasio de vez en cuando y privarse de la fugazza con queso durante un par de meses como para posar para un almanaque.

Otra idea tonta: todos los fines de semana las comiserías tienen que organizar encuentros en plazas y espacios públicos para llevar a los pibes a dar una vuelta en moto o a caballo, hacer sonar la sirena del patrullero, hacerse selfis con la gorra, etcétera. CONGRACIARSE CON LA COMUNIDAD. No brainer total. ¿Cómo no se le ocurrió a nadie? De no creer.

Hay que volver a la noción de que la carrera policial (y la militar) es una vía segura para salir de pobre. La fuerza tiene que volver a atraer talento con esa zanahoria. No en vano existe en el Reino Unido la frase “posh cunts telling thick cunts to kill poor cunts” (conchudos de clase alta mandando conchudos ignorantes a matar conchudos pobres). Otra frase, atribuida supuestamente a Winston Churchill, aunque en este caso define la vida en la Royal Navy: "Rum, sodomy and the lash". Ron, sodomía y látigo..

Lo que la publicidad no puede resolver, pero en alguna medida podría maquillar, son los microfracasos cotidianos. Docenas de policías en camionetas, patrulleros, motos y cuatriciclos no pudieron evitar dos piedrazos a un autobús con un equipo de soccer. Tremendo blooper. Alto fail para los ojos del mundo.

Supe ser amigote de un ex volante de contención que fue ídolo en Racing. Este muchacho siempre contaba a los íntimos y no tanto que cuando la Acadé iba perdiendo él automáticamente empezaba a tribunear sin más, con barridas y acrobacias innecesarias. Este jugador de soccer -que ya está retirado pero cuyo nombre no voy a revelar porque tengo códigos- confesaba que deliberadamente agregaba ampulosidad performática a su juego para congraciarse con la hinchada. El tipo era un actor representando un papel para el público. La policía podría aprender.

Y sí, los países tienen los gobiernos que se merecen. Y los empresarios, científicos, abogados, deportistas, militares, policías, etcétera, etcétera.

En un conocido bistró de Barrio Norte, en la intersección de dos calles que empiezan con las sílabas Liber, tuve el placer de presenciar cómo una oficial de policía que tendría que estar vigilando esa esquina se tomaba repetidos recreos de 45 minutos encerrada en el baño del citado expendedor de minutas y copetines. Yo mismo la vi entrar y salir varias veces al retrete, telefonito en mano para checar Instagram o vaya uno a saber qué. Cuando no estaba defecando estaba acodada en la barra, hablando boludeces con el personal, a las risotadas, en babia total.

Si yo atendiera una farmacia en el conurbano, fuera víctima de un asalto al mes y viera en TV que mandaron a casi media docena de vigilantes excedidos de peso a detener a Rodrigo Eguillor a Ezeiza tendría razones de sobra para estar a las puteadas. ¿Hacían falta cinco (5) oficiales de policía para detener al capullo ese? En fin. Continuemos con nuestros quehaceres. Chaucito y feliz año.
 

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