19/01/2019
Lunes 07 de Enero de 2019 Desfile de poder

La escritora que dedica su Instagram a promocionar la moda africana

Las primeras damas han sido un objeto de estudio asiduo en esta sección. Su rol como vidriera del diseño del país que representan es una de sus responsabilidades indirectas más conocidas. Días atrás mencionábamos como Michelle Obama posicionó a Christian Siriano y a marcas de medio costo como J. Crew en el radar de la moda norteamericana. Se trata nada menos que de un impulso a la industria desde una posición de privilegio, no a la manera de las influenciadoras de redes sociales -que visten lo que dicta el canje, incluyendo productos variados como comida para perros y yogures- sino más bien como una decisión de negocios estratégica: poner en evidencia que el desarrollo de una firma propia en el país de origen refleja una economía fuerte y sostenible en el tiempo.

También lo hacen, en ocasiones especiales, las actrices mejor pagadas de Hollywood. Cuando se acerca una alfombra roja, la decisión no se inclina por el vestido que les queda más lindo, tarea que finalmente sería imposible, sino por elegir al merecedor de tamaña marquesina publicitaria: que Keira Knightley o Scarlett Johansson vista a un diseñador lo catapultará hacia la presencia estelar en los medios de comunicación y las redes sociales durante varios días, y sabemos que no hay mejor publicidad que ser etiquetado miles de veces en Instagram. 

Inesperada es la promoción de indumentaria que lleva adelante unas de las escritoras del momento, la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie. Autora de reconocidas novelas como “La flor púrpura” y “Americanah”, y de ensayos sobre género como “Todos deberíamos ser feministas” (frase que María Grazia Chiuri estampó en remeras de Dior que se vendieron como pan caliente) y “Cómo educar en el feminismo”, es también una confesa adoratriz de las prendas de vestir.

En su breve ensayo “El peligro de la historia única” registra sus inquietudes como nigeriana emigrada en los Estados Unidos. Sus compañeros de universidad esperaban de ella cánticos tribales y lenguajes exóticos, desconociendo que en Nigeria se habla inglés y que su educación musical estaba construida sobre cassettes de Mariah Carey. Tal vez esas experiencias fueron el origen de una sensación de responsabilidad por las tradiciones de su continente y un impulso para dedicar su cuenta personal de Instagram a la difusión de diseñadores de moda africanos. Cuando da conferencias o visita universidades, cuando recibe un premio o se reúne con la primera dama de Francia, el vestido que luce en esa imagen lleva la etiqueta de la marca africana que la viste.

Comenzó con marcas exclusivamente nigerianas, pero detectó rápidamente su poder de convocatoria y la potencialidad de su llegada: los casi trescientos mil seguidores que siguen sus peripecias fashionistas en Instagram son material receptivo más que suficiente para reducir la publicidad a un solo país, teniendo diseño autóctono de todo un continente.

Cualquier producto que surja de los denominados “países del tercer mundo” debe enfrentarse a la dificultosa tarea de competir con Europa o Estados Unidos, y no hablamos solo de manufacturas sino de la propia gente. En la novela “Americanah”, la protagonista dice: “el pelo es la metáfora perfecta para la raza en América”. Para Occidente, el pelo de las mujeres negras se considera descuidado o desprolijo, pero Adichie afirma que el problema es que la gente no conoce sus características y por eso no sabe apreciar su belleza. La colonización también ha hecho que el pelo liso sea más valorado que el enrulado, y desandar ese camino es también su objetivo. Hace tiempo que abandonó el alisado de cabello, destacando su afro natural con distintos peinados.

Utilizando las herramientas digitales en su favor y la de sus compatriotas, ha logrado convertirse en un icono de moda valorado. Vaya uno a saber qué hubieran hecho Joan Didion, Djuna Barnes o Isak Dinesen con redes sociales en su temprana juventud, pero ella no solo ha entendido como usar su poder de visibilidad sino que ha eludido con la frente alta las habladurías que afirman que el interés por la moda es contrario a las pretensiones intelectuales elevadas: cualquier persona inteligente sabe que la moda mueve montañas.  

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