22/08/2019
Viernes 14 de Diciembre de 2018 Entreselfies

Louta: “El adolescente hoy es un marginado de la sociedad”

Con 24 años Jaime James, mejor conocido como Louta, es una de las figuras emergentes más determinantes de la escena argentina en la última década. La semana que viene cierra el año presentando Enchastre, su segundo y flamante disco, con dos Vorterix. El viernes ya está sold out; para el jueves quedan algunas, poquitas, entradas.

Hijo cosmopolita e itinerante de una pareja de circo moderno —sus padres fueron creadores de De La Guarda— llegó a ir al jardín de infantes en Nueva York, cerca de las Torres Gemelas. Quizás por eso su impronta no se limita sólo al sonido: la puesta en vivo, el vestuario, los vídeos, incluso su uso de las redes sociales, son parte de la propuesta. Un artista integral no limitado a lo estrictamente musical. Por eso, sí hablaremos de canciones pero también de su mirada sobre la sociedad y del lugar que los jóvenes (no) tienen a la hora de tomar decisiones trascendentes para el mundo en el que crecen.

—En esta cuestión de artista integral que tenés, ¿la música qué lugar ocupa?
—Las canciones van primero, eso siempre. Y después el look, la puesta, ir avanzando y resolviendo. Cuando viene algo que tengo que ver qué pasa voy viendo por dónde resolverlo. No tengo un método de trabajo que no sea la acción. El concepto está en la cabeza pero no tiene que ver con un proceso intelectual. Tiene que ver con que yo sé lo que quiero generar. Pero no sé hasta qué punto eso está verbalizado en mi cabeza.

—Hablaba el otro día con Juan Ingaramo que las nuevas generaciones de músicos componen sin instrumentos, ¿cómo es tu caso?
—Yo no sé casi nada de música. Casi nada. Voy tirando cosas, ruidos, todo, y voy metiendo las melodías. Ponés una batería “tun chiqui tun chiqui tin tin tin”, y después viene el  “tananinononenano”. Ya está la melodía, listo.

—El choque entre Pappo y DJ Deró. La relación entre instrumentos y el laburo honesto, ¿ya no va más?
—Esos mundos yo creo que chocaban en el ‘95, ahora ya no. Es de otra época, de otra era. No creo igual que los grandes músicos de la historia argentina tuvieran mucho rollo en su momento de composición. ¿Qué acorde tiene tal letra o tal otra? Creo que componer tiene que ver más con una fuerza vital que les surgía de adentro. A mí me van saliendo las cosas y las voy tirando. En este disco hay un poco más de canciones, que me copa. En ese sentido soy como un productor. Y me gusta experimentar por diferentes lugares. Y me copa una variación de música bastante amplia. Me gusta música diferente y voy tratando de generar desde ahí. Y también investigando con las letras, que es un área en la que me interesa cada vez incursionar más. Cada día profundizo más en cómo hacer para decir lo que quiero decir.

—Esa frase del tema Chocolate, “una base de Miranda! para el rock / una frase de Atahualpa para el pop”, ¿es una definición de principios de lo que me estás contando?
—Me gustó cómo quedó. Poder sacarse un segundo la camiseta de los géneros y poder mirar para el costado. Y también entender que no hay por qué seguir dividiendo cosas. ¡Cómo si Atahualpa y Miranda! no convivieran en ningún lugar! Cuando en realidad sí. Es un proceso de sinceridad con la música. Más con la esencia de la música y no tanto con la superficie. Y en realidad la música tiene que ver con una cuestión humana y no con un palo o el otro. Desde ahí puede surgir una cultura que esté más conectada con el humanismo que con otras cosas.

—Dejar de pensar que hay músicas buenas y malas.
—En ese trabajo de poder ver a la música, englobarla y entenderla, y acercar las diferentes partes, también hay una repercusión sobre la mirada que tenemos de las clases sociales. En la mirada que tenemos sobre el federalismo en la Argentina. Una mirada más profunda requiere de otra lectura de la música. ¿Qué significa lo que antes se decía “intelectual”? Y poder ir a la poesía más profunda de la música y poder entender que la expresión de la poesía está en otros lugares. Poder buscar la poesía en un espacio más amplio que permita participar a más gente. De cualquier cosa, en cualquier proceso, que permite sacarle cualquier rasgo de elitismo al arte, a la economía, a la educación, estoy a favor. Cualquier lectura humanística, que vea al ser humano como el humano en sí, con la posibilidad de comprender, la posibilidad de desarrollar, me parece mucho más profunda que tener una visión que excluya todo el tiempo. “No, pero si esta música habla sólo de boludeces”. “Esta habla de cosas piolas”. Bueno, pará.

—Incluís la economía, la educación, no sólo el arte.
—La visión política tiene que ser todo el tiempo inclusiva. Esa es la lucha, no excluir. Una mirada inclusiva. Decir que una música vale menos que otra es como decir que un ser humano vale menos que otro. Te puede gustar más o menos, pero que tal género musical te parezca más bajo que otro es porque en definitiva a vos te parece eso. Es como decir que la cultura de un país es menos nutrida que otra. No, no es así. Es hasta qué punto uno tiene el ojo afilado para poder detectar en esa cultura, en ese país, la profundidad, el análisis, poder experimentar otra cosa.

—¿Y cómo te llevás con la devolución de la crítica, de la gente más grande, del mundo adulto?
—Hay dos visiones encontradas por un lado unos dicen "no, porque los jóvenes son los que saben todo, y los adultos son unos boludos" y después en un montón de áreas los adultos toman todas las decisiones y no participan los jóvenes. Entonces en la cultura, la moda, no sé qué; todos los jóvenes. En las decisiones políticas, institucionales, no sé qué; todos los adultos. Bueno, ¿por qué no juntamos las dos cosas y que los jóvenes puedan participar de las decisiones de cómo se maneja el país y que los adultos participen sobre cómo se genera una nueva cultura? ¿No sería más interesante? Si no es una hipocresía de las dos partes, de trabas para involucrarse, de falta de unión. El adulto se hace el incomprendido pero después no incluye. No es que no sólo no va si no que también cierra la puerta.

—Me decía Darío Sztajnszrajber que vivimos en un adultocentrismo, en el que les niñes y adolescentes son les grandes excluides, y que eso no se visualiza. 
—Esa cosa de "yo no entiendo, no entiendo" no es solamente dejar que avance sin que uno lo vea, sino que también es "acá no entrás". Y eso es peligroso. ¿Cuántas de las políticas discutidas en senadores y diputados son llevadas por propuestas de chicos menores de 20 años? Ni una sola. Y los jóvenes cuando tienen 25 ya no tienen 16. Ya la problemática la pueden ver desde otro lado, pero ¡quién es la voz de todos los pibes de menos de 20 años?. Y lo mismo para adelante: ¿quién es la voz de la gente que tiene más de 70 años? Tampoco, nadie. Entonces, esa visión industrial que tenemos de la sociedad afecta mucho después. Porque el pibe que después tiene 30 años es el pibe que a los 15 nadie le dio bola. Y eso se ve manifestado después. Nadie le dio bola macrosocialmente. Después si tu hermano te prestaba más atención o menos depende de cada caso, pero la sociedad como formato no incluye a esos segmentos. El adolescente hoy en día es un marginado de la sociedad. Entonces después no nos quejemos si no podemos generar ningún ámbito de inclusión.

—Incluso hay una negación a que les adolescentes participen en discusiones políticas, se los reta porque deberían estar en el aula estudiando y no instalando debates.
—El colegio es el primer paso y esencial de lucha pero después esos jóvenes son parte activa de la sociedad. No viven adentro de un colegio. Esa lucha tenemos que permitir y alentar a que se manifieste en la sociedad. Los políticos tienen que ir a preguntarles qué piensan y no que los pibes tengan que estar gritándoles. Una vez por semana los políticos tienen que ir a charlar con un grupo de jóvenes, los centros de estudiantes de todas las escuelas se tienen que juntar una vez por mes con el presidente, con los diputados, y lo mismo con los jubilados, con los discapacitados, los pueblos originarios.

—¡Jóvenes del mundo uníos!
—Hoy releía un texto que escribieron Daisaku Ikeda y Adolfo Pérez Esquivel que se lanzó en Italia, que es un llamamiento a los jóvenes del mundo y habla de que nosotros podamos ser protagonistas de una nueva era de paz y que los jóvenes no son el futuro si no que son el presente. Y esa mirada me pareció super alentadora y me parece que es una postura que hay que tomar donde uno decide ponerse la camiseta de titular y decir “bueno, ahora estamos acá”. No hay que esperar a nadie.

—¿Qué planes tenés para el 2019?
—Sale un libro en marzo, abril: ¿Te imaginás?. Una cosa que voy subiendo a las redes, te imaginás que, te imaginás que. Me interesan todas las expresiones artísticas, eso se ve un poco en el escenario: la danza, el cine. Y la escritura también. Todo termina siendo una excusa para generar algo nuevo y poder seguir metiéndole. ¡Vamos con toda!

Cuestionario Flotante: Louta


—¿Cuál es la ensalada ideal para acompañar un bife?
—Rúcula, parmesano y zanahoria.

—Si tuvieras que elegir un personaje de Los Simpsons para naufragar en una isla desierta, ¿cuál elegirías?
—Bart.

—Una banda para recomendar en Spotify.
—Led Zeppelin.

—¿Una torta o un tostado?
—Torta.

—Algo para recomendar que hayas visto recientemente en Netflix o alguna plataforma de streaming.
—The Truman Show

—Tu puteada favorita.
—Forro.

—Una canción que te hubiera gustado escribir.
—“Imagine” de John Lennon. 

—Si no te hubieras dedicado a la música qué te hubiera gustado hacer.
—Guionista.

—El emoji que más usas.

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