19/01/2019
2 Viernes 07 de Diciembre de 2018 Desde la trinchera

Pato contra el sentido no-comun

Cuando Pato arrancó como ministro, una de sus primeras medidas fue proponer un “protocolo anti-piquete” que, acortando el cuento, significaba un diagrama entre fuerzas municipales, provinciales y nacionales para barrer los bondis escolares de la emancipación nuestroamericana que suelen encaminarse a la ciudad en busca de packs de plata estatal. 

Larreta se negó de entrada y terminantemente al protocolo. Quizás su equipo no entendía que la posibilidad que privar a la ciudad de piquetes sería algo factible. Muchos de sus funcionarios estaban en la primaria cuando los piquetes se volvieron algo natural de la Ciudad de Buenos Aires y no tuvieron el placer de conocer a una ciudad en paz como lo fue hasta que el Dr. Menem terminó su presidencia. 

Pato ofreció una mesa de tres patas, que más o menos se mantiene, pero perdió una pata que hizo que la mesa quedara inutilizable. 

El resto de los años que siguieron son más conocidos. Pato bajó un 25% la tasa nacional de homicidios en 3 años y dio un golpazo tras otro al narcotrafico cartelizado que graciosamente dejó el kirchnerismo. Pero, por la impericia y el miedo de Larreta, se dejó que la Ciudad continúe siendo un colegio tomado por bolcheviques. Larreta le pintó la cara a este gobierno, dejándolo con la imagen de un blandengue para con el orden. Porque CABA es la fachada del país, guste o no guste. 

Pero, en realidad, este gobierno no fue un debilucho con el orden: hizo todo lo posible que se puede hacer teniendo a una Justicia que cambia valijas por excarcelaciones o heredando un sistema donde el gobierno anterior necesitaba el narcotráfico para alimentar con fondos a sus punteros territoriales y sus legisladores. Pero la sensación no es que bajaron los homicidios un 25% sino que Buenos Aires, a la noche o de día, tiene la seguridad de Medellín. O de Rosario, que es lo mismo. Y un poco eso se da porque se vive en una mini guerra civil todos los días. Un mini 2001 diario de 10 de la mañana a las 7 de la tarde. 

El G-20 fue la revancha de Pato. Les demostró a los porteños que si al empresario de la organización social le decís que va a haber palos e incluso tiros, el compañero se tranquiliza un poco. Negocia. “¿Qué le parece si solo vamos a protestar a la plaza, pero sin cortar, Don?”.  Incluso, con los renovados procedimientos, este miércoles Barrios de Pie tuvo que moverse en subte porque el operativo no les dió la chance de cortar nada. 

No era tan difícil, parece. 

De todas formas, Pato mantiene su marca “cambiemita”: su Ministerio dicta seminarios obligatorios de ideología de género a las fuerzas de seguridad, transmite desde el Ministerio una sobreactuacion sobre el respeto a los derechos humanos e incluso mantiene en sus estructuras toda una gama de egresados de universidades privadas que siguen soñando en que se puede hacer un país finlandes con un 49% de habitantes que querían ser venezolanos (tal vez hoy sean un poco más según las encuestas que paga el gobierno). 

Pero Pato mantiene la marca cambiemita porque si no termina acá en Miami tomando vino conmigo. No sería un mal plan para ella sacándome a mi de esa ecuación. 

Pero Pato tiene vocación. Desde los 20, cuando creía que estar en una orga asesina estaba bien porque el gobierno era un poco más asesino, hasta hoy que está en un nido de víboras que la detestan. Pato flota en vocación. Habla siempre con la misma cara, se embriaga como cualquier persona de bien, nunca dice una estupidez. Lo cacheteó a Moyano ayer, hoy y mañana. Lo tiene de hijo. 

Acá en El Canciller me dijeron: “Obvio que el tema es sobre tu amada Pato, Ziberial, facho”. Y yo pensé: “No intentes una biografía”. Y acá tienen el párrafo de arriba. Pero sirve para explicar el tema de su vocación. Sonará a facho, pero es vocación por la patria, y desde el lado de la grieta que su maduración mental e ideológica le indica en el momento. 

Pato no roba, ni robó un centavo en su vida. Metió su humanidad entera en bancarla en el 2001 porque, como varios, sabíamos que si se rompía ese gobierno venía la revancha del otro lado, los Bolsonaros bolches. Y sí que vinieron. Hoy probablemente exista la misma situación si este gobierno se rompe, automáticamente aparece la reforma constitucional que tienen preparada los que se fueron. Una constitución  mezclada con la revancha judicial que en comparación lo van a dejar a Evo Morales como la reencarnación de Thatcher. 

Pato aprovecha el gol del G-20 e impone su plan, el mismo que Larreta liquidó en 2015. Es la segunda chance, ahora con más enemigos internos que hace tres años porque los radicales, cuando se acerca un final en tiempo y forma de un mandato propio, se ponen muy nerviosos. Sos vos, Pato.

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