11/12/2018
Lunes 03 de Diciembre de 2018 Desfile de poder

Mujeres campesinas en la tapa de Vogue Brasil: un espacio de visibilidad para el “indio permitido”  

En el marco del Día Internacional de la Mujer Rural, la revista de moda Vogue Brasil se unió a la causa dedicando su portada a mujeres campesinas y artesanas de Argentina, Guatemala, Jamaica y Brasil. Las veintisiete imágenes que conforman el trabajo documental de la fotógrafa Cecilia Duarte, se expondrán en el Centro Cultural Borges entre el 29 de noviembre y el 16 de diciembre, bajo el título “El alma de la ruralidad en América Latina y el Caribe”. 

La acción se realizó junto al Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), que pretende visibilizar a las trabajadoras de la tierra y reconocer el impacto de la cultura de los pueblos originarios que tanta importancia tiene en el norte del país. 

Las mujeres rurales argentinas elegidas para la documentación fotográfica fueron Celeste Valero, Noemí Martínez, Edilberta Pica y Lucrecia Cruz, cuatro artesanas y agricultoras de la Puna y la Quebrada de Humahuaca, que fueron registradas luciendo vestimentas y sombreros característicos de los pueblos originarios del NOA.

Según datos del IICA, un organismo interamericano especializado en el desarrollo agrícola y rural, las mujeres agricultoras de América Latina son las responsables de la producción del 51% de los alimentos que comemos en nuestro continente. La campaña de visibilización se presenta desde Vogue como un intento de avanzar hacia una igualdad de género, impedida por factores como la imposibilidad de ser dueñas de la tierra, obstáculos de comunicación, falta de servicios básicos como agua y electricidad e inseguridad física. El foco se pone en la idea de que el valor de las mujeres rurales no se limita exclusivamente a su trabajo manual y de producción de alimentos, sino que además son las anclas de preservación de las tradiciones y las identidades locales. 

Los espacios que comunican noticias de moda en Argentina y en el mundo celebraron con entusiasmo la cruzada de Vogue, pero en la ciega celebración de este tipo de acciones se juega una omisión imperdonable: el triunfo de Bolsonaro y el avance del capital agrícola transnacional en América Latina que habilita la visibilización de “indio permitido” como forma de contrarrestrar la presencia de los activistas rurales.

Esta conceptualización sociológica, acuñada por el historiador norteamericano Charles R. Hale, postula que el neoliberalismo asigna un espacio de visibilidad a ciertos actores de los pueblos originarios de nuestro continente (denominados activistas-intelectuales), a condición de que cumplan ese papel asignado por el proyecto neoliberal: gozar de ciertos privilegios y renunciar a derechos. Esta categoría, que en nuestro país puede ejemplificarse fácilmente con la figura de Félix Díaz, cacique Qom que hizo campaña por Mauricio Macri, en oposición a Facundo Jones Huala, el mapuche que tuvo diversos enfrentamientos con las fuerzas policiales y fue mediáticamente criticado por haber sido “flogger”. Este contrapunto da la pauta de otra de las características ineludibles del “indio permitido”, la de representar con entereza el estereotipo: el cacique lleva plumas y vive en una choza en la selva, no como Huala que tenía conexión a internet.  

En una coyuntura en donde se discuten problemáticas de género, la agenda debería hacer algo de espacio a las condiciones de las mujeres rurales, pero sin dejar de contemplar que son las más perjudicadas por las decisiones políticas y económicas del neoliberalismo en América Latina.

De acuerdo a la conceptualización de Hale, existen dos formas distintas de ser indígena: el “indio permitido” logra negociar la modernidad, sustituir “protesta” con “propuesta”, actuar con autenticidad y manejar el lenguaje dominante. El “indio desautorizado” es rebelde, vengativo y conflictivo, lo que genera gran preocupación en la élite política, que se ha comprometido con la igualdad cultural pero que teme las repercusiones que se podrían generar si alcanzaran algún grado de poder. 

Durante la última década, Brasil fue el país que más veces encabezó el ranking mundial de asesinatos de activistas rurales, y la Comisión Pastoral de la Tierra informó el año pasado que desde el año 1985, 1.833 campesinos y líderes de la lucha por la reforma agraria fueron asesinados en conflictos. Según el informe, las disputas por la tierra y por los recursos hídricos son las principales causas de la violencia en el campo. La intensificación de los conflictos está situada donde hay expansión del agronegocio, de las minerías y de grandes obras de infraestructura. Con las estadísticas en mano ¿cómo se lee la campaña de Vogue Brasil? Más que como un compromiso con la conquista de derechos de las comunidades indígenas que intentan proteger el Amazonas de la voracidad capital, se parece a un gesto celebratorio de una industria que aplaude la agenda de género higienista, con sesiones de fotos “mostrables” en  tapas de sus revistas y campañas de marketing con eslóganes que no importunan a las grandes corporaciones. La “india fashionista”, una versión digitalizada que nos invita a “megustear” sin culpas ni preguntas.  

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