11/12/2018
Martes 20 de Noviembre de 2018 Desfile de poder

La respuesta de un ángel de Victoria's Secret a la "dictadura de los cuerpos"

A principios de noviembre tuvo lugar una nueva edición del desfile anual de Victoria´s Secret, la firma de lencería. Los aficionados sabemos que no se trata de un desfile ordinario, en donde se presentan nuevas colecciones, sino un espectáculo que combina los cuerpos tecnologizados de mujeres de ensueño, ropa interior que sólo tiene sentido en el contexto del show y los músicos mejor rankeados del universo.

El último desfile tuvo una curiosidad extra, y fue la despedida de la modelo brasileña Adriana Lima, un símbolo de la marca que viene desfilando con sus alas de ángel desde 1999. Lima, de 37 años, decidió “colgar sus alas” por motivos que tienen que ver con la presión física, según declaró: reconoció que todos los días se levanta preocupada por su aspecto, pensando en cómo se ve y en si su cuerpo resultará aceptable en su trabajo. 

El año pasado ya había publicado en su cuenta de Instagram un texto en donde contaba que le habían propuesto filmar un “video sexy” y que la idea fue rechazada: "En ese momento me di cuenta de que la mayoría de las mujeres probablemente se despierten todas las mañanas tratando de encajar en un estereotipo que la sociedad, los medios de comunicación y la moda imponen", declaró la modelo, que pensó que "no es forma de vivir" y que no es "física y mentalmente saludable". Cerró la publicación afirmando "decidí hacer ese cambio, no volveré a quitarme la ropa por una causa vacía".

Si bien es cierto que en los últimos años la industria de la moda intentó impulsar estrategias para repensar el cuerpo de la mujer como objeto, tienen una impronta más de clima de época que de transformación cultural. De hecho, resulta curioso que Adriana Lima, una modelo que desfiló veinte años para Victoria´s Secret, que estuvo en el segundo lugar de la lista de Forbes de modelos mejores pagadas de la historia durante muchos años, que embolsa un promedio de diez millones de dólares al año por participar en la firma de lencería y por ser la cara de la línea de belleza, Maybelline, comunique su abandono por opresión y no porque se impone un recambio generacional, que es la hipótesis más realista.

En un intento por estar a tono con los reclamos de las mujeres de todo el mundo, especialmente en relación a los estereotipos que fomenta la moda, la empresa Victoria´s Secret llevó a cabo algunos “gestos”, intentando no perder entusiastas de sus espectáculos. El primero fue realizar una sesión de fotos del backstage del desfile retratando a las modelos a cara lavada, y el segundo fue contratar a Winnie Harlow, la primera modelo con vitiligo que tiene éxito en la estructura de la belleza.  

Para ser un “ángel” hay que pasar hambre. Aunque desde la organización siempre han querido ocultar los sacrificios físicos que deben hacer las modelos, las propias mujeres han confesado que tienen dietas de 400 calorías, prohibición de beber líquidos doce horas antes del show para no hincharse y entrenamiento de lunes a lunes, varias veces al día. En 2014, por ejemplo, la jovencísima Gigi Hadid fue rechazada por no cumplir estándares físicos. Hablando acerca de sus compañeras, la modelo Cameron Russell, (que desfiló para Victoria’s Secret en 2011 y 2012) dijo: “Tienen los muslos más delgados, el pelo más brillante, la ropa más increíble, y probablemente sean las mujeres físicamente más inseguras del planeta". Anécdotas que pretenden dar cuenta de que las modelos trabajan y que no se es un ángel sin una cuota de sacrificio, una idea que se parece a la frase de la supermodelo de los noventa, Linda Evangelista: “No me levanto de la cama por menos de 10.000 dólares al día”.

Los esfuerzos para ser un “ángel” son innegables, pero la lógica celebratoria con la que han aplaudido la decisión de Lima, una modelo que ha trabajado durante veinte años para la moda y la belleza y se ha hecho millonaria a costa de lo que ella llama la cosificación de su cuerpo, no deja de resultar llamativa. Un modelo a la que no le tiembla el pulso para escribir en su cuenta de Instagram, que cuenta con 12 millones de seguidores, que ha sido víctima, una idea que resulta un tanto endeble en un mundo en el que, todos los sabemos, las víctimas son otras. Así como sabemos que los ángeles pasan hambre para engordar su cuenta bancaria.    
 

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