30 Martes 11 de Septiembre de 2018 Desde la trinchera

El avance del liberalismo

Desde hace unos tres años, una avalancha de jóvenes se vuelcan al liberalismo. Repartidos en todas sus vertientes: libertarios, anarco capitalistas, liberales de derecha, liberales de izquierda, liberales neo conservadores, liberales clásicos, liberales occidentalistas, liberales nacionalistas, liberales cristianos, liberales anti iglesia, liberales sionistas, liberales populares, liberales escindidos del PRO, liberales que integran el PRO, liberales de la UCR, peronistas liberales, liberales pro-Trump, liberales anti-Trump, liberales pro aborto, liberales anti aborto y probablemente me olvido de una decena más de grupos. 

Hace 20 años entendí al liberalismo como la ideología que más cerraba a mi humor, mi forma de ser, mis valores personales de vida y mi posición respecto a prioridades en cuanto a organización humana. Fue un descubrimiento que encajó perfecto mucho tiempo antes de considerarme un "liberal formado". Y no es por aburrirlos con la vida de un cualunque como yo, sino para agudizar el concepto de que en esa época de internet floja, al sumarse a una fila ideológica te etiquetaba automáticamente como un analfabeto en la cuestión. O sea, había que empezar de cero.

En esos años, se tenía como única formación (fuera del mensaje radical, peronista o socialista de casa), la del colegio secundario. Siendo esa formación generalmente apolítica o terminantemente marxista, como en el caso de los que salíamos del Carlos Pellegrini.

Tus lecturas de iniciación dependían de los libros sucios que encontrabas en los usados de Corrientes o Avenida de Mayo. Algún libro amarrillo de Guy Sorman, un Candido de Voltaire o algún libro perdido de Herbert Spencer que, en mi caso, recordaba como "mala palabra" por los profesores comunistas del Pelle (a quien apuesto mi vida a que jamás lo leyeron).

Pasaron los años y los liberales empezamos a encontrarnos de a poco en foros de discusión o en comentarios en blogs liberales de batalla. Fuera de internet no había nada. Algún renacimiento con entusiasmo en la campaña del Bulldog Lopez Murphy en 2003 y nada más.

Ya antes de esa epoca, al menos a mi, me deslumbraban las columnas de José Luis Espert en Ambito Financiero, machacaba el sovietismo del corralito y luego el robo directo de dólares del peronismo "tradicional" de Duhalde. Con la misma pasión de ahora, pero sin cámaras de TV. O, al menos, con menos audiencia.

Con el comienzo del kirchnerismo, el liberalismo desapareció de la escena en su totalidad. Mientras, en el resto del mundo, países devastados salían de la pobreza con tasas de crecimiento demenciales a pura apertura económica.

Pasaron los años y los liberales empezamos a encontrarnos en foros, en la campaña del bulldog López Murphy y en las columnas de Espert en Ámbito Financiero.

Los partidos liberales, trasvestidos con nombres electorales neutros, llegaban al poder e imponían sus valores a diestra y siniestra, con la confianza de no repetir los errores del entusiasmo post Berlin. La pobreza a principios de 1900 era del 80%, y hoy es 8%. Una victoria por goleada a comunistas y fascistas.

Mientras, en Argentina, luego de la derrota del gobierno en 2009, se comenzaba a caminar con toda rapidez hacia el socialismo del Siglo 21, convirtiéndose el país en una sucursal ideológica de baja estofa dependiente de líneas doctrinarias propinadas por ideólogos venezolanos. En ese momento, después del "vamos por todos" del 2012, alguna chispa saltó en algún lado que se desencadenó en el despertar de un gigante. Un gigante que siempre, en votos, redondeaba el 15% del país y que hasta ese momento era menos del 2%.

La política latinoamericana (y más la argentina) es esencialmente pendular y eso se nota hoy con la avalancha del "piberío liberal": en muy poco tiempo se pasó de una juventud esencialmente marxista, que atendiendo a sus moldes ideológicos su único soporte era vivir del Estado; a una juventud liberal que hoy se radicaliza en el libertarismo más extremo, que es absolutamente agradable a cierta edad porque sos vos con una lanza a pelearla contra el mundo y ganarle a todos. Sin ayuda.

Lo "tribal" de los pibes por la liberación tiene su sentido, ya que eran chicos que provenían de la destrucción doctrinaria de la educación kirchnerista, no entendían el sentido de valerse por sí mismos ante los designos de la vida. No lo necesitaban porque tenían a la "juventud" estatal que les conseguia trabajo, fiestas, viajes, amantes y amigos. La ideología era el plato del día: se come y se paga sin preguntar porque el dueño del restaurant siempre cumple.

Los jóvenes liberales actuales son lo contrario, la formación está por sobre la comodidad o la "recreación" que priorizaba La Campora. Hoy una conferencia del minarquista Javier Milei en cualquier provincia del país convoca más gente que cualquier político.

En muy poco tiempo pasamos de una juventud marxista a una liberal que se radicaliza en el libertarismo más extremo.

Hoy, en la centena de fundaciones liberales que se formaron durante los últimos tiempos, los asistentes y colaboradores que apenas pasan los 20 años discuten Ayn Rand, comparten videos de conferencias de Friedman o Hayek con una pasión que solo te la da la certeza y el entusiasmo de entender todo el mundo actual.

No es un sentimiento que te dicta "estoy salvado". Es el convencimiento de que, mientras la mayoría de tus amigos están estudiando o trabajando con aspiraciones muy bajas, tu formación y conocimiento liberal son el título transparente del que te graduaste solo, contra toda la corriente, que te permite fluir en un mundo moderno del que Argentina va enganchada con un garfio al ultimo vagón del tren.

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