15/09/2019
Miércoles 05 de Septiembre de 2018 Economía

Dólar, inflación y fuga de capitales: de la reelección a la crisis, los mil días de Macri en la Casa Rosada

Las promesas de la campaña de 2015 del presidente Mauricio Macri se volvieron la principal preocupación de los argentinos. La inflación, el problema más sencillo de solucionar para el mandatario, no bajó jamás del 25% anual desde que el empresario llegó a la Casa Rosada. El dólar, por su parte, casi se triplicó desde la salida del cepo cambiario que había implementado el kirchnerismo para afrontar la creciente fuga de capitales. Los 1000 días del macrismo que sepultan la confianza del estadista y el mejor equipo de los últimos 50 años.

Del cepo a la fuga


En la rueda posterior a la salida del cepo cambiario, el 17 de diciembre de 2015, la divisa norteamericana cotizaba a $13,76. Este miércoles, después de dos ministros de “Economía” (el nombre del cargo fue cambiando entre Hacienda, Hacienda y Finanzas y ahora finalmente Economía) y otro par de presidentes del Banco Central, el dólar cotiza a $39,50, lo que representa un incremento del 185%.

 

 

Antes de sentarse en el sillón de Rivadavia, Macri calificó a la inflación como “la demostración de la incapacidad para gobernar” y “el problema más sencillo de resolver”. Mil días después, el ingeniero no resiste ningún archivo y el aumento de precios lo golpea por todos los frentes. La ecuación del plan del equipo económico mostraba falencias: bajar la inflación a un dígito mientras se equilibraban tarifas de los servicios públicos, se liberaban controles de precios y se dejaba el tipo de cambio a libre flotación. Un cóctel explosivo que debilita a todos los que entran al palacio de Hacienda y al Banco Central.

 

En la lucha fallida contra los precios, el ex presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, fue el único que logró algunos avances aunque no tan significativos como los que se predicaron bajo la asesoría de Jaime Durán Barba. La inflación acumulada a 12 meses tocó su pico en julio de 2016, cuando llegó a 46%. Desde ese mes, con una política monetaria contractiva y un aumento de la tasa de interés, comenzó un camino bajista que terminó a fines de 2017, cuando el entonces vicejefe de Gabinete Mario Quintana desafió al tecnócrata del MIT y sepultó sus metas de inflación. Desde ese momento, el panorama económico se volvió sombrío para el Gobierno.

 

 

 

Con las nuevas metas más flexibles con el objetivo de calentar la economía, los precios empezaron a subir nuevamente. Las corridas cambiarias producto de los vencimientos de la masa creciente de Lebacs produjeron nuevos aumentos del dólar y se comenzó a dudar de la capacidad de Sturzenegger, que perdió peso puertas adentro mientras que Luis Caputo ideaba las estrategias para pelear con capa y espada en los supermartes. El 14 de junio, el doctor en economía que llevó a la Universidad Di Tella al control de la política monetaria presentó su renuncia al Banco Central.

La falta de control de la inflación y el dólar fue dinamitando la confianza del electorado, los empresarios y el mercado en el presidente Macri. La situación externa no lo ayudó: las economías emergentes comenzaron a depreciarse frente a los aumentos de la tasa de interés del Tesoro de los Estados Unidos. Pero no es excusa suficiente. Entre todas las monedas, el peso argentino lidera el podio devaluacionista del año. La fuga de capitales acompañó -y acompaña- a la crisis. En lo que va de 2018, los dólares que se fueron -unos USD 20 mil millones- casi empataron a los que se perdieron durante todo el año pasado.

 

Ahora, atado a un préstamo con el Fondo Monetario para financiar la fuga y no caer en un nuevo default, Macri cumple mil días con el bastón presidencial pero no festeja. Los números, la ausencia que siempre criticó de la gestión kirchnerista, lo golpean. Con la crisis a flor de piel, una divisa que trepa y un cúmulo de funcionarios en los que casi nadie cree, el Gobierno busca revertir una tendencia que crece como un tsunami generado, para muchos, por el efecto mariposa de la inexperiencia, torpeza o incapacidad, pero ya no por una herencia pesada imposible de remontar.


 

 

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