22/08/2019
Jueves 01 de Marzo de 2018 Deportes

Las señales de Gallardo

Marcelo Gallardo es un entrenador de sensaciones, de señales. Es un técnico que habitualmente entiende los momentos de los jugadores y saca lo mejor de ellos no solo desde lo futbolístico, sino también desde lo mental y emocional.

Y, en los malos tragos, en los realmente complicados, tuvo el guiño de la suerte. “Me voy con la sensación de haber percibido una señal, de tener una chance más a la que nos vamos a aferrar”, comentó tras empatar en México contra Tigres, un partido que perdía 2-0 a 5 minutos del final y que le daba, en 2015, la última posibilidad, muy remota ella, de clasificar a octavos de final de la Copa Libertadores.

Gallardo entiende los momentos de los jugadores y saca lo mejor de ellos, y en los malos tragos tuvo el guiño de la suerte.

Ahí, otra vez, apareció la suerte. Tigres fue con la reserva y sin suplentes a jugar a Perú y la historia es más que conocida: triunfo cambiante de los mexicanos contra Juan Aurich, agónica clasificación de River, gas pimienta, histórico 3-0 en Brasil y aplastante consagración en la final contra el mismo equipo que, sin saberlo, meses atrás había sellado su propio destino en aquella noche en Chiclayo, donde millones de hinchas riverplatenses escucharon por primera vez el apellido de Enrique Esqueda, goleador que fue ídolo Millonario por unas horas y que hoy juega en el fútbol polaco.

Eso se llama destino. Y ayer se repitió. Gallardo lo percibió: en un partido que estaba orientado hacia la derrota (otra vez), apareció de nuevo un uruguayo, esta vez Mayada, para sacar de la galera un punto que, a la larga, puede ser importante en el grupo y que, en el corto plazo, se espera que sea el despegue de un equipo que, partido a partido, futbolísticamente se hunde más que el Titanic.

Está claro que esas señales, a las que hace referencia el Muñeco, también van dirigidas dentro del plantel. Aunque puede que lleguen de la manera errónea: prácticamente nadie entendió las suplencias de Scocco y Quintero, la titularidad de De la Cruz (¿será porque es la única variante con desequilibrio al Pity Martínez?), la de Zuculini o por qué Enzo Pérez juega cada vez más atrás en el campo.

Los planteos mezquinos, las posiciones inentendibles y la resignación a no querer jugar se van a terminar pagando caro.

Ayer se jugó a no perder y, tal vez, hasta sea entendible en un momento tan complicado como este. Pero los planteos mezquinos, las posiciones inentendibles y la resignación a no querer jugar y a vivir del pelotazo largo al salvador Pratto (quien desde que llegó no recibió una pelota más o menos cómoda) se van a terminar pagando caro.

Hoy por hoy, la Superliga es un suplicio, la Copa Libertadores una utopía y la Supercopa dependerá de una tarde iluminada de River o de las casualidades del fútbol (como pasó en el amistoso veraniego). Después, será muy difícil ver un cambio en los próximos partidos. A menos que, otra vez, las señales de Gallardo sean las correctas y este equipo se levante de la lona antes de que el juez llegue a contar hasta diez.

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