19/01/2019
Lunes 19 de Febrero de 2018 Deportes

A llorar al campito

Que Claudio Chiqui Tapia, el presidente de la AFA, es hincha de Boca no es ninguna novedad. Quedó expuesto en un viejo video de Videomatch en el que se lo ve enfundado en una remera con la leyenda "xeneizes" en un partido del Badajoz, aquel equipo español gerenciado por Marcelo Tinelli a fines de los noventa, y en las decenas de carpetazos en forma de retweet a la cuenta @tapiachiqui que salen a la luz cada fin de semana antes, durante y después de cada encuentro de Boca. Allí, aparece generalmente alentando al conjunto de camiseta azul y amarilla junto a su familia en La Bombonera. A veces, claro, Tapia peca de cholulo y se expone solo, como cuando fue al cumpleaños de Carlos Tevez después del flojísimo arbitraje de Silvio Trucco ante San Lorenzo.

En los últimos tiempos, y principalmente en la redes sociales, se puso de moda un nuevo concepto: la AFA bostera, basado en algunos fallos que favorecieron a Boca. Algunos, los más extremistas, hasta se animan a atribuirlo al hecho de que el impopular presidente de la Nación también es hincha del cuadro de la Ribera. Algo tan tonto como asociar, por ejemplo, el éxito del River multicampeón de los noventa al riojano más famoso (el segundo estaba sentado en el banco de suplentes).

Hay que sacarse la careta: Boca es más beneficiado que perjudicado por los arbitrajes como todo equipo grande desde tiempos milenarios. Acá y en cualquier lado. Ante la duda, se les cobra a favor. A veces de manera vergonzosa (como aquella ante Rosario Central en la final de la Copa Argentina 2015) y otras con algo más de disimulo (la no expulsión de Wilmar Barrios ante el Ciclón, por ejemplo). Habrá ocasiones en las que también los grandes sean perjudicados, pero son las menos. Lo que resalta en este sentido, y que quizás no sea tan juzgado como debería, es el paupérrimo nivel del arbitraje en el fútbol argentino. Se ve en casi todos los partidos de la Superliga. Y eso excede los colores de las camisetas.

Boca no es puntero desde hace 435 días de casualidad o porque la AFA es bostera, sino porque, jugando entre mal y horrible, es mucho más que el resto, en una Superliga repleta de equipos de relleno. Tiene jugadores de selección (los colombianos Frank Fabra, Wilmar Barrios, Edwin Cardona y Sebastián Pérez, el uruguayo Nahitan Nández y hasta los locales Pablo Pérez, Cristian Pavón, Fernando Gago y Darío Benedetto), casi todos titulares. Y ante las ausencias por lesión del 5 y el 9, fundamentales en el once inicial de Guillermo Barros Schelotto, tiene a un Carlos Tevez que está volviendo a ser importante después de un año de vacaciones en China. Otra realidad es que a Boca rara vez salen a atacarlo, y así va a ser difícil que le ganen o le descuenten puntos.

Con alguna individualidad de estos jugadores clase A, el Xeneize sigue marcando el ritmo del campeonato. Así fue ayer, en el triunfo desde el vestuario ante un Banfield genérico, en la continuidad de esa seguidilla crucial rumbo al título. Lo que insinúen los de afuera, los que están a más de 20 puntos, es la paja en el ojo ajeno, la incapacidad de ver los errores propios

A llorar al campito.
 

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