18/09/2019
Viernes 16 de Febrero de 2018 Espectáculos

El regalo de Charly García a la banda del Say No More

La emoción a flor de piel. Tres generaciones conmovidas por una misma persona es algo muy especial para ver. Anoche pasó eso en el Teatro Coliseo. Abuelos, padres e hijos lloraban, saltaban, cantaban y bailaban felices. Por momentos, se caía una lágrima recordando la época oscura de la Argentina con “Dinosaurios” y una explosión de alegría las secaba al salto de “Me siento mucho mejor”. 

Todo ese cocktail de sentimientos produce la música de Charly García, ayer, hoy y siempre

El gran músico argentino marcó la historia y es un privilegio poder seguir escuchándolo en vivo. Anoche, en un show casi sorpresa, anunciado 48 horas antes y con entradas agotadas a los 30 minutos del comienzo de la venta, lo que prevaleció fue la felicidad del encuentro. 
Muchos jóvenes, acompañados por sus padres, colmaron las 1700 butacas disponibles a las 20:30, con aplausos, ansiedad mezclada con nervios y muchas sonrisas. Desde que se apagaron las luces comenzaron los gritos de aliento que no frenaron hasta 40 minutos después de que terminara el espectáculo. 

Y Charly fue contundente. Como un flechazo directo al corazón, empezó tocando Instituciones de la época de Sui Generis, con quienes tocó por primera vez en el Coliseo en 1974. 44 años después, con una Argentina distinta pero el mismo amor de sus seguidores, “la banda del Say No More” hizo temblar el recinto a aplausos y, felíz, García les enseñó: “La máquina de ser feliz la tiene él, la tengo yo”. 


 
 
Ese tema de su último trabajo Random (2016) resume ésta etapa del músico; de disfrute y placer. Consentido en todos sus deseos, tras su rehabilitación en la casa de Palito Ortega, quién estaba presente con Evangelina para ver a su hija Rosario, que se lució como la voz cantante y de apoyo. Gran actuación de la también solista, acompañada por la formación impecable ya tradicional de García: Zorrito Von Quintiero, Carlos González, Kiuge Hayashida y Toño Silva.

Entre clásicos -como Cerca de la revolución, Rezo por vos, Yendo de la cama al living y Demoliendo- y temas del último disco -Rivalidad, la máquina de ser feliz-, la hora y media fue de recuerdos y festejos. En el escenario, todos vestían de blanco salvo el protagonista de la noche, sentado en sus teclados de negro. El Zorrito bailó todo lo que él no pudo; su cuerpo estará limitado pero su voz sigue estando intacta y sus manos al piano, un lujo de escuchar.     

Pero el espectáculo no sólo sucedió sobre las tablas. Abajo, en la platea, el superpullman y el pullman superior sucedió otro show. Cuando el telón bajó, la energía en el ambiente era demasiada como para dejarla ir y allí se armó un sentimiento de fogón con más de mil personas cantando los clásicos. Y no fue uno, ni dos, ni tres, sino siete temas los que la hinchada de García cantó como un coro a la espera de convencerlo al músico de volver a salir. 


 
 
La seguridad del teatro, muy respetuosa, espero 40 minutos para empezar a desalojar la sala y la fiesta continuó en el hall. El espíritu latente era muy fuerte y pedía más. Así que Charly, trae más. Un estadio para bailar y disfrutar de la felicidad musical.  
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