15/09/2019
2 Jueves 25 de Enero de 2018 Desde la trinchera

¿Los votos de quién son?

Desde el trágico momento en el que surgió, el peronismo ha sido - poniéndolo en términos futbolísticos - el equipo más grande de Argentina.  Los equipos grandes pierden partidos importantes y el peronismo no ha estado exento de sufrir derrotas.

No me meteré en la historia electoral argentina, pero sí quiero analizar la realidad y cierta euforia imperante después de las últimas elecciones legislativas y que hoy continúa. 

En este sentido, vengo teniendo varias charlas y discusiones con amigos que se han dedicado a la política desde hace muchos años respecto a la composición y la motivación del voto que llevó a Cambiemos a ganar las elecciones de octubre en forma bastante contundente. 

La soberbia parece ser el camino inevitable que toman los espacios políticos luego de ganar elecciones por márgenes amplios. Le pasó siempre al kirchnerismo, que te meaba desde arriba de un pino cuando metía 54% y le pasa a Cambiemos, aunque creo que en menor medida. 

Ganar elecciones es el espaldarazo más importante que puede tener un espacio político oficialista para sentirse fortalecido en su gestión y en sus objetivos de gobierno. Cuando ganás, tomás envión y decís `ahora es el momento para apretar el acelerador´. Recuerdo el patético momento del “vamos por todo” de Cristina Elisabet. Mirá cómo terminaron. 

¿A dónde quiero ir? Muy simple. Intentar comprender por qué Cambiemos ganó las elecciones legislativas por amplio margen y evitar que la soberbia desmedida genere que las cosas terminen mal, ya sea en dos años o en seis años. ¿Por qué? Quiero evitar que vuelva el peronismo en cualquiera de sus formas a explicarnos que los peronismos anteriores eran falsos y que el que está llegando es el verdadero. 

Ha proliferado mucho entre los simpatizantes de cambiemos la expresión NVM (no vuelven más) para referirse al kirchnerismo. Efectivamente, el ala dura que gobernó con Cristina los últimos años de mandato no va a volver más, gracias al cielo. Pero el peronismo vive y sólo le falta un nombre atractivo y que cambiemos siga sin meter alguna alegría en el marco de los necesarios, pero poco simpáticos sinceramientos, ajustes o como lo quieran llamar. 

La alegría de muchos por la salida K se agota y tal vez es hora de empezar a mostrar resultados más contundentes, más allá que algunos números den bien, o al menos mejor que antes.

Los votos no tienen dueño y no están escriturados en ninguna parte. Si hablamos de voto cautivo, el peronismo en alguna de sus versiones tiene más que Cambiemos. El triunfo en las últimas elecciones se debe en parte al apoyo de algunos al macrismo, pero también por el pánico de otros a que vuelvan los que se fueron. 

Conclusión y consejo para mis amigos de Cambiemos. Hay que meter alguna alegría pronto y aflojar con la soberbia. En el momento que nos pongan a alguien en serio enfrente la cosa no va a ser tan fácil. Al cuco se le gana con el Pato Donald de candidatos, pero a no confiarse más. 
 

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