No tiene reacción

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La reacción inmediata ante el golpe tiene hasta una explicación física. Pero no tiene una argumentación real o coherente en el mundo del fútbol. El caso de San Lorenzo es excepcional. Pierde y juega mal. Empata y juega peor. Gana y no conforma ni hasta al más optimista.

Claudio Biaggio, sin embargo, parece estar en una atmósfera paralela. Ve “cosas buenas” en un plantel que no levanta cabeza y que cambió radicalmente sus objetivos de la reanudación de la Superliga a esta parte. Quiere autoconvencerse de que las cosas no están tan mal como parece.

Pero el panorama del Ciclón, tal como adelantamos en las últimas columnas, es cada vez peor. No encuentra motivos dentro de la cancha y menos en el banco de suplentes. Valentín Viola, el hombre que vino para intentar reemplazar a Ezequiel Cerutti, no aparece ni entre los concentrados y apenas suma algunos minutos.

¿La defensa? La destreza de Paulo Díaz, momentos de Fabricio Coloccini y nada más. Matías Caruzzo tiene más garra que fútbol y el pibe Rojas de mayor a menor: no se entiende cómo aún tiene la titularidad asegurada.

En el medio la cosa está aún peor. El único para destacar es el paraguayo Piris da Motta, el encargado de enmendar los errores de todo el resto. Belluschi, en un nivel bajísimo y ni siquiera con esas esporádicas pinceladas que solía mostrar. El resto es conocido: Alexis Castro nunca despegó; Barrios es puro intento y sacrificio; Quignón parece estar en un partido paralelo y así.

No mucho más. Buenos momento de un Botta que, cada vez que parece que vuelve a su mejor nivel, se resiente de su lesión. Reniero, una variante alentadora pero que no alcanza y Nicolás Bandi, el nueve indiscutido de San Lorenzo que no mete goles. Algo insólito.

El empate con Huracán fue simplemente eso. Un respiro para el Pampa y la dirigencia para mantenerse con vida y evitar la desaprobación generalizada al menos hasta mitad de año. La no clasificación a la Libertadores no sería una sorpresa; tampoco una hipotética eliminación en la Copa Sudamericana.

El Ciclón está inmerso en un mar de dudas. Nadie tiene la respuesta. Encima, se avecinan decisiones bisagras que debe tomar la dirigencia como el futuro de históricos: Romagnoli, Mercier, Torrico, etc. San Lorenzo no consigue alegrías. Sueña con victorias milagrosas para meterse en la próxima edición de la Copa. Y, al menos por ahora, no arranca.