Nati Jota: “Mi contenido soy yo, mi vida, lo que a mí me pasa”

El Canciller - Comentarios

Un millón de seguidores en Instagram, 850 mil followers en Twitter, 5.000 libros vendidos, 24 años. Algunos de los números de Nati Jota, la cara más simpática y fresca de la televisión. Desde ‘Redes’ en ESPN se hizo conocida en los medios tradicionales pero, signo de los tiempos, cada impresión de sus stories alcanza entre 200 y 300 mil vistas: 3 puntos de rating. Una locura. Más de lo que hace la mitad de la televisión argentina.

Cuenta Natalia Jersonsky que no es como Mauro Szeta que se puso “la inicial” por lo impronunciable de Sztajnszrajber. Es Jota porque alguna vez registró así su email y el de su familia. Y le gustó cómo sonaba y así quedó. Incluso para sus hermanas, voleibolistas y altas, también como ella, mucho más de lo que aparenta. Incluso para el dueño del café donde hicimos la nota que se sorprendió de su altura y agregó algo de ser su novio. A lo que Nati respondió -aunque nos haya hecho el 10% de descuento- “¡eso no va a pasar, señor!”. Comunicadora angelada y verborrágica, con ustedes, Nati Jota.

—¿Te considerás periodista o entretenedora?
—Salí del colegio en el 2011 y me anoté en Ciencias de la Comunicación en la UBA. Y cuando estaba por arrancar una amiga que se había anotado en TEA me dijo “¡no sabés!, hay una clase que es como una conferencia de prensa”, y yo tipo “¡ay, me encanta!”. Toda mi vida me había quemado la cabeza diciendo: “UBA, UBA, UBA, UBA. No privada, pública”. Y cuando mi amiga me dijo esto hablé con mis papás, llamé a TEA y me anoté en el último curso, uno que agregaron después. De hecho, empecé una semana más tarde. Y cursé durante los tres años las dos carreras en paralelo. Tenía 17, recién acababa de volver de Bariloche. Me codeé con gente más grande, me curtí un poco. Mis amigas tenían 23, 24 años, y me parecía un montón. Ahora yo tengo 24 y me doy cuenta de que eran re pendejas, pero para mí eran enormes en ese momento. Me gusta estudiar, aprender, incorporar cosas; pero siento que tengo memoria a corto plazo y siento que todo lo olvido. Pero siempre me fue re bien: todo 8, 9, de verdad, me encanta estudiar.

—¿Y ahí ya te diste cuenta que eras buena para comunicar?
—Me daban para escribir crónicas y me iba bien. Considero que escribo bien. Pero sentía que no brillaba en eso. Sí era desenvuelta. Me acuerdo cuando hicimos tele que me gustaba hacer el delante de cámara. Pero tampoco era que me iba tan bien porque había que hacer las cosas tipo serio, más rígido. Me costaba un poco porque que yo no hablo seriamente, me ponía nerviosa.

—¿Lo primero que hiciste fue tu cuenta de Twitter?
—Sí, bah, no, jaja. Antes tenía un Fotolog. De las mellizas Ashley y Mary-Kate Olsen. Había muchos sobre ellas. Y un día me pintó escribir un texto y dentro de ese mundo me destaqué. Y a las pibas que tenían otros fotologs del tema como que les re gustó. Así que empecé a escribir. Y eso generó ruido porque en ese mundo era distinto. Y después, antes, a los 11, 12 años, era muy fanática de todo lo que era Cris Morena. Soy. Y de todas las actrices y actores. Lali Espósito, Cande Vetrano. Yo había hecho un fotolog que se llamaba “Truchos”, que desenmascaraba a los perfiles fakes. “Esto es falso”, ponía. En un momento llegué a ser Gold. Lo compartía con otra chica. Se llamaba “Club Oficial Anti Truchos”. COAT, la sigla. ¡Era El Fotolog De Desenmascarar! Me llamaba Nicole ahí, nunca conté que era yo, quizás alguien se acuerde. Muchos comentarios. Si yo lo decía, era así. Siempre tuve la sensación de ser diferente en distintos momentos, en distintas plataformas.

—¿Y ahora sos influencer?
—Antes sí fui twittera y no existía el concepto influencer. Yo me hago Twitter en tercer año del colegio, en 2009. Fui al Ecos, en Villa Crespo. Mis primeros pasos en Twitter fueron un palo que no fue lo que curtí después. Los chistes y las cosas que decía. Todavía me pasa de entrar y ver un chiste de humor negro gravísimo, y lo borro. Antes en Twitter éramos sólo esos, entonces era válido. Éramos gente de Twitter. Ponía “coger”, “acá sí que no se coge”. ¡Hoy no puedo poner eso, señor! El cambio fue cuando empecé a ser más auténtica, porque ese humor no era tan mío, lo entendía, lo sabía hacer, pero no era mío. Ahí empieza todo el tema del chape, del boliche, del colegio, del bondi o la facultad, después.

—¿Hay un momento donde visualizás ese salto? De una twittera normal a miles de seguidores. ¿Cuándo fue?
—Empezó a llegar más la manada de gente de mi edad cuando hice ese quiebre. Y cuando me invitaron al programa de Guido Kaczka. Que hicieron un juego twittero y ganaba el que más seguidores durante el programa conseguía. Y la primera fui yo. Llegué con 28.000 seguidores y me fui con 40.000. Y una tele. Hoy está en mi cuarto esa tele. Después me hacen una nota para CQC que se terminó llamando “Sexting”. Y ese día me empezó a seguir Tinelli. Ahí fue cuando dije: “¿Y si esto me sirve para algo?”. Era mi hobby hasta tanto, pero no lo consideraba mi trabajo. Sí me pasaba que me reconocían en el boliche, por ejemplo. Muchas chicas a las que le pasaba lo mismo que a mí se me acercaban. Y en 2014 fue que me invitan a Redes en ESPN y voy a participar dos, tres veces. Empecé en un lugar re acotado. Y sin querer me fui abriendo un lugar. Siempre fui como soy, muy natural. Quizás antes era más como yo que ahora. No me importaba nada. Me daban la palabra y me ponía a hablar y se ve que había algo medio impune que funcionaba. Migue me burlaba porque hablaba del chape, de esto, de lo otro. Y se generó al aire como una pelea, como hermanos, me sigo peleando hoy. Es entender el juego de la tele, te bardeás y después todo bien. Entré con 20 años. ¡20 años y yo ahí sentadita! En ese momento no me daba cuenta. Después pasa que me empiezo a sentir buena en algo. Che, hago notas, esto me sale divertido, esto me sale bien, esto, lo otro. Ahí dije “bueno, tal vez mi futuro esté acá”.

—Considero que más que una referente de las chicas sos una emergente, sos una piba que representa a las pibas.
—Nunca me sentí un referente positivo, no transmití valores malos pero tampoco salvé al mundo. Soy o fui buena plasmando las cosas que me pasaban y evidentemente le pasaban a muchas chicas. Me considero una más, pero con voz en la tele. En un momento me di cuenta que en mi Twitter había contenido, experiencias, cosas, que dije “quiero hacer algo con esto”. Y a mí me encanta escribir así que fui rescatando todo e hice el libro: “No sos vos, es él”. Se va a cumplir un año de que lo publiqué. El libro me encanta, me parece re divertido. Pero creo que también le da de comer a todos los que dicen: “¡Nati Jota escribió un libro hablando de chapar!”. También puedo escribir cosas más profundas. Ese libro elegí que sea más divertido que profundo. En otro momento me gustaría sacar un libro que cierre más bocas de las que capaz abra. Me considero una persona sensible y me afecta cuando me bardean. Una trabaja para que el otro quiera consumirte, que quiera verte. Pero el día que la mayor parte de la gente no te quiere… digo, uno, dos, diez no me quieren. La lógica sería que te dejen de contratar. O te convertís en el consumo irónico, que no quiero ser.

—¿Cuántas impresiones tiene tus stories de Instagram? Seguramente miran tu perfil más personas de tu edad que las que miran la tele.
—Cada story tiene entre 200 y 300 mil vistas. Llega un punto en el que no es tirar algo en Instagram lo que hacés, sino abrir una puerta al mundo. Quizás una no toma tanta conciencia de eso. Lo que hacés, lo mostrás. Es tu vida en un punto. Tac Tac. O no subís nada un día y te aparece el cosito con el (+) y pensás “tengo un deuda”. Como una mezcla porque es tu trabajo —porque es mi trabajo, me acerca marcas, relaciones, cosas— y a la vez metés cosas de tu vida que no le suman al laburo. Yo vendí siempre yo. Está el famoso, el actor, la actriz, que por ahí trabaja en la tele y en su Instagram te muestra “estamos por salir al aire”. Yo empecé hablando de mí y sigo hablando de mí. Y en mi Instagram el contenido soy yo hablando de mí. Igual a mí me encanta hablar de mí, lo hago en la tele y cuando me doy cuenta me trato de rescatar un poco de lo autorreferencial, porque estoy muy acostumbrada a eso. Mi contenido soy yo. Es mi vida. Es lo que a mí me pasa.

—¡Ahora estás de novia!
—Y eso me influye. Porque cuando no estás de novia te chupa un huevo, contás todo. “Me chapé un pibe”, “lo odio”, “el que me gusta no me da bola”, así todo, mierda, no me importaba. Siempre jugando. Puede ser verdad, puede ser mentira. “Ayer chapé”, “ayer no chapé”. Hoy el hecho de estar de novia me hace virar el contenido. Es más adulto. En algún momento tenía que pasar. Es una etapa, me parece bien, empecé a los 16, 17 y ya me torré. El libro en algún punto fue también el cierre de un momento de mi Twitter y de mi vida. Ahora estoy en pareja. Y hay cosas que pueden llegar a ser divertidas como que me peleé porque le encontré un like, pero ya no querés exponer eso.

—Pienso que tenés algo que no se estudia, que no se aprende; tenés ángel.
—Yo siempre fui muy extrovertida toda mi vida. De llegar y mucho show, escándalo, qué sé yo. Y ahora soy mucho más recatada que antes porque no quiero llamar la atención. “¿Quién se cree?”, “¡Porque trabaja en la tele!”, y no, no. Te sentís observada. Y todavía no logro que me chupe un huevo lo que piense la gente. Y después, sí, en el boliche sí me rompe los huevos. La gente está medio en pedo. Alguien que quizás te mira en el boliche te dice “¡Ay Nati!” medio chupado, en un entorno más pesado, y ves que uno te pide una foto y llama la atención. Y como tengo más identificación con la gente joven, y la gente joven se concentra en el boliche y hay 100.000 personas, entonces ahí sí se me hace intenso. A mí y a mis amigas que le encajan el celular para que nos saquen las fotos. Me tuve que cuidar más, tuve que ser más ubicada. Si te ponés en pedo, que no sea tan en pedo. Si te vas a chapar a uno, que sea a uno y no a 30, ah re; y tratá que sea en una esquinita.

—¿Estás enamorada?
—Me salvó el amor. Nunca había estado de novia. Siempre decía que quería tener un noviazgo “figaza”, para aprender. Figaza es una relación medio noviecito y saber que no es para siempre y que se va a romper. Para aprender. Para mandarme todas las cagadas juntas. Y ahora estoy re enamorada y para siempre, y no quiero figaza. En unas vacaciones en Cancún lo conocí, en cualquiera, de joda y de repente… ¡el amor! Él vive en Chaco, tiene otra vida. Juega al rugby en primera. Estamos tratando de juntarnos. Se sufre y se extraña en la relación a distancia. Es todo el tiempo estar y no estar. Tenemos, por suerte, confianza. No dudamos del otro, pero no es fácil. Yo lo veo re seguido entonces no me acostumbro a estar sin él. Pero estoy mucho sin él. Lo veo casi todos los fines de semana. Y cuando pasan 15 días me quiero morir. Estar todo el día con el celular, ese estar pero no estar. Es como la evidencia constante de no estar. No lo aprendo a disfrutar. Cuando me reencuentro está buenísimo. Pero ese tenerte y no tenerte es difícil.

—¿Tenés pensado qué querés profesionalmente para el futuro o vivís más el día a día?
—Sí, lo pienso, y la respuesta es “quiero conducir”. Antes no me animaba a quererlo o a decirlo. Un programa tipo “Cortá por Lozano”, me encanta Vero. Me encanta Susana. Me gustaría conducir y me creo capaz. Me encantaría hacer algo con mi impronta, sé que es un camino largo, sé que soy chica, pero también sé que si hago las cosas más o menos bien inevitablemente debería suceder. Porque uno se da cuenta que hay un recambio. Hay nombres nuevos que empiezan a circular. Lo veo más en los hombres. Capaz que yo ya soy parte de ese recambio entre las mujeres y no me doy cuenta. Miro a mi compañero Grego (Rosello) que lo empiezan a llamar para cosas; a Juan Marconi, mi ex compañero, también. Pero puede también no suceder. Yo me siento capaz. Soy una cagona, pero sé que me voy a animar. ¿¡Cómo hablo, no!?


Cuestionario Flotante

—¿Qué te olvidás de comprar cuando vas al supermercado?
—No voy al supermercado nunca. Vivo con mis padres. De hecho me parece un plan ir, así que imaginate a qué nivel de no ir al supermercado estoy. La que va es mi mamá y lo que se olvida de comprar es Nesquik.

—Algo para recomendar que hayas visto recientemente en Netflix:
—Qué básica que soy para decir Luis Miguel, así que no voy a decir Luis Miguel pero de todas maneras lo estoy diciendo y voy a decir Contratiempo, la película; y 3%, la serie brasileña.

—Ensalada ideal para acompañar un bife:
—¿Una qué?
—Ensalada
—¿Una qué?
—Ensala
—¿Quéeee?
—¿Ninguna?
—No se come verduras en este mundo. Pero adicta a la papa.

—Emoji que más usás.
—El monito que se tapa los ojos.

—Si tuvieras que elegir un personaje de Los Simpsons para naufragar en una isla desierta, ¿cuál elegirías?
—Bart, por copado. Se las manda.

Músico o disco para recomendar en Spotify. 
—Mi abuelo. Creole Jazz Band. La rompe toda. La verdad suena muy bien y se dedica a eso hace 50 años y es su pasión y su vida. Mi abuelo es el clarinetista y el director, y se va a poner contento.

—Un hombre ideal.
—A mí me encanta Mario Casas, que es el de esta película Contratiempo, español. Ay, me encanta. No es tan joven como yo pero tampoco adulto como vos.

—¿Una torta o un tostado?
—Un tostado, lo acabo de pedir recién. Primero porque encaja mejor en la dieta. No es tan grave comerse un tostado de pan árabe, y la torta la pudre. Y segundo porque soy más team salado. Aunque lo dulce si es chocolate le entro como una campeona.

—El mayor famoso con el que estuviste cerca.
—Tinelli, que una vez lo saludé en los Premios Tato. Estaba con el Chino Leunis y yo tipo: “Presentámelo, Chino”. Me siguió una época en Twitter, después me dejó de seguir.

—¿Apareciste alguna vez en la foto de un crucigrama autodefinido o bien en una balancita de Noticias?
—Creo que no, malísimo. No llegué a eso todavía. Me encantaría. El señor que lo hace, si está viendo esto: hágalo, señor.